Alfredo Carrera López, "Noche eterna"

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Por Alfredo Carrera López

Pa la ninia Luna,
porque entiende a las nubes.


Tengo sueño, siempre tengo sueño y caigo dormido todas las noches después de leer un poco del libro que está encima de mi escritorio. No recuerdo lo que ha pasado cuando amanece, mi ropa cada mañana está empapada en sangre; camino despacio hasta mi cama donde espero el auxilio de alguien.

Llega ella, grita. No se va a acostumbrar a estos sueños violentos de razón de los que sufro.

Algunas enfermeras me han acompañado hasta que huyen despavoridas y antes de irse todas me hacen preguntas sobre las bandadas de pájaros, que según ellas, revolotean en mi espalda mientras duermo.

Las pastillas regadas en mi cuarto son una porquería, ayudan a abrir los ojos unos minutos, sin embargo, termino siempre durmiendo. Fumo desesperado cada vez que puedo. Recorro intranquilo mi casa, intento ir a trabajar, pero me dicen que no puedo ir así.

En los días que duermo más tranquilo despierto con las manos en mi cara, que comienzo a desconocer, y con toda la sangre escurriendo. En algún sueño perdí un ojo y no fue necesario pensar más en ir al hospital, ni comprar lentes.

No he gritado nunca, no siento dolor, he llegado a pensar que yo mismo abro las heridas cada noche y sonámbulo camino hasta los suburbios de la ciudad donde seguramente lucho con perros. Reviso mi cuerpo cada vez que puedo y sólo siento asco de esta piel viva.

No puedo creer en las historias de las enfermeras. No pienso cambiarme de casa, ni tirar mis libros, ni mis muebles; porque sé que los demonios ya viven en mí.




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