Entrevista a Ezio Neyra: "...quizá lo mejor sea detener el tiempo antes que nos terminemos sacando los ojos."

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Por Luis M. Hermoza

Dos novelas en un año Habrá que hacer algo mientras tanto (Solar Central de Proyectos, 2005) y Todas mis muertes (Alfaguara, 2006), director del joven e interesante sello editorial Matalamanga y de la Asociación Civil Niñolee, que tiene como principal objetivo fomentar la lectura en la infancia, organizador de eventos culturales, sociólogo, es el prolífico e imparable Ezio Neyra, considerado por La Tercera de Chile (segundo diario en importancia del país del pisco) entre las once promesas literarias de la narrativa latinoamericana, quien hace un descanso en su rutina diaria y nos responde vía e-mail esta entrevista que además de reveladora resultó hasta divertida.

A continuación, el escritor nos narra un viaje en primera persona que va desde el nacimiento de Matalamanga y el panorama editorial peruano y literario hasta sus proyectos más recientes y futuros, no sin dejar de abordar sus dos novelas y hablarnos incluso de algún que otro proyecto fenecido.



Matalamanga

Ezio neyra por Sophie Canal.
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Ezio neyra por Sophie Canal.

LS: ¿Por qué te embarcaste en el proyecto del sello editorial Matalamanga?


Todo empezó como jugando. En 2001 nos reuníamos con un grupo de amigos, todos escritores, a leer nuestros textos y a comentarlos. Entonces también hablábamos de nuestros deseos de publicar, aunque escribiéramos textos impublicables. Hablábamos también del mercado editorial peruano, y lo encontrábamos muy pequeño, en donde difícilmente un escritor joven podía encontrar espacio. Se nos ocurrió así formar una pequeña editorial, en donde publicáramos, de acuerdo a nuestro criterio, aquella literatura que encontráramos valiosa. Y no solo de gente joven. También, desde el comienzo, estuvimos interesados en el “rescate” de autores mayores que, aunque muy buenos escritores, no tuvieron el reconocimiento debido.


LS: Después de estos años que han transcurrido, ¿cómo evaluarías el camino recorrido por Matalamanga?

Ha sido un camino lleno de alegrías, de peleas, de frustraciones, de satisfacciones, de desilusiones, y de reciclajes. Las cosas en general, supongo, suelen ser así.

Me parece que la primera etapa que nos planteamos, hacer que Matalamanga sea conocida como una editorial seria, ya está cumplida; quizá recién desde comienzos de 2006. Ahora, claro, se trata de dar un siguiente paso: el de convertirla en una editorial que, además de seria, profesionalice sus dinámicas, salvo las afectivas, para poder seguir creciendo. Es como el sueño de la casa propia. Una vez la tienes, deseas luego hacer refacciones, construir un segundo piso, una piscina, etcétera. Pero, a diferencia de una casa, en donde tienes limitaciones debido al espacio, en Matalamanga no hay límites. Esa capacidad de moldear tu propia editorial, tu propio camino, es quizá lo que más me sigue motivando.


LS: ¿Qué defectos y virtudes concluyes de todo ello?


Son tantos los defectos y errores que tenemos y que hemos cometido, que si te los cuento todos esta entrevista terminará por parecer una sesión de terapia. Y no se trata de eso. Sin embargo, así, de manera un tanto vaga, puedo decirte que a veces hemos hecho las cosas un tanto apresurados, lo cual, en el trabajo editorial, no es la mejor opción.

Sobre las virtudes, supongo que la mejor que tenemos es habernos dado cuenta de que a veces es mejor bajar la velocidad, ir con calma, respirar, tomarse un café, o dos o tres, antes de actuar. Esto no ha sido tan difícil, felizmente. Nos encanta el café.


LS: ¿Cuáles crees que han sido los peores enemigos u obstáculos de tu proyecto?


Espero que enemigos no tengamos, aunque a veces aparecen, uno nunca sabe de dónde salen, ni cuáles son sus motivos. Obstáculos, claro, pero naturales, digamos. Propios de un mercado editorial tan pequeño como la cantidad de nuestras virtudes.


LS: ¿Cuál es la línea editorial de Matalamanga? ¿Crees que ya hacia el exterior, los lectores y compradores, proyecta alguna imagen particular? ¿Cuál crees que es y por qué?


