Óscar Barrientos

De La Siega, la enciclopedia libre.




Catedral de Puebla

¿En qué barco arribó esta catedral
con Europa y todo su velamen repartido
entre los ojos viajeros del naufragio
que soñé mañana?
¿Y que dirá nuestra vieja nodriza La Muerte cuando
nos sorprenda en mitad del zócalo arribando de
este viaje entre la piedra y el cielo?
¿A qué terranovas de ensueño irá a parar esta
mi tristeza llevada por los mercaderes de la gente
sin tierra y los navegantes de mares vacíos?
¿Y qué me dicen de tanta pregunta salida
como incienso entre los miedos litúrgicos, entre los
lenguajes de la página porosa, entre los desengaños
y Dios?
¿Quién pronunció esta noche la palabra que
sueña una madrugada feliz, una pequeña certeza
con la cual abrir la puerta del ayer?










Razones del naufragio

Esta poesía mía
tan oculta bajo los sombreros del hastío,
con la navaja en ristre
pero huérfana de magia
esta poesía mía
colgada en una percha cualquiera
como un insecto en la barba del profeta,
tanta palabra rodando en la pupila de la musa enemiga,
tanta termópila,
tanto naufragio,
tanto violín de plaza triste,
esta, mi poesía,
traída por las cantinas malolientes,
por los teatros abandonados, por las fiestas de la primavera,
templada en los pantanos,
esculpida por los cinceles viejos del taumaturgo,
esta poesía mía,
abandonada en los sótanos del palacio,
tan gótica, tan despechada,
tan de capa española,
tan común en los retretes,
escrita por duendes hirsutos, esta poesía,
que se abre a las epopeyas del silencio,
a las campanas, a las baladas, a mandolinas eslavas,
a las arpías que mienten
confesando sus verdades corrosivas,
a las fugas del clavecín,
esta poesía,
maldecida por el cetro de los dioses pérfidos,
anacrónica y tanática,
esdrújula hasta las médulas,
esta poesía,
sin redenciones, ni utopía,
como una flor en el sepulcro,
como la madrugada parida en el intento,
empapada de brebajes, kalévalas y mares del sur,
esta poesía mía,
esta poesía.










Pelícano suicida

En picada al mar
repite la enciclopedia del aire,
batiente de alas el poema va rodando en
la mañana que no llega y
su duermevela apenas rota
-Soy Valparaíso- repite en el bar,
restando marinerías al invierno
-ola sobre ola- arroja la palabra podrida
a las gaviotas,
porque urge escribir un poema que
reivindique el espíritu de la materia,
desbarrancarse cerro abajo
contra la ciudad jamás fundada,
es el mar que abre su boca negra,
es el cadáver del viento
llevando su capilla ardiente
entre las mareas.







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