Alejandra del Río

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Epílogo

No sé en qué momento perdí la fe en la belleza
Puede ser que le haya encontrado su corazón de mentirosa
en todo caso la usé y no me importaba que mintiera
porque mientras fuera bella
bien podía alimentar mis pájaros carnívoros.

Pero un día ya no les bastó con contemplarla
los pájaros empezaron a exigir sentidos
no se saciaban si no se los traía.

Encontraba los sentidos repartidos por mi cuerpo
en el antebrazo tenía escrita una ley precisa
era necesario siempre no olvidarla
en el pecho había copiado su sentencia la libertad
qué hacer si en el ombligo
el bien común estiraba su condena
así a mi espalda la encorvaban los deberes más exelsos
yo alimentaba con estas cosas importantes a mis pájaros.

Cuánta hambre tenían y sin embargo vomitaban.

Desesperada me volqué al sentimiento
lo hallé hecho un esqueleto
de carnívoros sólo les quedó el deseo
y yo amaba a mis pájaros
no soportaba verlos sedientos.

Probé a recetarles compromisos
les dio taquicardia y perdieron garras.

Supuse que necesitarían tradición
se me chuparon agobiados de retornos.

Nada en el mundo los hacía feliz
cuando llegaba con novedades
corrían a esconderse, perdían el valor.

Casi murieron cuando encontré
un lugar para ellos en los estantes.

Pobres pájaros míos
no los quise muertos
los dejé alimentarse en mi cabeza
allí encontraron su sitio
un bocado de sangre
un lecho de tinta.








Recado de Doña Isabel Riquelme

¡Un hijo, un hijo, un hijo!
Un hijo sólo mío
allá en los años de perfecto nido fértil
cuando toda la belleza se albergaba en mi deseo
y el océano de gentes era un libro para mí

Un hijo sólo mío
criado en la gruta como la loba de Dios
que amamanta en Su nombre y se olvida del suyo
que entrega su fruto y El la enriquece
Loba sola
Loba libre
con un hijo sólo mío
en el que los dejos del semental
no alcanzan un recuerdo

Un hijo sólo mío
apartado para mí
no un bultito apegado
Un hijo de la estatura de un maestro
enviado
¡Sí!
enviado para provecho
un hijo que me ahorre las cadenas del mundo
un hijo que mire con mis ojos
hable con mis labios
y acaricie con mis manos
¡Un hijo sólo mío, espejo de mí misma!

Y si me lo vienen a asustar
si le reclaman en algo
la imperfección de su origen
si se conduelen de su infancia sin padre
que no se deje avasallar
Lobezno de Dios
padre, madre y hermanitos
hay en la creación entera

En cuanto a mí : nadie me abandonó
yo sola elegí hacerlo concebir
parirlo sola
y sola convertirlo en Libertador.








Al pie de un árbol 8 minutos
Para Javier Bello


El espíritu del árbol me habla quedo
por él entiendo cuánto debo a la partícula
a la rama desprendida y al rumor de los días.

La vida de la pradera me abraza desde su más fresca brizna
yo me quedo en la conversación del bosque
larga en el sol demorado
muy parecida a una piedra
extendida y contrita a la vez
una solución en el paisaje
me abro y entiendo
todo es inevitable
sereno y perenne a través de los ciclos.

Pongo mi atención en el entorno
es que soy infinita.






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