David Bustos

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Peces de Colores (2006).


En una habitación a oscuras

A Cristián Gómez


El techo no me deja ver nada
ni siquiera puedo ver el piso.
La escala que conduce al principio
se torna cuerda movediza
y el mar crispa
en torno a un idéntico círculo.

No puedo ver mis manos
no puedo ver mis pies.
El techo sobrevuela el muro
la reja el portón que flamea
no puedo ver cómo flamea el portón
cómo se abre el piso.

La soga ahorca mi vista
y no puedo ver el vuelo
ebrio sobre esta isla en llamas.
No puedo enroscarme el ojo
si todo se enrosca allá afuera.

Los carbones enrojecidos
abrieron sus ojos en los pies
y los pies insisto, no los puedo ver.

Cuando muere la vista despierta el cazador
el gato atrapa una imagen
una mariposa por ejemplo
que vuela en una habitación sin techo
y el techo es techo cuando la mariposa nocturna
se estrella en llamas contra un portón que flamea.

Hablo de un hombre ciego en una habitación a oscuras
que busca en los bolsillos de su mente
que busca con los dedos el deseo.

Un hombre ciego que escarba en los sonidos
un punto de apoyo o sea despierta
de su ceguera para entrar en otra ceguera
más vaga y luminosa a la vez.








De Ejercicios de Enlace (inéditos).


EJERCICIO Nº12

La piel de mi padre se ha llenado de blancas manchas, como hembras
caracol que dejan sus huellas en las rocas
de la costa. El padre ha batido sus alas
ha emprendido el vuelo ha teledirigido y calculado
su huida. Salimos al patio
de la casa y miramos hacia al cielo:

una bandada de pájaros se dirige hacia el verano.








EJERCICIO N º 31

Jonás duerme en una litera que casi roza su frente.
Los marineros piensan que se ha robado una viuda
otros lo confunden con un falsificador.
La puerta de su camarote no tiene llave
esconderse en el vientre de un barco que se dirige a la amnesia
no basta, el laberinto recién comienza:
El mar al poco andar se rebela.
La cubierta vibra
Jonás abre sus ojos de golpe
el cielo se descompone como un artefacto eléctrico
las sospechas, la paranoia, la confesión
la pesada mano del desalojo.
Jonás ve cómo se aleja su barco, las aguas ahora son una taza de leche.
El viento apenas sopla el monstruo marino
cierra sus cerrojos, la prisión y la oración comienzan.
Tres días bastan para que el enorme mamífero vomite
un cuerpo arrepentido.

Nadie espera a que Jonás vuelva.






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