Comunicación Mediada por Computadora: algunos comentarios desde la lectura de la obra de Foucault.
De La Siega, la enciclopedia libre.
Por Edgar Gómez Cruz
“¿Quién pensó alguna vez que estaba
escribiendo algo que no fuera ficción?"
Michel Foucault, El yo minimalista.
Introducción: Foucault 2.0
Con cada ciclo de aparición de nuevos fenómenos de interés para el estudio de lo social, el campo teórico-metodológico intenta adecuar de una manera u otra las posibles características de dichos fenómenos a conceptos teóricos existentes con anterioridad y que fueron desarrollados con otros fines. De esta forma, se establece la conexión entre las obras de algunos autores que desarrollaron su obra en tiempos y situaciones distintas de las presentes y la actualidad del suceso emergente. Con ello, se recrean las posibilidades de tratamiento de dicho objeto a la luz de esas teorías. En el caso del así llamado ciberespacio, sobre todo en la primera época de su estudio, algunos autores fueron especialmente retomados. Es el caso de Marshall McLuhan, sobre el cual se profirió un halo de “profeta” dada la reinterpretación de su obra en tiempos de Internet (y que después se extendió por el trabajo de su alumno Derrick de Kerkhove).
Sin embargo, desde la sociología, hay dos figuras que han sido especialmente citadas y puestas on line cuyas teorías alcanzaron una nueva dimensión al probarlas en el “terreno” del ciberespacio (con referencia especialmente a la cuestión de la identidad). Ellos son Erving Goffman y Michel Foucault, que es quien me interesa en este texto. Del primero, baste decir que el concepto de identidad como puesta en escena, la socialización y la “presentación de las personas” a manera de juego (retomando a su vez a Herbert Mead) fueron conceptos claves en la mayoría de los primeros trabajos sobre la relación y diferencias entre identidad online y offline. Así mismo, Foucault ha sido ampliamente citado (aunque a mi entender no siempre entendido) con su análisis sobre el poder, su trabajo acerca de la constitución del sujeto y sus libros sobre la historia de la sexualidad. No es la intención de este ensayo hacer una revisión exhaustiva sobre las publicaciones que han centrado su desarrollo en el planteamiento de Foucault, sino que hago eco de su pregunta cuando comenta: “Si queremos plantear problemas de manera concisa, con precisión, ¿no deberíamos tratar de encontrarlos en sus formas más particulares y concretas?” (2003, p. 35). La intención, por tanto, es dar un panorama que relacione algunos de los elementos que han ido variando en un campo muy específico de los llamados “Estudios de Internet”(1) (aquellos que tienen que ver con la Comunicación Mediada por Computadora) con algunas de las reflexiones hechas por Foucault. Tomo sólo uno de los elementos del gran universo que compone la Red porque me parece que la fragmentación de prácticas (que en realidad es un corte meramente metodológico y no obedece a una verdadera delimitación en las actividades de los usuarios) es mucho más útil para dar cuenta, con la suma de pequeños acercamientos, del gran discurso que se ha elaborado sobre Internet, la Sociedad de la Información y demás conceptos rimbombantes pero poco útiles para trabajar. En ese sentido, el primer matiz que quisiera expresar es que el trabajo elaborado por Foucault fue desarrollado en un plano más cercano al filosófico que al estrictamente sociológico (aunque pueda ser muy útil para éste), por lo que su lectura a la luz de nuevos fenómenos es más una traducción o una reinterpretación que una puesta a prueba de sus conceptos. De ahí se desprende que haya un largo corpus de trabajos con estas característica (cfr. Cusset, 2005, especialmente el capítulo II). Foucault mismo lo deja claro al decir que:
Me considero más un experimentador que un teórico: no desarrollo sistemas deductivos que deban ser aplicados uniformemente en diferentes campos de investigación. Cuando escribo, lo hago, por sobre todas las cosas, para cambiarme a mi mismo y no pensar lo mismo que antes (2003, p. 9).
