Ana María Falconí, "Sótanos Pájaros"

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Por Andrea Cabel


Canción de noche

Portada de Sótanos Pájaros.
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Portada de Sótanos Pájaros.

Desde el inicio, la oscuridad absorbe los sótanos y todo lo que hay en ellos: las bicicletas que son como los caballos, los ladrillos y los lirios, las libretas, las cosas que son las nubes o el amor.

Esta primera parte (la del apagón o “Blackout”) nos guía a ciegas hacia un universo lleno de naturaleza y nostalgia en el que la propuesta está clara. “Mujer Halcón”, cuarta y última parte del libro, nos induce a pensar que éste es el corazón de los sótanos: la libertad que brinda la oscuridad donde nadie mas te ve,“ ...grita el desierto/ anunciando el bosque/ la concha que se volvió pensamiento...”.

Desde aquí encontramos los principales temas desarrollados a lo largo del poemario: la fuerza centrípeta del amor, las luces que se agotan para mirarse a escondidas. La necesidad de encontrarse a través del otro, y la de amar el vacío de las caídas como lo harían los pájaros. Así, el eje que engarza las cuatro partes del libro se concentrará más bien en una búsqueda existencial, en una suerte de búsqueda de la verdad de uno mismo. Un reencuentro con la infancia y sus objetos, con el amor que va y viene como el aire que sostiene el vuelo. Después de todo, estamos ante una voz poética que contempla y que se queda con la esencia de lo que atrapa “...la rajadura de la ventana/ es la aguja de luz/ que atraviesa la piedra.”

Por otro lado, la naturaleza, descrita y por lo mismo re-creada, posee una cualidad especial: respira, y por ende, posee un ritmo. Éste surge de combinaciones íntimamente políglotas; el inglés –que tiene un lugar especial en el libro- surge desde el principio como la oscuridad; luego, su tránsito permite un paisaje total. Comenzamos en un Blackout y terminamos con un Lullaby, ambos, principio y final permiten una visión panorámica de una noche calma y encerrada. De tal modo que el poemario cierra, como en el inicio, con la música de la noche.

A propósito de “Lullaby” (“Canción de cuna”), último poema del libro, aparece un personaje que posiblemente ha pasado como lo harían las aves frente al cielo, mirando desde la distancia lo que sucede abajo, en la tierra que da frutos y cerca al agua. La madre, escucha el canto de la niña-pájaro y de la “mujer halcón”, que es quien concluye con un “Lullaby”: “...Y no me duermo/ cuando te desvaneces/ y cae la pluma del ave/ y caes/ desenvainado canto, ralo oxigeno/ frío párpado de la noche/ el mundo conspira, madre, con manos de eclipse...” Ellas, la madre y la hija, juntan el pasado y el presente, se despiden y la canción queda muda “...y juego a cantarme/ pero no me canto”

Pero es desde la madre y desde la lejanía, desde donde vemos el amor por un otro. Este amor es fragmentado y sobrevive a lo largo de los versos, esperando. Este amor motiva la creación de espacios fugaces en los que la voz poética se pregunta “...El freno se vacía en el vino/ ¿Por qué el volante está salado/ si el mar está tan lejos?/ ...las ruedas pierden sus formas/ ¿puede crecer la soledad?/ perdí mis anteojos/ por eso crecí en las lunas...”. De ahí que en “Matte Kudasai” o “por favor, espera por mi”, -tres poemas de “Mujer halcón”- el universo se reúna a través de grullas, espuma, orillas y de un cuerpo que parece necesitar de ese otro para que los fragmentos que lo pueblan y sostienen en la nostalgia, se organicen: “una mitad de ojo/ una mitad de labio/ una mitad de mano/ ven, ven/ matte kudasai...”

Estamos ante un espacio en armonía en el que los pájaros no son de naturaleza opuesta a los sótanos, sino que parecen ser como éstos, dos vértices de una misma hipótesis, dos reencuentros a modo de contrariedad. La libertad y el encierro, el descenso y la altura, el aire y el ahogo; y sin embargo, se deja entrever que entre los pájaros y los sótanos existe un diálogo que permite la subsistencia y la reivindicación de esta voz poética, lo interno habla con lo que ve fuera y entre ambos se levantan, se construyen. Luego, entendemos que los pájaros nacieron de la oscuridad y de la ceguera, del temor de verse.


Ana María Falconí, "Sótanos Pájaros". Tranvía Editores. Lima, 2007.

(*) Este texto apareció por primera vez en el diario peruano El Comercio.




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