Breve antología de Eduardo Chirinos

De La Siega, la enciclopedia libre.

Selección de Andrea Cabel



PERROS EN LA CALLE


SE trata de erigir un monumento a los perros, compararlos con los dioses que alguna vez crearon de sus vientres la piedra con la que más tarde habrían de construir su casa.
        La calle es un marco de perros infinitos y perdidos; la acera, embotada de polvo y de basura, corre tan simplemente bajo nuestros pies que ya desearíamos morir para ubicarla.

        Seguimos con lo del perro.






CAPTADO EN PARÍS

Montparnasse, 1935


SEÑOR, amable señor, dibuje usted la cara de mi novia, pero quítele los ojos y procure obviar la boca. Me pertenecen, amable señor, y sé que si usted la dibujara sentiría como si algo de ella se perdiera para siempre en la inmovilidad del cuadro.





Ambos poemas pertenecen a: Cuadernos de Horacio Morell. Lima: Trompa de Eustaquio, 1981. 2a edición, Lima: Editorial Estruendo Mudo / Fondo Editorial de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, 2006.









PARACAS-MIRADERO DE LOBOS


ASÍ es que fui todo el camino recordando:
El sol es un cuchillo de luz sobre las aguas. Lobos marinos pueblan con sus hembras las mejores rocas del acantilado y sacan sus mansas y temibles cabezas para luego hundirlas bajo el sol.

Un hombre se tiende cansado en las arenas de la costa,
ese hombre está durmiendo, fue después que lo enterramos.
Tenía las piernas rosadas, la cabeza sucia y una hermosa barriga blanca:
un ejército de moscas invadió su pecho;
cien mil moscas lloraron en su vientre a una mosca reventada
y él maldijo para siempre el recuerdo de su madre y luego también
el recuerdo de la madre de su madre.

Hace tiempo contaron esa historia, ahora la recuerdo.
Mi padre cruzó algunas palabras con los pescadores
pero éstos hundieron sus manos en la arena
y extrajeron un cuchillo que luego le obsequiaron con tristeza.
Mi madre cargó a la menor de mis hermanas y la abrazó con fuerza,
mi hermano se hincó de rodillas y suplicó a mi padre devolver el cuchillo
        a su agujero.
Yo cerré los puños y maldije con violencia sin mirar al cielo.

Ahora lo recuerdo.
Las calles de Pisco fueron recorridas por mi abuelo infinitas veces.
Mi abuela (que mucho no sabía de esas cosas)
cerró los ojos para recordar su infancia, su niñez coronada de piedras:

“Cuando Alejandrito se rodó aquella vez el cerro de tiza.
Cuando Alejandrito corría olas en los tableros de la mesa.
Cuando Alejandrito enterró con otros niños a un viejo muerto por las moscas.
Cuando Alejandrito etc”.

Mi abuelo la miraba en silencio.
El jamás nos habló de su pasado (que imaginamos callejero y confuso)
ahora estaba rodeado de nietos, parientes políticos y un título de médico
        ajustado a su medida.
La miraba en silencio.
Recordando alguna muchacha de ojos negros y muslos resbalosos,
algún beso de sal en la mejilla,
algún viejo amor enterrado para siempre en el océano.
San Andrés es una aldea de pescadores situada a unos cuantos kilómetros
        de Pisco.
Allí todo es abatido por el viento:
las flores aburridas del geranio se descuelgan y las patas
de una paloma mensajera arrastran una carta donde adivino mi nombre.
Ahora iba a decir algo sobre el calor y el viento.
Aquí siempre hay algo que decir sobre el calor y el viento,
pero mejor es callar.
(Me callo, pero no me sirve de nada.
Abro torpemente las ventanas y escupo al cielo.
Ahora espero con paciencia la venganza de las aves,
la aparición del fantasma del viejo muerto por las moscas).

* * *

Debemos estar por el Km 23, falta sólo media hora y todos duermen.
Mi madre se cruza de brazos (como es su costumbre) y deja caer el marcador
        de su novela,
mi padre bosteza y se cubre los ojos con una gorrita vasca.
Yo me acerco hacia ellos con cuidado, cierro sus ventanas
y me acuesto recordando:

El sol es un cuchillo de luz sobre las aguas.
Lobos marinos pueblan con sus hembras las mejores rocas del acantilado
y sacan sus mansas y temibles cabezas para luego hundirlas bajo el sol.






PALABRAS PARA UN POEMA SIN TÍTULO

Crónica de una noche de insomnio


¿ES posible que no veas nada?
                ¿que no seas
nada?


Anoche no he dormido mucho, me pasé horas contemplando la ventana.
La oscuridad no lograba disipar la música que acompaña la noche,
la noche no lograba disipar la visión de una pared en cuyo centro hay otra
        ventana.
Esa ventana es un vacío que se extiende hasta el más profundo sueño.