Por ello, más que poner a prueba su pensamiento, simplemente intentaré utilizar algunas de sus ideas para reflexionar sobre algunos de los aspectos del objeto de estudio particular en el que he trabajado estos años: la Comunicación Mediada por Computadora (CMC)(2). Aceptando lo que dice Green acerca del fin último de su trabajo, menciona que “(Foucault) invita al estudiante a comprometerse en la discusión en una arena de no absolutos en donde “la verdad” puede cambiar como el resultado del mismo discurso que la utiliza como premisa” (en línea).
Las trampas del ciberespacio: una virtualidad que nunca existió.
Los primeros estudios sobre la CMC tenían como una de sus características principales la pregunta sobre las diferencias, similitudes y posibilidades del “ciberespacio” y la “realidad virtual” frente a la “realidad real” o la comunicación cara a cara. Esta distinción, más mediática que teórica, trajo como consecuencia un gran número de textos que analizaban los diversos sistemas de CMC con esta comparativa(3). Por otro lado, uno de los elementos que se señalaban como preocupación constante por algunos y como posibilidad de liberación por otros era el anonimato que permitían esos primeros sistemas como el IRC(4) o, en otras geografías, el BBS(5), tiempos incluso anteriores a la masificación de la WWW. Se hablaba de que al existir una comunicación, una interacción y una socialización sin los referentes físicos dicho anonimato podría romper con las estructuras de conformación identitaria de tintes racistas, sexistas y étnicos o de relaciones de poder (maestros-alumnos, jefes-empleados, etc.)(6). Este anonimato se estudiaba en los textos académicos, la prensa hablaba de sus peligros y potencialidades, había historias para todos los gustos. Y mientras algunas personas lo disfrutaban y experimentaban como un “laboratorio de la identidad” (cfr. Turkle, 1995), muchas otras lo sufrían, por ejemplo en la forma de “flames” (insultos y peleas que se dan en conversaciones en línea, cfr. Kayany, 1998) o de expectativas incumplidas. Sin embargo, ya desde sus primeros estudios se hablaba de la problemática de esta falta de anclaje de la identidad y sus consecuencias en las relaciones que se generaban en las interacciones en línea (Donath, en línea).
Años han pasado ya y situaciones que generaban miedo entre los usuarios (desde fraudes financieros, mentiras, engaños y decepciones sentimentales hasta problemas como la pederastia, muchas de ellas alimentadas por los medios de comunicación), junto con el desarrollo de sistemas más potentes y la masificación (al mismo tiempo que institucionalización (7)) de programas que requieren cuentas, contraseñas y direcciones IP fijas han logrado eliminar, o al menos rebajar en buena medida, el anonimato, cambiando así el tipo de preocupación anterior: “La preocupación que se resalta ya no es más acerca de la liberación de la discriminación de género a través del anonimato, sino la pérdida de la privacidad personal por la disponibilidad de la información en línea acerca de los individuos” (Herring, 2004, p. 32).
Ahora bien, en consonancia con Poster, cuando dice que “la intención crítica del análisis genealógico es el revelar la diferencia en un fenómeno de una forma tal que cuestiona la certeza-propia del presente sin presentar al pasado como una alternativa” (Poster, 1996), mi idea, más que proponer un juicio o una evaluación, es sólo apuntar algunas reflexiones sobre características actuales de la CMC y su posible relación con ciertos conceptos Foucaultianos. Dicho esto, paso al núcleo del trabajo.
