Andrea Cabel, Uno rojo

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Por Luis M. Hermoza


Uno rojo
Andrea Cabel
Coleccion Underwood
Lima: PUCP, 2009.


Portada Uno rojo.
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Portada Uno rojo.
Hay belleza en el dolor. En la tristeza. Hay belleza en la ironía de la inmolación y en el primer caído en la batalla. La muerte más innecesaria, la menos decisiva. Hay belleza en la ironía de un escuadrón mandado a la muerte. Pero sobre todo hay belleza en la gente que lo integra.

Uno rojo nos habla de un cuerpo, que pone su cuerpo, en una batalla perdida. El amor. Y no porque en el amor siempre se pierda. Y no porque el amor sólo conduzca a la muerte. Es el amor de Uno rojo condenado a la muerte. Desde siempre. Y la guerrera lo acepta: "once veces caminaré la misma vereda roja, roja/ de azúcar y distancia".

Ante la certeza de la pérdida, Uno rojo no deja de poner el cuerpo, como siguiendo una orden primera y ancestral de inmolación por la belleza que se promete y se pierde en su campo de batalla. La promesa del regocijo. Conocido, vivido, pero a las finales ausente. "No te vayas nunca", repite en plena lucha. Pide "quédate mordiendo la materia agria de estar sola, de estar tantas veces tan sola". A lo que nadie responde. A un enemigo que parece no existir entre espacios y jaulas que giran. Entre espacios que no son rostros. Entre perros gigantes. Entre padres que son excusas para evadir la soledad. Entre un niño rubio que da cada paso en comunión, respirando piedras blancas, y Vicenta, el árbol más negro y extenso. Lo más concreto que tenemos de su enemigo, que es su amada. O lo que su amada genera. En suma, entre un bestiario testigo y un difuso escenario propio. El campo de la confusa lucha. Que también se difumina ante nuestra mirada en esta batalla contra la contención y frustración: "subí y encontré que esperar era verte a los ojos". Ops! Uno rojo, vuelve a perder.

En esta continua necedad. En esta continua tozudez. Uno rojo, el escuadrón de choque, la primera línea de avanzada, seguirá entregándose a la muerte. A la pérdida. Con valor y terror. Con el terror del valor ciego. Con el valor que surge del terror: "...es huérfano el corazón del miedo; están solas las orillas; muertas como alfombras o luces apagadas// gota a gota, el universo abre sus deseos y rema hacia la casa en llamas". Agradecemos que sea con belleza.






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