No hay ningún vacío, no hay ningún sueño, sólo tu memoria que saquea los recuerdos.
Sólo tu memoria que los aplasta y deshace
bajo el peso del silencio.

Tu boca destruye un helado de chocolate que chorrea en tu blusa,
tu boca acaricia mi boca; una ventana
y otra vez el gato, su elasticidad envidiable, sus deseos
de invadir mis territorios, de maullar hasta la aparición de su hembra.

Vamos, empecemos de nuevo. Un rebaño, dos rebaños
(“Tú nunca supiste contar”) te ríes, nos reímos
y bajamos a contemplar el mar, el mismo que contemplamos desde niños,
el mismo que ahora lame nuestros pies en la orilla.
(“¿Qué es la orilla?”, preguntaste, “la orilla es el espejo donde nos amamos”, te dije).


La noche resulta demasiado larga. No se oye más que el clac de un autobús
y el confuso entrechocar de maderas amontonadas en una construcción.

Ahora puedo confesarlo. Amo tu recuerdo,
es como si jugara con tu voluntad, pero aún así te impones.
(“Las sábanas están sucias, los zapatos necesitan lustrarse, las medias no hacen juego”).


Pero he escalado muros de piedra y he hallado tus ojos,
he escalado tus ojos y he hallado tu alma, he escalado
tu alma (aquí es preciso detenerse, sólo hay lugar para una pregunta y todavía
        ignoramos la respuesta).

– ¿Es posible que hayas demorado tanto?
– Las aguas se han embravecido, amor, los peces han emigrado mar adentro y los vientos
        ya no soplan como antes.
Entonces batimos las alas.
Es hermoso batir las alas y volar rasgando el horizonte.

/¿Todavía no ves nada?
                ¿Es posible que sigas sin ver nada?/

Veo esa ventana y veo
tu mano en mi mano, mi mano en el vacío,
tu boca en mi boca, mi boca en el vacío,
tu piel en mi piel, mi piel en el vacío,
tu lengua en mi lengua, mi lengua en el vacío.

Ahora lo sé,
el más profundo sueño invita tu presencia.
Ayer, una vez más, hicimos el amor / lo vi por la ventana.
Escuché el maullido de un gato, de nuevo el entrechocar de las maderas
y el placer que se deshoja como una flor invisible.
Tú eres esa flor invisible,
te recogí en uno de mis interminables paseos por la playa,
te guardé y te conservé a riesgo de aniquilar mis propios sueños.
/¿No ves nada?
                ¿Sigues sin ver nada?/


Veo el sol que disipa la música que acompaña la noche,
veo la luz que disipa la visión de una pared en cuyo centro hay una ventana,
veo el vacío que se extiende en la ventana hasta el más profundo sueño que
me espera
para volverte a ver.






Ambos poemas fueron tomados de: Crónicas de un ocioso. Lima: Trompa de Eustaquio, 1983.









A UNA MÁSCARA

Ni siquiera es tuyo el silencio
Giorgos Seferis


NO eres tú quien escribe,
es otro el que llora entre los ciervos,
el ciervo que hunde en la nieve sus astas
y herido persigue incansable su huella.
Tú estás del otro lado y nada escuchas,
sólo el vago aletear de las aves derramando sus signos;
plumas quemadas que devora tu lengua,
rescoldo de un habla que olvidaron los dioses.
Es otro quien contempla los mares,
quien sabe anudar el viento en su palabra,
quien remonta la corriente hasta llegar al lago
donde olvido y memoria se confunden.
Tú eres el gusano que alimenta la carne,
el que barre tristemente las cenizas, el que besa
la espuma cuando la marea asciende,
la ruta ordinaria que esquivan los astros.

Tu oído yace tras la puerta.
Escuchas la saliva del tigre rebotar en la sangre,
el frío de las moscas cuando lamen los huesos,
el cerrar de los ojos cuando nos pesa el cansancio.
(Es el lenguaje que anima las cosas, son las cosas
emergiendo del oscuro pozo donde duermen).
Pero no eres tú quien escribe.
Estás del otro lado de la puerta
y nada ha sido creado para que lo vean tu ojos.






Poema tomado de: Rituales del conocimiento y del sueño. Madrid: El Espejo de Agua, 1987.










PÁJARO CANTOR MULTIPLICADO EN EL ESPEJO

1/ LA CASA Y EL ARCOIRIS

DEBO RECORDAR una vieja imagen de dibujos animados persiguiéndome en la infancia. Un zapato enorme con puertas y ventanas donde vive una familia numerosa. El día es claro y no llueve pero hay flores de color azul y un arco iris. Un extremo de ese arco iris se introduce en el techo de ese zapato-casa, el otro se pierde en un lejano lugar donde se oculta la marmita de oro. El arco iris les recuerda que hay un mundo afuera. La marmita de oro. Un mundo-espejo que espera para ser cantado.






