Emma Rueda Ramírez

De La Siega, la enciclopedia libre.

Por Emma Rueda Ramírez



Del poema de tu cuerpo


I.

En este río subterráneo

los peces sin ojos nadan.

Aquí palpito tus muslos,

salinas

de letras para leer la luna

cuando duerme más temprano.

Tamuín náutico,

seductor que así ama.



II.

Con las espinas del amor

dejo mi ojo de agua

en tu lengua y sabinales

para que cada mañana,

como una bendición,

crezcan las palabras

bajo el Nopal de Dios.



III.

Alzo tus ojos

amigos

y no puedo

ponérmelos

para ver mejor.

Recojo

las que fueron

tus manos,

alas

con que voló

mi sueño.

Aprieto

el paso

que caminamos

del diario afán

a los misterios.

Duermo en la cama

de otras palabras,

mi alfabeto

es tu misma sábana.






La vida en un dedo

Mira cómo

se juntan

Medea

y Orfeo.

Mira

cómo

circula

la vida

en este dedo.





El adiós que te mira


                                                                        Para Abigael Bohórquez


Es demasiado pronto para el olvido

porque decirte adiós es mirarte ahora

con tu turba de góndolas y arribos

acurrucados en el vértigo y el trigo.

El instante detiene difuntos

de legua y caminata

donde la muralla nos cierra

el brote de ternura y de regatas.

No quiero pulir tu lengua

para un romántico vacío.

Ni cantarte las glorias de la escarcha

por panes no duros pero sí sombríos.

Sólo vuelvo a pedirles tregua y peregrinos

para trocar tu tumba

en olmos o en himnos.






La niña enferma

La niña enferma

siempre busca

la clave

para ser mejor,

a corazón abierto.






La voz

Cada caña

es una mujer

que me habla.






El otro batey

El otro batey,

el más tuyo:

es aquel

donde te muerdes

dos y uno.


Para trabajar en el ingenio,

de verdad, sí te muerdes

                                    los dos

y estás más cerca

                                    del infierno

que del mismito Dios.






El diablo que te la muela

Para una buena molienda

no necesitas de dientes

pero sí de buenos peines

y el diablo que te la muela.






Estación niña

Hija mía,

nadie sabe que tú naciste

de un sueño de azúcar imposible.






Mar de Icaria

Mar de Icaria

donde naufragan

uno a uno

los muchos nudos

de un solo mundo.

Mar de Icaria,

que ahogas

las almas

y las almas.

Busco, y hallo

tu agua.

Icaria,

mar

más-más

necesitada.


No el vuelo ahogado.

sólo un final nítido.

Nada más tus alas

de bóveda clara,

sola tú, Icaria.






Fundamento del miedo

Tenía miedo de llamar

Y que nadie me escuchara,

Luego llamé

Y todos estaban sordos.


Tenía miedo de hablar

Y que nadie me entendiera,

Luego hablé

Y todos estaban mudos.


Tenía miedo de amar

Y que nadie me amara

Luego amé

Y

Ya se habían ido todos.






La loca de tu casa

En otras palabras,

tú eres el sabio.

Yo soy

la loca de tu casa.

De cualquier modo,

te amo.






La siesta del beso


V.

Quizá permanezca

Como una pesadilla perpetua.


Soy el Yago de la tragedia

Y sepulto a Otelo

En los propios celos.


Dormir quiero con Desdémona

El sueño eterno.


Mas, la tengo y no la tengo.


La dulce leche de su sexo

Revienta mi último orgasmo.


Si fuera lobo o centauro,

Pienso.


De mi no salgo ni en ella entro.

Tengo demasiado miedo,

Lo confieso,

A morir de nuevo.


Otra vez Yago,

Viene a mi encuentro.


Lo mato.




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