Ernesto Carrión

De La Siega, la enciclopedia libre.



De La muerte de Caín.




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esto que se abre sobre ti, ahora es el cielo. Podría pensarse es un cuerpo, con intenciones de instaurarse, entre el zarpazo del ojo y tu hoja tendida 0.25 de grama testaruda. Pero esto es una choza nipona donde aparece tu madre, de sólo 30 años, sollozando. El temblor de su silencio rayando las paredes/ formando rostros en las manchas de la losa. Su abrazo como un mantel enorme encendiendo tu fuego. Cerrándote en su torno. Cobrando un sentido extraño, pero completo, en todas las erupciones de lo confesado. Días hirviendo su acero sobre los párpados ávidos de cordeles. La piel trabada en los labios, moviéndose a la sombra.




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con los ojos abiertos como animales blancos: has escupido en la boca de mujeres hermosas. Has escupido entre sus piernas cuando vuelven de la muerte y se desploman con la mirada incrustada en la cornisa. Has escupido en la boca de mujeres maduras, gordas y estropeadas. Has aceptado del mundo lo que ha querido entregarte. No has luchado por nada. Has recibido sus sobras/sus ofrendas con las manos agradecidas y manchadas de miedo. (La voluntad únicamente la viste en cada línea torcida como un pretexto.) Has dormido con mujeres por no sentirte solo. Vapuleado tu carne en autos/baños/zaguanes/calles y moteles llenos de tinta. Has sonreído ante la estupidez humana. Has abrazado amigos que clavan su música bajo las mantas más duras. Has callado ante la bofetada y el agravio. Has respondido también. Has golpeado, tropezado y bebido como un yute.

has olvidado tu nombre y apuntado sobre las sábanas “aquí habita algo”. Te has despertado llorando, a mitad de la noche, y rezado enceguecido por un sudor ya liquidado sobre espaldas liquidadas, igualmente. Has dicho: basta: la escritura no se acostumbra a nuestros modales. Has dicho: hoy cambiaré para siempre esta intención de perderme en los patios sombríos. De irme haciendo nada. De tratar de desvanecerme a fuerza de tumbos.




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el purgatorio en que vives también se mueve en ciclos: el bambú tan pequeño y parejo donde las estrellas heladas desmoronan sus témpanos de cuarzo// la humedad que, por la noche, raja tu escalera donde muchas veces te sentaste a planear un cuerpo// la ventana agitada por los surcos del vidrio donde la combinación de los colores orquestó el regreso de un albaricoque.

en tu purgatorio la ausencia es la felicidad entera. La llenura que pudre la comida. El cansancio de las formas en el coliseo del ojo. Las blancas hojas que logran ser navíos saliendo hacia otras playas. Y regresan.












De Monsieur Monstruo (inédito).





se dice que venir al mundo es sostener una viga con la mano llena de callos sin soltarla un minuto como si se boxeara contra la hierba naranja      contra el paisaje      con un sol cercado de rosas se dice      se dice que venir al mundo es deslizar esta asombrada cabeza sobre pañuelos sucios y partes íntimas y uniformes privados de igualdad      se dice que venir al mundo es en cuestión de horas bordear el eco cazar a tirones el camino perdido desde siempre      se dice que venir al mundo es sacarse los dientes para hablar      se dice que venir al mundo es volverse a veces un ave de papel que va y viene y se estrella sin que alguien lo escuche      se dice que venir al mundo es descubrir cicatrices sobre una piel que no ha sido jamás cortada








a Piva
en sana comunión



aquí no hay virgen santa que se adore pero un circuito de personas se toma mi cerebro      encienden una vela a sus difuntos recorren sus parajes      se agarran de los pelos      mastican sus uñas desabridas      se lanzan de cabeza contra el pavimento carcomido de mi corteza      putos patanes pederastas niños orinando en cuadras ordenadas como soldados hombres y mujeres colgando sus corbatas sobre negros letreros      moribundos y vivos lisiados prostitutas ciegos y frágiles muchachas víboras todos con capucha      dios y el diablo comparten una vela proyectan una antigua película sobre la invertida parte de mi cráneo (ahora cine únicamente abierto para los animales)      entonces pasando frío doblo la página que late: revuelvo el mundo      y la casa se quiebra como un mendigo enorme cubierto de bruma      adentro mis camisas colgadas son otros pájaros rojos cuidando de esa puerta entreabierta que no me atrevo a cruzar pocas palabras -desde un lugar hasta hoy desconocido- van marcando un círculo de tiza dentro de mis ojos      luego cruzan el círculo marcado hasta que empiezan a arder como roedores sobre la página blanca (no recuerdo haber amado lo suficiente como para resistirme al sueño que crece a esta hora desde las baldosas)      abandono la página: mudo nuestra muerte      y me entrego sin intereses funcionales o indispensables a un sueño que derive hacia otra nostalgia      a un sueño que derive a una puesta de sol donde un niño frota sus trenes contra el herbaje del patio como un pensamiento      se me ocurre el olor del chocolate como una balsa lenta estrenando un faro roto en la memoria      pero hace tanto ya de este bullicio      de esta ebriedad que no me permite hablar con otro que no sea yo mismo      de este hundir mi cabeza en la garganta      que ahora solo me queda para dormir el temor de dormir      el caos incompleto de arrastrar lo que nombro bajo un millón de velas      el festín de difuntos que comienzan por la casa como el veneno      un bosque negro donde zumban animales asesinos      pasando frío








haber vivido en el mundo fue      una pequeña bolsa de fatigas      un simulacro de cierto día caluroso      ser mi padre atrapado por la excitación de ser él mismo      polvo y anonimato en la construcción sólida de un hombre      un pequeño sobresalto en el corazón con todos al final de este viaje      un corazón (en largas vacaciones)      una gran fiesta en las fogatas de la mentira      ser mi madre desprevenida y llorando como un animal ablandado por su pudrición      coágulo del árbol      música persiguiendo su ortografía pero también a veces haber vivido en el mundo fue toser entre las páginas de un libro      devorar las orillas sin subirse a un barco      ser dueño del agusanamiento de estos muebles      saber pintarle al insomnio una ventana      desnudarse ante un cortejo fúnebre de mujeres psicópatas      espiar sin la palabra      llorar sin la palabra      ser mi hija viendo desmoronarse a la inocencia como sello de fidelidad de nuestra especie      una puerta enterrada bajo cuatro llaves o una cabeza tendida en el cordel de los sueños para purificar el olvido









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