Supongo que Matalamanga puede ser identificada como la editorial que apela a la apertura. Por ejemplo, no queremos ser catalogados como una editorial en donde solo se publique a autores jóvenes. Como te decía antes, también nos interesa el “rescate” de autores mayores que no fueron debidamente reconocidos en su momento. Por otro lado, la gente que forma Matalamanga proviene de distintas especialidades: cine, gastronomía, literatura, astrología, técnicos en computación, artes plásticas, filosofía, sociología, economía, educación sexual, ciencias ocultas, antropología, entre otras; lo cual, aparte de convertirnos en el paroxismo de la interdisciplinariedad como grupo, hace que en nuestras reuniones terminemos hablando de tantos temas diversos entre sí, que muchas veces acabemos por perdernos en conversaciones que no nos llevan a ningún lado; pero igual la pasamos bien. Muchas veces reímos. Nuestra diversidad y curiosidad son las causantes de la variedad de nuestras publicaciones: basta con decirte que tenemos desde una colección de poesía hasta una de humor, pasando por una de novela, una de cuento y otra de ensayo.



Panorama editorial


LS: ¿Cuál es la relación que existe entre las editoriales “jóvenes” peruanas? ¿A qué crees que se debió el boom editorial peruano?

Nos relacionamos de diferentes maneras. En un momento intentamos unirnos bajo una asociación que pudiera permitir que cada una alcance sus objetivos más rápido. Ese primer intento fracasó. Luego llegó Punche. Editores Asociados, que funcionó (¿o funciona?) bastante bien. Llegamos incluso a llevar a cabo uno que otro proyecto juntos. También, claro, nos relacionamos de otras maneras: de vez en cuando salimos por un trago, una que otra vez nos saludamos por nuestros cumpleaños.


LS: ¿Cómo calificarías el panorama editorial peruano actual?


No conozco el panorama editorial peruano. Conozco, y no completamente, el limeño, que es muy amplio y diverso. Sería fantástico que las editoriales de otras ciudades del Perú tuvieran presencia en Lima, o, lo contrario, que Matalamanga u otras editoriales limeñas, estuvieran presentes en otras ciudades. Ahora bien, si hablamos del mercado editorial que conozco, lo encuentro rico en propuestas y alternativas. Aquí tenemos desde los grupos editoriales transnacionales (como Planeta o Santillana) hasta las editoriales pequeñísimas, incluso más pequeñas que Matalamanga.



Generación


LS: Es obvio que coincide el nacimiento o boom de las editoriales jóvenes con una aparición de autores jóvenes también, entre ellos tú. Del mismo modo, es cierto que has (y han) de estar algo cansados de que les pregunten continuamente si es que se puede hablar o no de una “generación” en narrativa o “grupo literario”, más allá de las claras diferencias que existen en sus estilos, temáticas y demás. Pero, ¿cuál era la relación que había entre ustedes al momento de la aparición de los nuevos sellos y cuando comenzaron a publicarse sus primeros libros? Es decir, ¿se conocían?, ¿se leían?, ¿se comentaban?


Yo no conocía a nadie. Aun hoy en día conozco a muy poca gente. Ya me gustaría saludar afectuosamente a más personas. Pero, claro, cuando uno se mete en un rubro tan pequeño como el de la producción literaria, es inevitable que conozcas a tus pares y que ellos te conozcan.

A partir del surgimiento de Matalamanga y luego de Lamujerdemivida, pude trabajar con varios autores, entre ellos Edwin Chávez, Leonardo Aguirre, Luis Hernán Castañeda, Johann Page, Álvaro Lasso, entre otros. Luego, por supuesto, con cada uno de ellos guardo una dinámica diferente, pues al fin y al cabo se trata de relaciones humanas. Con algunos intercambiamos nuestras producciones. Con otros, no.


LS: ¿Cuáles crees que fueron los rasgos que alimentaron la idea de la existencia de una “generación” o “grupo”, si es que había alguno además de la más o menos coincidencia de edades y procedencia, ya que muchos estudiaban en la misma universidad? ¿Crees que en algunos puntos de sus poéticas o quehaceres literarios convergían?


Hasta donde entiendo, y normalmente entiendo muy poco, lo que se ha venido diciendo es que lo que caracteriza a los autores que empezaron a publicar a partir de 2003, usemos este año para fines prácticos, es que existe una ruptura con quienes publicaron durante la década pasada. Se dice de nosotros que cuidamos más del lenguaje, que muchos hacemos metaliteratura. Se dicen muchas cosas de nosotros, aunque yo prefiero seguir pensando que hablar en términos de generación, en un escenario en donde hay tantas y tan diversas propuestas narrativas, puede ser peligroso en tanto termina reduciendo un fenómeno que encuentro irreductible. Dejarnos trabajar creo que es la alterativa más sana. Ya veremos después, solo si es estrictamente necesario, cómo nos clasificamos.


