Armando Alanís Pulido, "Portazo en la nariz de la musa".

De La Siega, la enciclopedia libre.

Por Armando Alanís Pulido



“Creo que las cosas existen a partir de que uno las nombra, y al incluir el decir en los hábitos de existencia uno revitaliza lo ya nombrado y a su vez se crea un mundo en el que se puede crear y creer... La poesía me pone en movimiento, porque formula preguntas, crea dudas y conflictos y mantiene los instantes, es cierto todo está dicho pero no todo está escuchado y en esa premisa se amplían los límites del lenguaje y los límites de quienes entienden el poder de las palabras, me gusta esa sensación que ocurre al terminar el poema: me siento insatisfecho porque estoy en el principio y tendré que escribir otro... El silencio es cansancio.”



Uno de esos sueños

Un desmantelado sueño, de esos que ocurren de día

de esos irónicos como mi sonrisa

de esos que nada cuestan

arremetió contra mí, despacito

y yo sorprendido, anulado

inútil como una duda

intento explicarle al público

el riesgo de desaparecerte en un verso.






Onomatopeya de la conciencia

Y así sucesivamente...

La noticia más importante del día es meteorológica.

Adoro la teletransportación.

Relajémonos.

El desvelo es el combustible de mis noches.

Mi contención es un arrebato.

Estas espléndida y quieres que te lea un poema.


Un diablito que habita en mi hombro izquierdo

discute con otro diablito, (que habita en mi hombro derecho)

Cuestión de conciencia.






Flores de plástico

Mudo:

     Cuéntame la historia que me prometiste.






Me aprieta el traje de astronauta (confesión íntima)

Sí, preferimos morir que separarnos (me gusta como se oye)

El mundo al instante, el mundo al instinto (me gusta)

Yo pinto mi pensamiento, desdibujo sonrisas, busco a alguien que me diga: no encontrarás aquí las respuestas que buscas, consumo, muerdo con fuerza, me acostumbro fácilmente a las caricias...

Ni el amor me detiene.




La noche se amolda a nuestros gustos

Tú cuerpo eufórico y el mío lleno de conmoción

Mi alma eufórica y la tuya desvanecida como el canto escondido en la garganta.


Este olor soy yo en la hoguera.






Todos fuimos talla 29

Anhelábamos poner una boca más pequeña dentro de la nuestra

pronunciar las palabras mágicas:

-muy buenas tardes bienvenido a Mac Donalds puedo tomar su orden-

a nadie absolutamente a nadie le presumíamos nuestra felicidad

éramos capaces de tener veintinueve o treinta sueños en el trayecto de la escuela a la casa.


Hoy los sueños son años.






Nada cambiará con un aviso de curva

No solo los fantasmas se aparecen:

de repente estamos rodeados de cosas y personas y decimos

el amor si existe -cómo no-


y entonces uno como que brilla – o eso cree-

porque alguien nos dice: te noto raro, te ves mejor, pareces feliz

y te dejan de importar los videos nuevos de MTV,

el lugar que ocupan los tigres en la tabla de posiciones...


Es decir:

Tan fácil como resumir la filosofía de la dirección

con un “voy derecho no me quito”


por lo tanto:

el que encuentra, el que ronda, se inspira.






Esto no es un poema de amor es algo más serio

Hace Ratito fui raptado por una ráfaga de suspiros,

daba pequeños saltos saltaba planetas.

También no hace mucho soñaba que tenía insomnio.

La noche duerme, las casas se elevan,

los mitos se desmoronan.

Ésta es una manera de enterrar al silencio

Podría escribir mi historia en tus labios.

Permíteme ser espontáneo:

El amor da más de trece kilómetros por litro.

Permíteme ser cursi:

volteo los ojos y me miro por dentro.


Tengo los bolsillos vacíos y el corazón del lado izquierdo.


El amor no tiene nada que ver con las canciones de José José.

Mil perdones príncipe.




© Armando Alanís Pulido (Derechos reservados. Ver Aviso Legal)

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