Web 2.0: El poder de la identidad(8)
Si bien en un principio el discurso sobre Internet era uno de expectativas libertarias y temores apocalípticos, el centro de gravedad se ha movido y ha dejado de estar centrado en el medio para enfocarse en las personas y sus prácticas; se habla de los blogs como periodismo civil, de los sitios donde se exhiben contenidos mediáticos como medios de comunicación, de la mensajería instantánea y los móviles como las nuevas tendencias en la comunicación-interacción humana, etc. La referencia para hablar de Internet ha dejado de ser la ciencia ficción y ahora se relaciona más con la ciencia (social). El Internet se ha diluido en el discurso de poder/saber que atraviesa las prácticas que los usuarios hacen de él, al mismo tiempo que se han consolidado una serie de mecanismos de gestión del yo, punto que trataré más adelante. Especialmente en este momento histórico, pareciera ser que se abre una nueva etapa del Internet; por un lado ya no representa una novedad, con su siempre presente carga de temor defensivo y su exaltación desmedida, y en estos momentos podría decirse que se ha convertido en una herramienta más de la vida cotidiana (Wellman y Haythorntwaite, 2002), hecho especialmente cierto en los jóvenes menores de 20 años que han crecido utilizando Internet dentro de su cotidianeidad. Por otro lado, se ha propiciado una serie de prácticas tecno-sociales que algunas personas relacionan con el concepto de Web 2.0 (cfr. O'Reilly, 2005), que podría decirse que básicamente es una concepción de Internet como plataforma en la que lo importante, más que la infraestructura o los programas, es la información, la colaboración y la generación de contenidos por parte de las personas. Abanderadas de esta etapa están aplicaciones como Flickr, Youtube, Blogger, los mensajeros (especialmente el de Hotmail) y por supuesto Google. Pero también nuevos diseños de información como las “folksonomias”, las “sindicaciones” y en general el denominado “software social”. ¿Qué nuevos elementos se presentan ante esta reconfiguración en el sistema tecnosocial de Internet? Propongo que son tres: una identidad más ligada a la meritocracia y a una tecnología constitutiva del yo que pareciera ser menos etérea que lo señalado en los primeros años de Internet (al menos en la concepción mediática, social y académica); un discurso de creatividad y reconocimiento colectivo ligado a un discurso de poder/saber que se erige como una nueva técnica para la construcción de sujetos y que, al mismo tiempo, se establece como un discurso libertario y socialmente creativo; y por último, una serie de mecanismos para que dicha identidad tenga un marco de control que tienda hacia la institucionalización y la vigilancia.
Diggs, menéame, del.icio.us, folksonomys y más: un nuevo orden del discurso.
El Internet se ha convertido en un “interminable océano de información”, y cada vez se produce mayor cantidad a mayor velocidad gracias a su masificación junto con la incorporación de cámaras digitales fotográficas y de video (muchas veces en dispositivos como el móvil o las PDAs), la banda ancha y los equipos cada vez más potentes. Por ello, y como estrategia de seguimiento y clasificación de ese gran cúmulo de productos simbólicos, se han desarrollado herramientas, mecanismos y técnicas que permiten tener un control: etiquetas, votaciones, seguimientos, un sistema de citas y muchas más se pueden nombrar entre ellas. Foucault dice:
En toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y terrible materialidad (2002 p. 14)
De esa manera, se suman a los “dispositivos de verdad” que existían con anterioridad como preguntas más frecuentes, manuales de usuarios, reglas de Nettiqueta, direcciones de Internet, etc. y hacen que la socialización de los recursos y las “técnicas” que se dan al interior de los grupos y personas que se concentran alrededor de un sitio, foro, sistema o página, sea una especie de educación para su uso; de ahí que se trate de “una forma política de mantener o de modificar la adecuación de los discursos, con los saberes y los poderes que implican (Foucault, 2002, p. 45). Pero no sólo eso, también se establecen mecanismos que priman la meritocracia, de manera que la construcción de las identidades encuentra como uno de sus fines el “éxito” y éste se da en función de dos elementos: una cierta estabilidad referencial (que el yo que soy yo, siempre sea el yo que los demás piensan) y que los contenidos con los cuales se asocia ese “yo” siempre estén relacionados conmigo. En ese sentido el ejemplo más cercano es la búsqueda de una persona en Google o la cantidad de visitas a una determinada página de lectores de un determinado blog, los comentarios que se hagan a dichos sitios o incluso que los medios tradicionales hagan eco de los contenidos desarrollados en línea(9). Foucault menciona:
No es suficiente decir que el sujeto se constituye en un sistema simbólico. No solamente en el juego de los símbolos se constituye el sujeto. Se constituye en prácticas reales, que son históricamente analizables. Existe una tecnología de la constitución del yo, que cruza los sistemas simbólicos, mientras hace uso de ellos (2003, p. 81)
Para ello, es imprescindible un referente sólido y estable de la identidad.
Creatividad colectiva y control social: de los griegos a los blogs.
