"El instinto de la Memoria" de Julio del Valle

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El instinto de la memoria
Julio del Valle
Editorial Estruendomudo, 2008




Historia

(I)

¿He dicho ya que la historia tiene nombre de marea?

La historia tiene el perfil más seductor que conozco
Y el azul de sus ojos me sumerge directamente en el cielo;
Un cielo azul y profundo como el sueño de una mañana de verano
Sobre el lomo de una flecha disparada al infinito;
Un sueño para nadar en ella. Solo un sueño para despertar aterido y asustado
En la orilla del mundo.

Tu que lees y pretendes danzar sobre las palabras,
Alado y sutil invento para incendiar algunos corazones,
Entra conmigo en la arena y atrévete a danzar también en un corazón destrozado
Por el tiempo. Yo te contare la historia,
La poesía del destino. Yo dibujare sus manos y te hablare de ella.
Déjate seducir, tu también, y observa primero las vitrinas de los personajes célebres
Y todas sus industrias.
Sus cristales cubren ahora la arena en apacible confusión.
Mira cómo la batalla aún palabra en esos mudos rostros. Mira sus ojos,
Sus nervios. Ellos esperan que alguna historia se cuente de sus acabados cuerpos
Y de sus olvidados afanes. Eso es Homero, ¿sabes?

La historia, sin embargo, olvida las arrugas y el pelo cano
De Odiseo, el asusto.
Nada dice tampoco de la piel y del cabello de Penélope, la siempre bella,
La esposa que durante veinte años ató y desató corazones
Como una tenaz hilandera. Una parca mortal.
Y no fueron pocos, eh, los borrachos de amor:
Un ejército de encendidas aortas tuvo que liquidar el noble y furioso hijo de Laertes,
Pastor de cabras.
Mayor escena de celos y matanza se ve poco en la historia.
Recuerda su perfil: sólo la delicada belleza de los vencedores entra en el cuadro.
El anciano perro nos devuelve la realidad.
Solo él es el reflejo del tiempo. Yo escribiría la historia del perro
Y sus veinte años de espera.
Una odisea de llagas y pulgas, de pateaduras y hambre,
De fidelidad y esperanza.
Muy pocos querrán leer esta historia.





(II)

Mantuve la mirada largo tiempo encendida
En el espejo sereno de las olas. En el espejo, la hondura inescrutable,
La invitación perversa, turbadora: imaginación que reposa inquieta, tierna, segura,
Sobre el dorso de las olas. Sobre las olas sueños como flores malvas descienden;
Hermosos cuerpos como rosas que escapan a rosedales privados.
No puedo retener una sola de ellas. Ninguna. Nada es mío, ahora.
La arena en la mano sería una metáfora clara del tiempo. Prefiero hablar de pétalos.
Y de manos que se deslizan como olas sobre la mano.
Prefiero hablar de despedidas y reencuentros, del cambiante curso de la marea:
Prefiero hablar de huidas y llegadas.










Corazón

Nunca habité bien mi corazón.

No, nunca en verdad habité bien mi temeroso corazón.
No hubo tiempo alguno ni valor ni ganas
Para decorarlo,
Armarlo, depurar sus paredes,
Pintarlo,
Hacerlo mío.
No, en verdad no tuve tiempo ni valor ni ganas
Para reír, para llorar sinceramente
La pérdida, el fracaso, el amor obtenido.
No, no tuve tiempo ni convencimiento
Para soltarle las amarras
Y volar tan alto hasta
Que de tanto amar
Se le quemaran las alas
Y se destrozase en tierra, hecho añicos,
La cara pintada de rojo, los ojos sudorosos.

No, nunca hice verdaderamente la paz con mi corazón.
No tuve ánimo ni valor ni coraje
Para perderme en sus rincones abiertos.
No tuve ganas para sentarme bajo su sombra,
Para tenderme bajo su sol,
Inspirado de confianza.
No.

Todo en verdad ha pasado muy de prisa
O demasiado lento.
Ahora puedo decir a mi favor,
Sin embargo,
Que no soy partidario del drama.
Puedo decir que
La tierna constancia y la constancia
De la vanidad
Trazaron siempre un camino claro,
Largo, posible,
Temeroso.










Cruz del Sur


(V)

Calma, la calma que aparece al mirarte,
La furiosa calma,
La satisfacción y la calma de mirarte,
La ficción y la calma de mirarte,
La ficción del momento, pues, ya sabes,
No podré detenerte, retenerte,
Ni siquiera tenerte a mi lado.
Calma, sí la calma de saberte ausente,
Lejana
La calma de perderte, el juego de tenerte,
El desafío, el ardor en la sangre,
Solo espejismo de riesgo, voluntad de la sangre,
Deseo de la voluntad, ansia.
Sí, ansia en los ojos y por tus labios.
Si pudiera otra vez beberlos, rozarlos, besarlos,
Tocar tus manos, las que se pegan a tu cuerpo
Y se apoyan en tus rodillas,
Las que llevas a tu rostro si te ríes;
Esas manos llevarlas a mi boca
O mi boca a tus manos.
Mis manos y tu boca, tu boca y mis besos,
Tus ojos, tu aliento.

Eso es ficción, lo sabes.
Solo ello es ficción:
No ser yo, ser otro, pero ser yo en verdad,
Pues si no
No te desearía y te deseo.
Eso es ficción, pues sé que te pierdo,
Te olvido,
Te desvaneces poco a poco
Y poco a poco te enciendes nuevamente
Si me vuelves a mirar, si mis ojos
Te vuelve a encontrar,
Si tu voz otra vez abraza con ternura
Mi voluntad,
Si otra vez te refieres a mi y me buscas.
Eres tú mi espejismo, mi eterno yo,
Mi cambiante reflejo,
Mi siempre renovado espejismo.
Yo mismo,
Espejismo de espejismo, vanidad
De vanidad, error,
Protesta,
Negación de mis restricciones.














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