LS: ¿Existe en la actualidad contacto en ustedes, los escritores jóvenes de narrativa aparecidos en este siglo? ¿Cuál es la relación que conservan? ¿Cuáles los proyectos en los que anda cada uno?


Claro que hay contacto. Nos mandamos correos cariñosos, y otros no tanto, hablamos por messenger; de vez en cuando se organizan conversatorios, a los que no voy o no me invitan; nos saludamos cuando nos encontramos en algún espacio público.



“Habrá que hacer algo mientras tanto”


LS: ¿Qué te motivó a escribir tu primera novela? ¿Cómo fue la génesis de la misma?


El libro empezó a partir de un cuento que tenía escrito desde hacía varios años, que comparte título con el que usé para el libro. Luego, en pleno proceso de escritura de mi segunda novela, Todas mis muertes, preferí retomarlo y corregirlo y reescribirlo. Fue en ese proceso que me di cuenta de que podía ampliar la historia con el objetivo de darle más profundidad.


LS: El título de tu primera novela Habrá que hacer algo mientras tanto responde a una necesidad de pasar el tiempo en espera de un algo distinto, mejor, esperado, etc., en suma, otra cosa. ¿Por qué titulaste así tu novela?


Creía entonces, y de hecho sigo creyendo, que a mi primera novela no le cabía otro título más que el que tiene. Y sí, supongo que el título responde a lo que sugieres. Al menos me ha empezado a gustar la idea de que es un título sugerente. Sin embargo, no creo que sea necesario (aunque cada quien puede hacer lo que le venga en gana), pensar en Habrá que hacer algo mientras tanto como una novela alegórica, que intenta dejar una moraleja. Creo que es mejor leerla y entenderla desde la misma ficción, desde los propios cuestionamientos de sus personajes. Para qué irse a buscar una posible interpretación más allá del libro mismo.


LS: Los personajes son nombrados por el narrador según algún rasgo particular de cada uno: Alto, Gordo, Mediano, e incluso entre ellos mismos se llaman de esta forma. Se podría decir que no tienen nombres. Incluso el intento por conocer el nombre de uno de los personajes por parte de otro fracasa. ¿Qué te llevó a ello? ¿Por qué?


Porque considero que Alto, Gordo y Mediano son biotipos. Son casos particulares de una gama de personas-personajes mucho más amplia. Si, por el contrario, hubiesen llevado nombres propios, claramente reconocibles, creo que el intento hubiese sido fallido.


LS: Tu novela está cargada de simbolismo. Alto, Gordo y Mediano se conocen fortuitamente, empiezan una empresa en la que más o menos, mal que bien, creen, se unen para ello, trabajan y fracasan de la peor manera posible. Es una manera muy pesimista de ver la sociedad, que no deja de tener una preocupante lectura o moraleja. ¿En verdad, tan poca confianza o esperanza te merece la naturaleza humana? ¿Cuál es la lección que buscas dar con tu primer libro?


No estoy seguro de que el de ellos haya sido un intento fallido. Todo lo contrario: si lo vemos desde la ficción narrada, ellos logran construir una embarcación, y, a pesar de que no hubiera ni mar ni río, partir en ella, que era lo que más deseaban. En esa medida, más bien, se trata de un intento exitoso.

No confío ni desconfío en la naturaleza humana porque no la conozco lo suficiente. No conozco ni siquiera la cuarta parte de mi propia humanidad. Ya me gustaría poder hablar de ella con la seguridad con que se afirma que cuatro es la suma de dos más dos. Lo que sí creo, sin embargo, es que estas son épocas difíciles, que ya sabemos qué esperar de tiempos futuros, que quizá lo mejor sea detener el tiempo antes de que nos terminemos sacando los ojos. Y no hablo de ti o de mí, hablo de los grandes conflictos, y no sólo bélicos, que cada vez son más en cantidad y más interesados y estúpidos en sus razones.


LS: Del mismo modo, Alto, Gordo y Mediano quieren huir de un espacio impreciso para recorrer un camino desconocido hacia un lugar inexistente. ¿Crees que la sociedad contemporánea va por los mismos derroteros, que se encuentra en una situación similar?


