Alfredo Carrera López, "Ciudad obscura"

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Por Alfredo Carrera López


No hay forma de dar un paso sin el peligro de caer o estamparse con algo o con alguien. La manera de saber que es medio día es sentir el sol que calienta, al igual la noche, cuando comienza el frío.

Es que parece que el único ciego es uno, se puede escuchar a la gente pasar mientras hablan. Las ambulancias pasan rozando, se siente el aire y se oye la sirena, nada más. Es imposible conocer a alguien, la ciudad pocas veces está en silencio, además de que la gente de allí, se ríen a carcajadas de los visitantes mientras preguntan cualquier cosa, ya sea preocupado o curioso, parece que todo es un intento inútil.

Nada propio de la ciudad sale, ni gente, ni mercancías, nada. Se agranda solamente, cada día avanza hacia los lados, como tragando el espacio.

Han intentado muchos iluminar el camino que lleve al centro de la ciudad, el último que se prendió fuego iba con varios, pero sólo desapareció mientras gritaba.

Es difícil encontrarla, no hay letreros para llegar, se necesita las indicaciones de visitantes asiduos para dar con ella. Al aproximarse desaparece, de un momento a otro uno se da cuenta que llegó porque no logra ver, la ciudad está a obscuras. No se le conocen las dimensiones, nadie se atreve a estar más de un día. La ciudad, pareciera, que simplemente no existe.




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