2/ LAS MUSAS ULTRAJADAS

Un día como todos (cualquier día) el poeta-jinete abandona su imagen y se eleva del espejo. Somos dos grita somos dos. Pero mientras uno cabalga el viejo arco iris el otro restaña las heridas de las musas. “Pobrecitas” dice mientras les acaricia el cabello ondulado y sucio de tantas empresas inútiles. “Pobrecitas” repite mientras sus dedos arden como fósforos en un día de lluvia. Afuera su imagen se afana en encontrar el tesoro sepultado. La lengua muda que arde en la marmita de oro. El lenguaje del canto.





3/ LOS CUATRO ESTORNINOS

Nadie lee un poema. Es el poema quien nos lee y nos descifra quien implacablemente nos parte en dos en tres en cuatro. Nadie lee un poema. Miles de poemas revolotean detrás del poema que nos lee: pájaros silenciosos que cantan su melodía de siglos, pacto con la muerte que oculta sin un gesto su guadaña para mejor ocasión “...y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando”. Y yo me iré. Y quedarán alondras cornejas calandrias ruiseñores. Nunca loros ni estorninos. ¿A qué decir pájaros que no saben sino repetir palabras? Cuatro estorninos. O un estornino frente a dos espejos ocupado en cantar lo que otros ya han cantado.
        ¡Ah dulce pico clavado para siempre en el arco iris! ¡Ah voz domesticada por el rayo! ¡Ah inútil buscador de la marmita de oro! Como tú como yo como todos los poetas.





VARIACIONES (NO TAN) SECRETAS EN TORNO A MI MADRE


1/

MI MADRE es una buena persona. Pero a veces miente. Cuando habla bien de mí por ejemplo. Cuando habla mal. No voy a mostrarles ningún paisaje disecado. Tampoco el velero rubio de la novia del alfiler navegando hacia el huerto de las morsas. Diré que por edad es casi mi hermana y, bien mirado, hasta mi esposa. Mi madre odia como es natural el claro de luna. Odia también las palomas los ruiseñores los búhos las oropéndolas las avestruces y las aves de corral. No voy a ascender al cielo con un durazno en la mano. Tampoco cruzaré desiertos clavando alfileres en la levadura del pan. Mi madre a veces sonríe. A veces tampoco sonríe.





2/

Mi recuerdo te viste siempre de rojo. O de verde depende del día. En verdad es difícil asociarte a un color. Ahora que estamos solos ¿qué ternura invocar?, ¿qué palabras decirte que no parezcan provenir de la tristeza o el remordimiento? Mi recuerdo te viste siempre de rojo. O amarillo depende del día. Azul cuando hace mucho frío. Y gris cuando voy por la calle amarrado a tus piernas porque mi recuerdo tiene un olor y un sabor anterior a las palabras. Porque tú eres todas las palabras. Porque ante ti callan las rosas. Y la canción.






“Pájaro cantor multiplicado en el espejo” y “Variaciones (no tan) secretas en torno a mi madre” han sido tomados de Abecedario del agua. Valencia: Editorial Pre-Textos, 2000.









DANZA DEL VIENTO
(Anónimo. Berbería, c. 1300)

Ayer mientras te esperaba
me herí con un cuchillo
La sangre veló tu espejo de plata
marchitó las cuerdas del rabé
No viniste a restañar la herida
Alguien
        (hombre o demonio)
golpeaba tercamente el atabal
Sólo vino el viento
el solitario
                y triste viento






AYO VISTO LO MAPPAMUNDI
(Anónimo siciliano, c. 1492)

Una vez más
abrí las ventanas del mar
(Qué mudo el espumoso mar
qué ciegas las montañas)
¿Veré tu nombre en el mapa?
Con el dedo recorrí
mil desiertos y comarcas
Con mis ojos los mares
donde navegan las barcas
(Qué callada noche cautiva
qué silenciosa mañana)
¿Veré tu nombre en el mapa?






