Ángel Lipizano

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Por Ángel Lipizano



Cañada entre la luz, luna distante,

abierto un surtidor de aire sin dueño,

un caminar tranquilo entre las calles

y al fin tu voz, tu voz entre las hojas.


Recorro sin mirar un laberinto

bajo el cielo voraz miro el ocaso,

descubro tu mirada en un espejo

como un festín donde los peces andan.


En tu cuello, princesa, voy a tientas…

y me acerco danzando como el agua.

Hebras de sol que van por un riachuelo

diluyendo su cause en la tormenta.


Ya he mirado la luz y el paraíso

donde las aves rondan tus caderas,

un surco de cristal bajo el ocaso

y en la arena disímiles aromas.


Ayer apenas descifré la noche

desde el misterio de la selva líquida

y regresa la cuna al pensamiento

y tornan los segundos al instante.


¿Quién canta con los grillos esta noche?

Un quieto resplandor deambula y calla.

El viento entre tus manos cruza un lago

y es un cristal que corre por las sábanas.


Bajo la piel danzantes las raíces…

Esta noche otoñal viene la luna

y el cántico discreto de los pájaros.


Un águila se acerca, busca un reto:

cruzar por tu mirada y esconderse,

un sueño fascinante y una palma…

al viento, voy sin ti, voy sin la brisa,

¿Y qué más da correr sobre las brasas?


El aura va cantando en tu cabello

donde pule los pétalos la lluvia,

ya he mirado tu tallo, Xochipilli

y el ágata en tu piel cubierta de hojas.

El bosque… ya es un grupo de venados

donde viajan los lirios y diamantes.


En tu pecho se cubre una paloma,

un monte de jazmín, un nido de agua,

reflejos en un mar sacro profundo

cuando vuelve la noche a la mañana.


Luciérnaga y mujer… la misma cosa,

no encuentro diferencia entre las llamas…

y viene un canto… lento… zigzagueando

del corazón del bosque y la garganta…


Y voy en esta calle como un niño

que persigue el balón entre la hierba,

bajo estrellas el piso nacarado

vuelve a brillar el mundo con el agua…


Ando sin encontrar una moneda,

vamos en la avenida como cuervos

como en busca del brillo de los ojos.

La línea ondular de los instantes,

gira una esquina y otra, vuelve el rostro…


Voy en la calle como las hormigas

como los perros que no tienen dueño,

casi como los aves de mi casa,

casi como un gorrión, casi un reflejo.




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