Carmen García

De La Siega, la enciclopedia libre.




Yo me pregunto quién es el que habla por las noches
Con la sombra de quién habla el pájaro que tirita en mi cabeza
quién conoce el silencio
Hacia dónde vuela el corazón que llevo entre las manos
Tengo una cruz en la mitad del rostro
Un sueño escrito en medio de la frente
Un abismo celeste que mira diminuto
la ciudad oscura donde ya nadie habita
En poco tiempo, todo estará cubierto de agua
Las casas, los niños dormidos, el vientre de las mujeres,
las rosas enterradas
En pocas horas, abriremos un camino que nos conduce hacia nada
Ahí dejaremos crecer la barba de los abuelos
Tomaremos el té con los muertos de la familia
En ninguna parte hablaremos con dios el idioma de la lluvia
Su dialecto que cruje abandonado
Y veremos a las niñas pasear descalzas
Con los pies rotos
Con las muñecas quebradas
Desenterrando el corazón de los pájaros.





Mi orina llueve sobre los muros
despierta a las sombras del jardín
a las muchachas que llevan pájaros en los bolsillos
que juegan con cuchillos mientras duermen.
Mi orina es como el fuego
vuelve de tiza las paredes de esta casa
El té es el licor de las sombras
Blancas paredes donde a oscuras pronunciamos la palabra miedo
y tiritan los huesos de la hermana muerta
tirita el corazón de la madre
arrinconadas en su sueño oscuro
su canto ahogado
que es piedra
hueso de pájaro
zorzal en fuego

Yo sé eso de mi alma
Sé que no pertenece.







De La Insistencia.


Los Nombres del Vacío

En estas horas desoladas con perros gimiendo en el cuello de la noche, con perros que pasean entre la basura por el cuello de la noche, hay un ladrido que hace recordar, un ladrido que pasea solo por las estaciones y atraviesa los años como las cinematecas que huelen a orina. Ya no quedan vacíos sin nombrar, es lo que busca el perro de la noche. Éste es un conejo. Éste un gallo que camina ciego, que se asoma al pozo. Éste es un perro que pasea por la noche. Un perro en calles solitarias. Éste es el nombre del perro. El perro está en el cuello de la noche y dilata los ojos al mirar al pozo. El pozo está vacío y todos los vacíos están llenos de luna. El perro gime en el cuello de la noche con un ladrido mudo, una palabra que no reconoce oración ni dios.







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