FINLANDIA

Desde el balcón
saludó el anciano
                     Hizo un gesto
un movimiento apenas
y cortó el aire
                los bosques
las palabras
                que abandonan los trenes
que nunca volverás a oír

Un joven
atraviesa las aguas del Báltico
pide perdón a sus dioses
escucha
        al cisne de Tuonela
Por más de siete siglos
hablé sueco
                me enamoré en Hämeenlinna
                en Berlín quise volver
aprender la lengua de mis padres
me llené de nieve la boca
                     los oídos y me puse a esperar el silencio

Sobre el blanco
pelaje de Finlandia
                cae la lluvia

Un niño
suelta la mano de su madre
atraviesa la plaza
escucha
            un fragor de caballos
banderas
            gritos
en una lengua extraña
me dicen
            huye
son los soldados
                   del Zar
sus rostros
educados y fieros
                   sus abrigos
cubiertos de sangre y de sudor
(entonces vi el cadáver
las moscas cubrían sus ojos
tenía la boca abierta
                        y le faltaba un zapato)

–Nada dijo el Maestro
                        se limitó a mirarnos
y masculló en inglés unas palabras
Pero en sus ojos
estaba la música
                   el amor a los hombres
                   los paisajes azules de Finlandia






Los poemas “Danza del viento” (Anónimo. Berbería, c. 1300), “Ayi visto lo mappamundi” (Anónimo siciliano, c. 1492) y “Finlandia” han sido tomados de Breve historia de la música. Madrid: Editorial Visor, 2001.









HUMO DE INCENDIOS LEJANOS

1
de dónde vendrá ese título humo de incendios lejanos
lo escuché en un parque en el dorso de una oreja rampante
y entregada la luna estaba roja el bosque como siempre pleno
de heliotropos y begonias azules lo escuché en un parque
un perro ladraba la luna estaba roja el sol ya se había ido


2
vigilaba mis pasos decía bien pero con menos énfasis
las palabras hedían cantaba con dulzura la serpiente
cuidado me dijo es un monstruo un animal deforme
hace años dejé sobre su espalda una hoja de tilo fue
sólo un rasguño una herida en la piel donde se graba
el tiempo donde duerme el halcón destrozado la sangre
en los pechos de krimilda recuerda la sangre en los
pechos de krimilda su muerte a manos de un cazador
de jabalíes la serpiente danzaba la luna estaba roja el
héroe no parecía darse cuenta he perdido la marmita
de oro dijo no sé quién me la ha robado


3
una vez los árboles se desprendieron de sus ramas
era primavera no soportaron el peso de la nieve
el sol lucía oscuro los ciervos bajaron de los montes
las ratas huyeron del pantano todo ante mí era alegoría
pero yo no escribí nada


4
¿quién vigila mis pasos? ¿quién me dicta sus palabras?
¿quién me dice ahora es el momento? no sé
quién vigila mis pasos quién me dicta sus palabras quién
me dice ahora es el momento


5
estoy con mis padres en melbourne debe ser un sueño
nunca he estado en melbourne mis padres miran con
indiferencia el plato de comida me siento incómodo
en momentos así te recuerdo nunca voy más allá de
tus ojos no tengo ojos pregúntale a sigfrido a la serpiente
pregúntale qué fue de tus palabras de los papeles que
arrojaste al canasto de la esperada lluvia en un bosque
de tilos hablo del infierno de la moneda de caronte
del perro que ladra del perro que no nos deja dormir


6
no estamos en melbourne no estamos en un sueño
en verdad no sé dónde estamos hay un parque escucho
una música un rumor de hojas esta noche estamos solos
pareces un tigre amo tu miedo la veta de luz que desgarra
tu sombra el manto solar donde arde la belleza olvida un
momento la piel olvida un momento la belleza esta noche
estás conmigo me pregunta por qué la luna está tan roja


7
no es de noche no estamos en un parque estamos en tebaida
es el comienzo o el final de una tormenta es como un verso
que sabes de memoria es tan dura la memoria ella conserva
una columna de mármol un desierto rojo y nada alrededor
sólo piedras arañas alacranes una multitud piadosa y un conejo
me pregunta por qué una multitud piadosa por qué un conejo
lo habré visto en un poema en un cuadro medieval tal vez
en un cortometraje yo oraba en lo alto detenía la serpiente
si una nube rozaba mis orejas agradecía a dios era su mano
me ordenaba leer a mí nadie me enseñó a leer


8
entonces debes ser simón me dijo señalando mis sandalias
mi torpeza mis ojos llenos de desierto


9
escucha el rumor de las hojas escucha el silbido del viento
dime que siempre estuvimos aquí dime que nunca te fuiste
léeme en voz alta la traición del héroe el sueño del águila
devorándose al halcón dime que es de noche los vecinos
saludan con indiferencia las aves desarman sus nidos
en la orilla un perro ladra un perro no nos deja dormir


10
lugar común agua y barro dibujan su alfabeto la metáfora
arde la veo consumirse en los despojos no es necesario
escribir no es necesario leer esta noche la serpiente
está muy excitada celebra un nacimiento las palabras
se pudren la luna brilla en la palma de caronte ¿qué hacer?
consérvala me dice escribe humo de incendios lejanos






Poemas tomados del poemario Humo de incendios lejanos. México: Editorial Aldus, 2009.






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