Foucault, al hablar sobre los Hypomnemata, que eran unos cuadernos de apuntes que servían para una especie de “seguimiento administrativo” del yo y que se popularizaron en tiempos de Platón, menciona que apoyaban dicha tarea al “hacer una recoleccion del logos fragmentario, transmitido por la enseñanza, la escucha o la lectura, un medio de establecer la relación de uno hacia sí tan adecuada y perfecta como fuera posible” (2003, p.77). Resulta especialmente interesante y curioso el que Foucault mencionara, con esas palabras, que “esta nueva tecnología fue tan revolucionaria como la irrupción de la computadora en la vida privada” (p. 74). En esos diarios griegos, continúa diciendo:
Se ingresaban citas, fragmentos de libros, ejemplos y acciones que uno había presenciado o sobre los cuales había leído, reflexiones o razonamientos que se habían escuchado o que habían venido a la mente. Constituían una memoria material de cosas leídas, escuchadas o meditadas, contenidas a modo de tesoro acumulado para su posterior relectura y repaso. También conformaban las materias primas para la escritura de tratados más sistemáticos en los que se daban argumentos y estrategias para combatir defectos (tales como la ira, la envidia, las habladurías, la obsecuencia), o para supera alguna circunstancia difícil (como el duelo, el exilio, la rutina, la desgracia) (p. 76).
Resulta demasiada tentadora la opción de pensar en nuevos dispositivos que cumplen una función parecida, por ejemplo los blogs o cuadernos de bitácoras (o al menos una rama de ellos), con el importante elemento que subyace en el hecho de que esa revisión sobre sí se da no sólo de manera personal sino, en muchas ocasiones, de forma comunal (al recibir comentarios y establecerse debates sobre una acción particular en la vida de la persona dueña de la bitácora). Aquí resulta ilustrativo el matiz de Hadot (2000) sobre ese punto del trabajo de Foucault al decir que el fin de los Hypomnemata “no era forjarse a uno mismo una identidad espiritual escribiendo sino, por el contrario, liberarse a uno mismo de su propia individualidad para con ello elevarse a la universalidad” (p. 375). Y Hadot continúa:
Escribir, como los otros ejercicios espirituales, cambia el nivel del ser (self), y lo universaliza. El milagro de este ejercicio, llevado a cabo en soledad, es que le permitía a quien lo practicaba el acceder a la universalidad de la razón dentro de los confines del espacio y el tiempo (p.375)
Si nos tomamos en serio la comparativa, tendríamos que decir que esa “universalidad de la razón” se da, en el caso de los blogs, en función de los mecanismos de meritocracia e identificación del colectivo por las razones anteriormente expuestas, que a final de cuentas forman una tecnología para la construcción de subjetividades. Pero, más allá de las similitudes entre ciertas prácticas apuntadas por Foucault y Hadot y algunas de las emergentes con el uso de Internet, lo que parece quedar claro es que, en principio, su uso y las prácticas que posibilita no resultan tanto un “espacio liberador” o un elemento democratizador de la difusión de la información y el conocimiento como un dispositivo de poder mucho más efectivo que otros por su capacidad de unir a muchos individuos en una dinámica de constitución del “self” de manera colectiva, estrecha y continua. Foucault apunta que “somos los herederos de una moral social que busca las reglas de la conducta aceptable en las relaciones con los demás” (2000, p. 54). Otra pista interesante es lo que Foucault llama “la función del autor” (2002), un elemento clave para el reconocimiento público, porque de esta manera el sujeto queda atado al discurso que lo atraviesa y por ello no puede escapar de una identidad fija que es a su vez el motivo de su “éxito” y su propio “fracaso” como un sujeto que busca liberarse y emanciparse:
El comentario limitaba el azar del discurso por medio del juego de una identidad que tendría la forma de la repetición y de lo mismo. El principio del autor limita ese mismo azar por el juego de una identidad que tiene la forma de la individualidad y del yo (2002 p.32) (cursivas en el original)
Y como:
Cualquier texto está siempre mediado por la presencia del nombre del autor, y su estatus y función en esa sociedad. Pero por supuesto, cómo el autor-sujeto funciona en la historia está determinado por el contexto social, incluyendo las tecnologías e infraestructuras disponibles”(Danahar, Schirato y Webb, 2000, p. 155).
Por ello, Foucault hablo de que la identidad es “capturada”
La identidad capturada: el mensajero como una red tecnosocial cerrada.
