¿De qué otra cosa podríamos hablar? Controversia y verdad: el pabellón mexicano en la 53ª Edición de la Bienal de Venecia

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Por Linda Atach


Tierra roja, tierra virgen impregnada de la más generosa sangre,
tierra donde la vida del hombre no tiene precio,
siempre dispuesta como el maguey hasta perderse de vista que la expresa,
a consumirse en una flor de deseo y de peligro
André Breton
Recuerdo de México



Cuando se entiende que el arte contemporáneo tiene como fin ubicar al espectador dentro del catálogo de las realidades alternativas a las demarcaciones oficiales, a partir de la vindicación del proceso de creación sobre resultado final y la afirmación de que las particularidades de las periferias se adelantan a las gastadas máximas de “un dilema humano universal”, es sencillo comprender los principios que sustentaron la elección de la propuesta mexicana para la 53ª Bienal de Venecia. Nutriéndose en lo que desafortunadamente puede connotarse como “lo cotidiano” en el Narcotráfico mexicano, Teresa Margolles (Sinaloa, 1963), la artista seleccionada para representar a México en esta edición, sitúa al arte como un repertorio de certezas, un anecdotario que más que relatar, certifica: ¿Puede haber algo más humano o más posible que la sangre? ¿Más perecedero y mortal que los fluidos corpóreos? ¿Más elocuente que el remanente material del homicidio? ¿Más fatal que la violencia?

La curaduría de la exhibición, realizada por el crítico e historiador del arte Cuauhtémoc Medina y la propia Margolles, documenta las prácticas homicidas del narcotráfico a partir de exhibición de objetos y de acciones que, a modo de índices, se encargan de referenciar la muerte violenta, el dolor de la pérdida y el momento mismo del suceso.

Con el provocador título: ¿De qué otra cosa podríamos hablar? la muestra daba cuenta de la definitiva inserción de la voz pública en un asunto que de una forma u otra había sido silenciado y que ahora explota en una vorágine de hechos que lo desbordan de toda contención. Es en nombre de una sociedad que se auto-asume incapaz de actuar, que la creadora sinaloense se pronuncia en las telas impregnadas con la sangre colectada después del asesinato, en la discreta y confusa presencia del hombre que trapea el piso en los salones de exhibición del edificio veneciano de Rota Ivancich con los fluidos recuperados de los muertos por el narcotráfico, y en las joyas realizadas a partir de los cristales de los autos estrellados por las balas de los atentados.

Algunas instancias expresaron su descontento ante la selección. Afirmando que México hubiera podido contar con una representación más benevolente y menos controvertida, con un guión que mostrara una realidad más indulgente, más universal. Ante estas opiniones, vale la pena observar que desde el 2006, Teresa Margolles ha dedicado la totalidad de su reflexión plástica a los alcances físicos y psicológicos de la violencia ocasionada por el narcotráfico y que las exhibiciones y los pronunciamientos que han incluido estas denuncias están cercanas en el tiempo al reconocimiento oficial de la incapacidad del país en la lucha contra el crimen organizado.

Además de aceptar públicamente que una parte vital del territorio nacional está tomado –literalmente- por el narcotráfico, con la puesta en marcha de la Iniciativa Mérida en junio del 2008: las instancias gubernamentales revirtieron todo concepto o creencia de soberanía cuando accedieron a la asistencia norteamericana con todo y sus ocho helicópteros Bell 412, dos aviones equipados con radar y cámara térmica, la capacitación para el mantenimiento de las aeronaves de vigilancia y el entrenamiento del personal en labores de planificación y ejecución nocturna de operaciones anti-narcóticos.

La participación Teresa Margolles en la 53ª Edición de la Bienal de Venecia se erige como la contraparte sensible del dato duro, de las cifras oficiales. Más que hablar de los números que desdibujan la credibilidad y nos hacen pensar el la infinitud abstracta de los esquemas, las gráficas y las estadísticas que aluden a la razón y enfrían el sentimiento, el Pabellón mexicano en la ciudad italiana pretende comunicar al visitante el panorama de dolor, de temor y de tensión que marca el día a día de los habitantes de los estados ocupados por estas organizaciones. En su ritual de recuperación, Margolles señala el momento previo a las puestas en orden y a las rápidas refriegas de los sitios del crimen tras un asalto mortal: la sangre, los cristales y los fluidos ilustran la existencia frustrada del individuo, donde los remanentes de su presencia no hacen más subrayar su ausencia. En lo que al arte respecta, estos mecanismos de construcción discursiva conceden a la obra una dosis vital de realidad alternativa; la misma que integra el arte contemporáneo dentro de una dinámica que más que atender los grandes relatos, se adentra en los intersticios de los monopolios y se escribe en los márgenes.




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