Edmundo Lizardi

De La Siega, la enciclopedia libre.







Cabalando

I
Antiguos compañeros de juego
Se reconocen
          En la figura
                    De una carta

En los borrosos dados
Fijos sobre la mesa
En que a veces escribo




II
Verde abracadabra
Ombligo de deseo
Alacrán de la sangre

¿Qué imperio de palabras

Nos cuenta entre sus ascuas?

¿Qué Orden, caballeros
Nos arma y nos desarma?

Bruja:
Sal de tu carcajada
Dime cómo le hago
Para hablarme de tú
Con mis palabras.










Creta 91

En la orilla de enfrente
Un barco atraca en El Pireo

Aquí en Hania
Otro barco se acerca

Esta noche
El canto de un marino americano
-de regreso del frente-
Llegará hasta el lecho
                    de Zeus y de Europa

Y la isla de Creta
Será un barco que se hunde
Con las luces prendidas

Con su carga de hombres y de dioses
En paz consigo misma.










Arribo

Toda la noche oyeron pasar pájaros
La húmeda vigilia
Un tatuaje de fe
Cada uno en su lengua
Descifró el arpegio del agua
                              y de la brisa
Su esencia de raíz
                    tierra promesa










Nocturno 1607

Ha velado mi sueño esa mujer
Me ha contado la historia que se cuenta
A los niños insomnes
Que salen a buscar
Por la escarchada brecha
El perfume del monte y sus espinas

Me ha oído hablar con Dios
Bendecir, maldecir
La hora en que la lengua
Surtidora de fábulas
Ilumina la sangre
De la resurrección y la caída
Me ha visto deslizar una cruz de ceniza
En la vertiginosa frente de la Maga
Que me ha enseñado la jerga del bandido
Y el dialecto de los condenados

Ha seguido el galope de mi cabalgadura
Rumbo a los pantanos del Sur:

“Montado en esa yegua de oscuro corazón
No llegarás muy lejos

“La noche es un relámpago
Agua estancada el tiempo

“Tú casa, nuestra casa
Un castillo de arena
En la orilla del Mundo“

Ha velado mi sueño esa mujer
Me ha cubierto de besos

Ha cerrado los ojos de mis muertos
Y enterrado los cuerpos de mis muertes

Vuelvo al reino de su perdón
-corazón de la fábula-
Donde crepitan mis enjambres

Pastan mis ovejas
Y se alistan mis ejércitos.










Rambla Blues

I
Desconocer al otro, a la otra
Desconocerse en lo desconocido
Salir, desde el rincón del fondo
Reinventando la ruta entre las mesas
De la mano de Ariadna, la del hilo

Alcanzar la banqueta

Y leer en los restos de la noche
-espiral de ceniza-
La novela del sueño colectivo




II
Haz cruzado la acera
De una costa a otra
Y te sientes el mar
Un mar espeso, turbio

“El mar más muerto de los mares muertos”

Quisieras cometer la herejía del musgo
que penetra la piedra, la habita, la transforma

Creer en el más alto milagro de la fe:
Bastante ha hecho el hombre con ponerse de pie
Y conquistar el reino de unas cuantas costumbres.




III
Seguir el rumbo de los callejones
Bajo el soplo del hash

Arrojar tres monedas en una pandereta
Y admirar la conversión de mimo en una estatua

Darle la vuelta al mundo en bicicleta
Por la ruta indicada en el mapa
                                                  del ciclista danés

Escuchar la oferta del camello marroquí
Y su enervante zoología fantástica:
Tigres, burros, yeguas…

Viajar en las miradas de las brujas
Heroicamente asidas a pelo del caballo

Sentir un sudor frío
Al rozar el perfil de una gitana
Y su mirada terriblemente oscura

¿Qué le dirían mis manos
La de la abuela puta de Carrer de la Verge
Las del joven artista que sale del Liceo
Con paso titubeante?

Confabular las lenguas
Hablar todas las lenguas
Y asistir al combate
Con la certidumbre de Dios
                                                  el Primer Día

Creer en el espacio que se descubre
Y en las horas que se conquistan

Sin mirar hacia atrás
En busca de la mujer
Que te sigue los pasos




IV
Seguir al pasajero del metro de las 12
Hasta una estación desconocida

Subir las escaleras
Contra un viento helado
Que castiga la frente

Salir a una avenida
De iridiscentes grifos
Y lentas fumarolas

Y ponerse a orinar en una esquina
Como quien se desangra








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