Ernesto García López, Ritual

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Los versos se los traga una calma
en medio de la calma.
Julia Castillo





No olvidar

Como si permaneciera delante, a unos metros de distancia, dilatan-do su secreto

En esta época donde apenas aceptamos lo distinto, donde se engaña la mendicidad que asola el lenguaje

un año más
propaga
el nombre de las cosas
tanto como este callar
su golpe

No olvidar por qué las palabras ardieron. Ruinosas y violentas. Y por qué luego la otra vida, la que se anula en su descreerse, siguió encegueciendo los depósitos

Movimiento desconfiado

Extingo deseos. A la derecha un Extraño despotrica. A la izquierda el hundimiento elevándose por encima del cometa. No en soledad. Somos muchos. Un atajo desoído. Una tropa reiterada. Un ardor más allá de la vislumbre

Todo se proyecta desde 1992

Sin embargo pugna hoy como suelo prometido a una generación que recoge su tristura

Quince años labrando los mismos gestos. Quince años sirviendo a un expresionismo a la medida del descenso. Nostalgia, aire, agua abatida que va de Carlos Germán Belli a nosotros. Víctimas del sueño secreto aún en nada

Arde Londres. Madrid. Tiembla entre dientes el conurbano pobre de Buenos Aires. Agito los lugares que conspiran contra el mundo. Y nada devuelve aquella resaca gloriosa, duradera, puesta sobre un bastión imposible de sitiar

Quizá por eso escribir
parece
un embrión de deseo

Antes de nacer, machacado
Seco en las entrañas de lo vivo

¿Somos su residuo?

¿Su esqueje vacilante?

¿O es el mismo monstruo
decantado?

Una obra cuya representación desprograma la identidad. Hombres-huéspedes. Mujeres arrinconadas tras la emigración. Músicas venta-jistas que quedaron reservadas para lo yermo

De humeantes rescoldos

De musgosa carne

De aquellas faldas de polvo

estamos hechos

y ahora no hay quien nos cambie

Pero están las calles, me dice una voz

Las calles

Por las calles, sin merecerlo, sigo
Por las calles arriesgo la ignorancia cegante
Por las calles encarno el desajuste de los nombres
Por las calles bulle el pálpito de la fermentación
Por las calles un papagayo embiste y el poema nos recuerda que, noche tras noche, un día acabarán nuestros alcances

Entonces arrecian las preguntas
llueven los llamados

Lo proscrito durante décadas de mansedumbre
vuelve ahora
vuelve
hecho despojo y ensoñación

Intento retirar el cara a cara con nadie
pero ahí está. Tan real como un taladro
que sellara la juntura

En eso nos convirtieron

(Cerrando el laberinto
Dejándonos aquietar por una rabia condensada)

(Zurdos como el abejeo de los cuerpos)

No evitamos la fragilidad
La fragilidad

Los filos de la vasta noche
El renacer de los detalles
inhalados por un veneno calmo
No importa lo que dure, cada mañana volvemos a contratar el mismo cielorraso
testigo
de nuestro próximo acabamiento

Treguas no hay
Sucede nuestro fin

Vendrá sin escucharnos. Hastiado de beber falsa alquimia. Cansado de anticipar el futuro sin alcanzarlo nunca. Cansado de la separa-ción y la esquizofrenia. Cansado del licor que tiembla entre tus labios

Vendrá igual que se generó el barroco

Declarando al vacío cuánta estirpe fue necesaria para reinventar un hombre

Habrá liturgias y responsos

No olvidar

Las manchas de lucidez que, tras la distancia, un cuerpo sopesa

Cómo desemboca la soledad al correr de los años

Todo eso llevo conmigo




(Poema inédito perteneciente al libro Ritual, de próxima aparición en la editorial Amargord)



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