¿La sociedad contemporánea? Puede ser. Aunque habría primero que llegar a un acuerdo sobre qué entendemos ambos por sociedad contemporánea. Podría hablarte de qué quiero yo o de qué quieren algunos amigos o amigas que me han contado sus deseos y ambiciones; pero hablarte de la sociedad contemporánea me haría parecer una especie de gurú que ve más allá de lo evidente, y estoy lejos siquiera de parecer seguro de mí mismo.


LS: Tal vez un único rasgo guardan en común los tres personajes: el deseo de la huída. Todos queremos huir, entonces, nadie está conforme en su lugar. Es el rasgo común de las generaciones recientes. ¿Habrá que hacer algo mientras tanto va por allí?


Te respondo algo similar a mi respuesta anterior. Creo que nos apresuramos cuando generalizamos y usamos frases como “generación”, pues más que ser una categoría que ayude al análisis, termina siendo una etiqueta que reduce un universo amplio, rico y diverso. Y es que si bien podría hablarse de una “generación” únicamente bajo el criterio de lo coetáneo, creo que son más los rasgos que nos diferencian que las características que nos unen. Idea: somos la generación de las diferencias.


LS: Y esta huída no tendrá ningún fin ni resultado, porque el ser humano, es social por naturaleza, aunque sea individualista por preferencia. En tu novela, es obvio que te inclinas al triunfo del individualismo. ¿A qué se debe? ¿Qué pretendes decir con eso?


Quizá se deba a que las grandes y utópicas empresas colectivas han quedado rezagadas. A lo mejor este es un tiempo para pensar en uno mismo, para plantearnos utopías personalísimas, individuales.



"Todas mis muertes"


LS: ¿Quiénes mueren esta vez?


Todos. O quizá ninguno. Ya no lo recuerdo porque pareciera que la memoria nunca es fiel a nuestra propia historia. Siempre nos mete cabe, siempre busca sus propios atajos para volver a contarnos una historia que dista mucho de la verdadera.

Ahora que el libro está publicado, aunque no terminado, creo que este enfrentamiento con mi propia memoria es quizá lo que más haya disfrutado durante el proceso de escritura del libro. Además en mi caso, que soy un desmemoriado, tuve que esforzarme doblemente para poder volver a ser capaz de sentir, oler y observar los colores y las texturas de mi propio universo infantil en Camaná.


LS: Nuevamente un viaje, pero ahora un viaje de reconciliación con el pasado, al mundo de la infancia. Las diferencias son notorias con tu primera novela. ¿Por qué en esta ocasión viajar a la infancia, para seguir esta vez avanzando?


Porque para el protagonista, Francisco Neyra, era la única posibilidad que tenía para reinventarse, que, al mismo tiempo, era lo que más deseaba. Además, si tomamos a la vida como un continuo abrir y cerrar círculos, es sano que cerremos aquellas circunferencias que nos hacen daño, que no nos dejan en paz, que nos pesan demasiado.


LS: Del casi anonimato de tus personajes de la primera novela pasas en Todas mis muertes a las referencias del texto incluso personales, el nombre del protagonista (Francisco Neyra) es una clara evidencia. ¿A qué se debe el cambio? ¿Qué te impulsa esta vez usar a este recurso literario?


Porque, a diferencia de Habrá que hacer algo mientras tanto, en donde los personajes son biotipos; en Todas mis muertes se narra una historia particular que no intenta ser referente de un universo mayor. En esa medida, creí necesario valerme de nombres y lugares claramente reconocibles. De hecho no solo el protagonista lleva mi apellido; también sus abuelos llevan el nombre de mis abuelos, y su tía se llama como una hermana de mi papá, y buena parte de la novela transcurre en Camaná, lugar donde pasé varios veranos, y donde aún viven muchos familiares.


LS: ¿Qué tanto de autobiográfica tiene esta novela?


A mi entender, toda novela es autobiográfica, aunque no en el sentido estricto de la palabra. La mía no es una novela autobiográfica porque no narra fielmente nada cierto, nada que haya vivido. Pero sí es autobiográfica en tanto me parece inevitable que cada escritor no deje en su propia creación un pedazo de su universo afectivo. Y no me refiero a que la creación literaria tenga necesariamente que ser un vehículo catártico. Lo que pasa es que siempre, incluso cuando se escribe sobre el siglo XVI o sobre embarcaciones que recorren mares sin agua, aparecen los afectos y la memoria. Y en esos casos, cuando se está rodeado de afectos memoriosos, es difícil hacer algo porque se vayan. Qué se puede hacer.


LS: Además del aparente cambio temático y de estilo entre tus dos libros, encontramos puntos comunes. ¿Cuáles son, según tu opinión, éstos?


