Clemente Riedemann

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Karra Maw`n (1984).


No era baldía aquella tierra.
Bastaba con mirarla, sostenidamente
durante tres o cuatro lunas
y reventaban en los tallos
las metáforas.

Apenas con poner
un gramo de roja tierra en la palma de la mano
acontecían cerezas.

Hablar en mapudungu,
murmurar apenas la lengua de la tierra
era hacer vibrar en el aire
la canción de la tierra.

Poesía hermética para el académico.
Poesía elemental para el habitante de la ruka:
Como respirar de cara al puelche
o sacar peces del estero.








El hombre de Leipzig

El padre del padre de mi padre traía todo el mar en sus mejillas. No trajo papeles ni osamentas. Le quitaron su historia en las aduanas y venía de lejos.

Al llegar, sólo la niebla, pañal de maíz para envolver los viejos barcos de madera: la “Steinward”, el “Hermann”, el bergantín “Susanne” y el “Alfred”. Todos buscando el paraíso. Para todos, desengaño y selva.

(El daguerrotipo muestra a unas familias apiñadas y sin saber a qué atenerse. Allí dormitan en el suelo el hacedor de calamorros y la mujer del peluquero. También, un niño con paperas)

¡Oh viejos barcos de madera! ¡Oh germánicos famélicos! Les prometieron la tierra pero la tierra tenía dueños falsos. Falsas estacas de papel y no auténticos rewes milenarios.

El padre del padre de mi padre hubo de hablar en otra lengua, gotear, de nuevo, el semen de la aurora. A fundar cosas es que vino el hombre de tan lejos.

Corral, después de un siglo pronuncio tu nombre en la mañana. Estoy de pie sobre una lancha arrojando trozos de carne podrida a las gaviotas.

Por aquí entró en América el perseguido, uno que no fue rico ni famoso, sino bello. Porque bello es todo cuanto sigue siendo, a pesar de la muerte, el deterioro y el olvido.

El hombre de Leipzig, el carpintero, me trajo a tierra en el lápiz de su oreja, de donde he bajado para organizar el mundo con palabras.








De Santiago de Chile (1995).


Al toque de gong

Esta es una transmisión desde
                                   SANTIAGO ES CHILE.
Todos conectados –los hispanos- a sus
weltanschaaung de pordioseros.
Al toque de gong, sírvanse encadenar.
OK?
               (amén)

Happy togheter y sin hacer pero muerto.
Inmersos todos en el potpurri eterno
de los dioses pornógrafos y las misses
                              universales.

Encadenados a sus sueños estándar, a sus
opiniones estándar, sobre horizontes
estándar, pugnan –los spanish- por un
trato preferencial en las colas de acceso
a la modernidad,
                              OK?
                                        (amén)








De Coronación de Enrique Brouwer (2007).


Black lingerie

Ya avistado el enemigo, mandé poner a tope la bandera negra y me alisté para el mortal ataque. Recordé, entonces, la primera vez que fui a tu casa.

Volteó hacia el NO. la nave sorprendida, como tú, entonces, procurando huir, pero ansiando un asalto de mi parte.

Concluida la cena el cielo se despejó: el viento propiciaba un abordaje. Puse la proa en recto hacia el horizonte, medio a medio del corazón de la nave madre.

Un par de cañonazos fue suficiente para acabar con el orgullo de aquellos infelices : arrodillados sobre cubierta, rezaban a sus dioses y a sus ángeles, mientras recibían la descarga mortal.

Tú también sollozabas, entonces. Y, como éstos, era la única resistencia que oponías. Un juego de niños fue para este Almirante coger lo que era menester para su peculio.

Como tú, también éstos al demonio en mi silueta veían y no al hombre dispuesto a ofrendar la vida por un beso. Como ellos, también tú me diste pena entonces, pues prefiero vencer con honor, que no con imágenes ni enseñas.

Así que en ambas contiendas no hubo perdón. Enloquecidas de pánico y de placer, rodaron nomás las cabezas de uno a otro lado de la cubierta.

Después sobrevino la calma: un poco de sangre quizás; otro poco de humo; unos cuántos gemidos. Y un oleaje de sábanas revueltas.








De Allah Kerim (inédito).


Las cruces que dejaron las guerras y las flores polvorientas de las procesiones

¿A qué huele todo esto? El festín púrpura sobre el agua del archipiélago y la entrada a la gran madera, sin clavos, ni torniquetes. ¿Qué quieren decir las muchedumbres, sino: "no podemos vivir sin jefaturas, no podemos ser como el viento"?

Y aquél arrastrar de calzones sobre el lodo y la sangre en el culo de los toquis; la sangre de los brazos que cortaron con hachazos; los que mataron con viruela y sífilis, cadenas y más cadenas, durante siglos de encomienda ¿los borrarán con el codo? ¿con letanías?

¿A qué huele todo esto sino a podredumbre de moluscos bajo la chamiza humeante y las maldiciones que hicieron saltar del pecho de los que ahora desfilan tras el perdón?

Taparon con flores polvorientas las cruces que dejaron las guerras. Metieron cánticos de dolor en el alma de esos infelices;

Les educaron en la aceptación de la derrota y sellaron su destino de parias. Y avanzan cada mes las procesiones en dirección de los rascacielos, donde acuden a pagar la luz, el agua, las conversaciones.






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