El paso de los chats a los mensajeros es uno de los ejemplos más claros de la captura de las identidades y de las prácticas en Internet(10). No me detendré en profundidad en dicha transformación; lo que me interesa recalcar aquí es que el anonimato y el juego lúdico que se abrían como posibilidades constantes en sistemas como el IRC o los MUDs, con su arquitectura abierta y sin barreras (no así normas y estructuras fijadas al interior de cada sistema), así como su posibilidad de construcción por cualquiera con conocimientos informáticos (por ejemplo los BBS se podían tener en el ordenador de casa y recibir conexiones por módem), se ve delimitado en los mensajeros, donde la pertenencia a una red de contactos no sólo está determinada por la aceptación por parte del usuario que se quiera integrar a la red, sino que requiere un conocimiento referencial sobre la persona (su cuenta de correo electrónico) y un programa “cliente” (que hace que la dirección IP esté más controlada), en consonancia con el hecho de tener al “autor como principio de agrupación del discurso, como unidad y origen de sus significaciones, como foco de su coherencia” (Foucault, 2002 p. 29-30). Por otro lado, algunas de sus características (el uso de una fotografía, el nombre o título que puede cambiar pero siempre apareciendo junto a la dirección de correo, etc.). Y su diseño y posibilidades dentro de formatos establecidos, con restricciones e imposiciones (publicidad, avisos, etc.), hacen que, al mismo tiempo que se expanden sus posibilidades simbólicas, se limiten sus posibilidades de acción. Los mensajeros, a diferencia de los chats, ya no son tanto un laboratorio de la identidad como un depositario y enclave de la misma y se fundan en la confianza, la seguridad de la red de contactos, que a su vez se basa en los méritos previos para actuar en ella. Por otro lado, hay algunos ejemplos de lo que llamo la captura de la energía creativa, que había en los primeros años de Internet, por parte de las grandes compañías como Microsoft, al punto en que incorporan, en su mensajero y a manera de traducción, uno de los elementos más creativos de la primera etapa: los “emotíconos”, de los cuales el sistema hace la “traducción” simultanea, de manera que ya no aparecen signos de puntuación que requerían una “decodificación” por parte del usuario receptor (voltear la cabeza para un lado) sino que ya aparece un gráfico estándar e incluso una barra de herramientas que permite desplegar los íconos sin haber conocido su origen creativo.
Epílogo: (Tecno)Biopoder en tiempos de Google
Si bien las ideas propuestas de Foucault no pueden ser utilizadas con irresponsabilidad y laxitud, resulta un interesante juego mental usar algunos de sus argumentos para aportar pistas sobre fenómenos recientes, aunque sólo sea manera de experimento discursivo. Por ejemplo cuando, en la Historia de la Sexualidad, Foucault habla del cambio que sufrieron las prácticas sexuales de los griegos al pasar del “cuidado de sí”, a la “reflexión sobre sí mismo” y los cambios que ello trajo como consecuencia y que podría resultar similar a lo que planteé del paso del Internet a la Web 2.0. Así mismo, fenómenos como la mensajería instantánea o los blogs nos hablan de un cambio radical entre la participación en discusiones y temáticas colectivas a la “personalización” de las redes tecnosociales, un cambio que resulta interesante porque centra la atención no en el colectivo y la construcción común sino en la lucha por resaltar, pertenecer y finalmente Ser. O, por ejemplo, que empresas como Match.com tengan tanto éxito incorporando y estandarizando las prácticas sexuales anteriores en una especie de “cajita feliz” donde ante todo se ofrece eficacia y seguridad (con la garantía de una transacción comercial). Años de una “ars ciber-erotica” basada en la experimentación, el ludismo y el juego dan paso a una “ciencia cibersexual y empresarial” que da orden a la entropía de “amantes potenciales” adecuándolos a la fácil y cómoda búsqueda de características específicas (interesante, basadas en el referente físico y geográfico), a paquetes identitarios a la medida de un cliente. Como dicen Danahar, Schirato y Webb (2000): “Los discursos sexuales contribuyen significativamente a la forma en la que las sociedades establecen “la verdad” del sujeto, y las normas de las relaciones que esos sujetos deben tener con ellos mismos y con los otros” (p. 134)