Como bien lo has dicho, ambas son novelas en donde el viaje, en su sentido de desplazamiento, y también en el sentido emocional, son los motores que generan las acciones de sus protagonistas. Si en Habrá que hacer algo mientras tanto se trató de un viaje de huída en tanto única posibilidad de reinvención; en Todas mis muertes se trata de un viaje hacia el origen, que el narrador considera inevitable para cerrar heridas que se abrieron durante su infancia.


LS: Has mencionado que al protagonista, a través de sus experiencias que le generan sus traumas, “le pasan la factura más pesada”. ¿A qué te refieres con eso?


Los círculos aparecen. Hay que cerrar aquellos que nos hacen más daño, que más infelices nos hacen parecer. En esa medida, los acontecimientos a los que asistió Francisco Neyra durante su infancia le generaron una serie de traumas que él mismo decide poner fin luego de cerca de quince años llevándolos encima.


LS: ¿Qué es lo que aprende Francisco Neyra con su viaje a la infancia?


No aprende nada. Entiende, más bien. Y luego de entender, que era algo que, creo, no tenía previsto, es capaz de cerrar el círculo e iniciar una nueva etapa. Logra reinventarse.


LS: ¿Quiénes, quién o qué asesinó la infancia de Francisco Neyra?


Ni yo mismo lo sé. Son tantas las razones por las que su infancia fue muerta, que será bueno que cada lector se forme su propia opinión.



"Lamujerdemivida"


LS: ¿Qué pasó con Lamujerdemivida?


Dejó de circular. Lamujerdemivida, en su edición peruana, ha muerto.


LS: ¿Cuál fue tu experiencia al trabajar ese proyecto y qué sabor de boca te dejó?


Fue una experiencia fantástica, aunque también fue una época con mucho trabajo. A mí me pone muy triste que la revista haya dejado de aparecer, sobre todo porque sé que tuvimos, en tres números publicados, una buena cantidad de lectores que se entusiasmaron con ella.


LS: ¿Tienes pensado embarcarte en algún otro proyecto similar?


Por el momento no. Al menos no una revista impresa, pues eso genera que uno tenga que estar atado a Lima, y en este momento ando más bien pensando en varios viajes pendientes que espero llevar a cabo en los próximos años. De hecho, estoy pensando en vivir en el extranjero una buena temporada. Aunque, como en todo, hay que verlo para creerlo.

Felizmente existe el Internet. A lo mejor y me animo a armar una revista virtual.



Futuros proyectos


LS: Sé que estás escribiendo dos novelas, una sobre nuevamente la puesta en marcha de un proyecto en común: una peluquería, y la otra ambientada en el siglo XVI apoyada especialmente en la figura de Santa Rosa de Lima. ¿Por qué escoges narrar ahora estas dos historias? ¿Por qué escoges una peluquería y a Santa Rosa de Lima?


No escogí a Santa Rosa de Lima y a una peluquería. Menos a una peluquería en donde Santa Rosa fuera a cortarse los largos cabellos que tenía. Ambas historias me escogieron a mí. O mejor, para no sonar tan místico, ambas historias se han convertido en obsesiones, aunque mis pensamientos sobre ellas tengan orígenes diferentes. Con Santa Rosa pasó algo raro. Si bien su imagen, que he visto representada de diferentes maneras en múltiples ocasiones, siempre me atrajo, no fue sino hasta que leí algunos ensayos en torno de su imagen simbólica (sobre todo los textos de Mujica y Millones), que pensé que había una historia fantástica que poder contar sobre la época en que vivió, sobre la ideología religiosa de entonces, sobre el intento del reino de España de instaurar una conciencia criolla en sus virreinatos. En fin, sobre Santa Rosa de Lima.

Sin embargo, creo que he hecho mal en haber empezado a hablar públicamente de ella porque quizá todo lo que he venido afirmando no sean más que mentiras. A lo mejor, quién sabe, termine escribiendo una novela sobre la importancia del agua en nuestros tiempos, que es un tema que me apasiona tremendamente.

En cuanto a La peluquería, cómo no escribir sobre una de ellas… Son tantas las veces que he ido, tantas las veces que me han cortado el pelo de manera diferente a como deseaba, tantas las ideas y conversaciones que he tenido dentro de sus paredes, que me parece poco menos que falto de cortesía de mi parte no dedicarle una novela.

Finalmente, te cuento, en la peluquería que describa habrá un retrato de Santa Rosa de Lima. De hecho, es posible verlo apenas se ingresa en ella.




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