Ahora bien, la ubicuidad de Internet y la disolución de la supuesta división (que por otro lado nunca existió) entre espacio físico y espacio virtual, con sus referentes cartesianos en el primero y sus “rastros digitales” en el segundo, posibilitan que nuevos dispositivos técnicos afiancen esta relación entre saber/poder (cfr. Jordan, 1999), reforzando con ello el proceso de construcción del sujeto mediante tecnologías discursivas, extendiéndolas además a esferas ya no sólo de un biopoder sino de un biopoder tecnosocial. Lo anterior tiene relación con lo que señala Foucault respecto a que a partir del siglo XIX la “palabra misma de la ley no pudiese estar autorizada en nuestra sociedad más que por el discurso de verdad” (2002, p. 23), siendo la ciencia la que ha enarbolado dicho estandarte. En este momento, y haciendo un paralelismo, Google se erige en un nuevo dispositivo de verdad, al menos en cuanto a la información que se puede encontrar en Internet, y por lo tanto legitima la meritocracia y se basa en una identidad “sólida” constante y anclada:
El discurso... no es simplemente lo que manifiesta (o encubre) el deseo, es también el objeto del deseo…el discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual, se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse (2002, p.15)
Ahora bien, la pregunta que abre la reflexión (y con la que cierro el texto) sería: ante la opinión general de que la Web 2.0 abre caminos de libertad, creatividad y difusión del conocimiento, ¿no será, por el contrario y precisamente, un mecanismo mucho más sólido y potente (teniendo el discurso que maneja) de relacionar características tales como el éxito o el anclaje de la identidad con sus referentes más “sólidos”, y por lo tanto capaz de constituirse como una tecnología de la construcción de subjetividades alineada con las nuevas técnicas disponibles?
Notas
(1) Hasta ahora, trabajos muy diversos sobre cuestiones tan aparentemente lejanas como el comercio electrónico y el cibersexo habían sido encasillados en los así llamados “Estudios de Internet” (cfr. Silver, 2004). Esta cuestión habría que matizarla y ya comenzar a generar conceptos más adecuados; en este caso el que revisaré se ha denominado Comunicación Mediada por Computadora y se refiere a la interacción entre personas mediada por la tecnología (ahora ya no sólo por el ordenador sino, por ejemplo, a través del uso de los móviles).
(2) Y que tampoco presenta una novedad en sí misma habiendo trabajos previos sobre esta temática a la luz del trabajo de Foucault (Domínguez, 2004; Aycock, 1995). En todo caso, la pretensión de este trabajo sería analizar los fenómenos más recientes relacionados con la CMC como los blogs o la mensajería instantánea.
(3) Para un análisis profundo de los objetos y las metodologías de estudio de la CMC véase Gómez y Galindo, 2005; Silver, 2004 y Wellman, 2004.
(4) Internet Relay Chat
(5) Bulletin Board System
(6) Un texto que revisa esta cuestión a la luz del concepto de Panopticón de Foucault y que propone que el anonimato puede ser positivo para revertirlo es el de Jonson y Miller (1998).
(7) Entiendo por Institucionalización aquí el hecho de que la mayoría de los sistemas de CMC actuales son programas que pertenecen a grandes compañías y que tienen diseños y reglas establecidas con pocas posibilidades de cambio.
(8) Me parece innecesaria la aclaración de que cuando hablo de Internet o CMC no estoy olvidando las cifras de acceso tan reducidas y la desigualdad todavía existente entre grupos de usuarios, parto de que ese hecho es necesario de estudiar pero ese no es mi objetivo, al menos en este trabajo
(9)Al respecto algunos de los casos más interesantes se dan en Youtube, un sitio donde se pueden colgar videos y que algunos, debido a su enorme éxito, han sido referidos por periódicos y televisoras (sólo por poner un ejemplo, cito el caso de “la caída de Edgar”, un video de un niño que hacen caer a un río en una excursión familiar y que lanza todo tipo de improperios a su hermano. Este video fue utilizado por el periódico mexicano Reforma
(10) Hay otro autor que ha trabajado esta transición, cfr. Gordo (en prensa).
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