Gabriela Ibáñez Oviedo

De La Siega, la enciclopedia libre.

Juguetes


I

el torso de la muñeca
se tuerce se agita
su cabeza pierde gravedad

y se extravía
en la música que brota
de una calle

cuerpo mutilado
buscando a su pequeña dueña

cabeza que busca su nombre.





II

un carrito
directamente hacia la nada
inmóvil

rojo y desmembrado
dentro de un baúl sin fondo
recuerda los caminos
y la mano menuda

esperando la reconstrucción.





III

en la noche
tras el cristal y la madera
se agita
el caballo verde

lo sigo deliberadamente

melodía
a ojos cerrados
famélica sospecha

asiente

a su crin me prendo
me basta la vela apagada
el sueño.





Mientras Mariposa conversaba con el Perro lunar
Alrededor encontramos sólo vacíos
y al perro descolgándose entre bugambilias
de pronto oímos la conversación
voces graves tan parecidas al silencio
y una escala aguda luminosa
de rodillas tras la valla
mirábamos a escondidas
y sin movernos mucho
la mariposa era de temer negra con una gran boca blanca
para ingerir a los niños que cayesen de las azoteas
el perro en extraña lengua de ladridos
le contaba cuantos milímetros habíamos crecido la última semana
las nuevas palabras que habíamos aprendido a decir
las veces que nos olvidamos de rezar
de el olor sexual que empezaban a desprender nuestros cuerpos
ella sólo asintió y siguió volando como una arpía sobre el vacío
que nos rodeaba

esperando.





Mientras nadábamos y se aproximaban los pequeños peces de colores
Nos encontramos en la piscina
desde el principio
siempre fue el agua
por las noches parecía transformarse en un elemento distinto
un espejo del jardín encantado
aquella que nos bendijo también nos producía temor
aún más con la brisa que se mecía sobre la superficie
y deformaba el reflejo de nuestros rostros
hasta convertirnos en extrañas criaturas
Esa noche decidimos desvestirnos y sumergirnos
bucear en el más profundo de nuestros temores
y sólo encontramos agua y más agua
hasta que me encontré con su cuerpo
que era el de otro
¿Sabes nadar? – me dijo-
No.
Y antes de que me hundiera me sujetó con ambos brazos
pequeños peces de colores jugaron dentro de mi cuerpo
y la luna creció monstruosamente.





Iniciaciones

I
Apenas alcanzaba a mirarse en los espejos
y en su rostro perfectamente redondo
una cicatriz
como una mariposa
se posó violentamente.





II

A los 13 años
supo de los espejos y de las intersecciones
de la inclinación de la luz
sobre la piel
de las rodillas desnudas y de las cicatrices
olvidó las bicicletas.





III

Como olvidar Octubre - pensó -
¿Vez la extensa cicatriz sobre mi pierna derecha?
Ahora tócala acostúmbrate bésala
Es la marca de los hombres que vencen a la muerte
Habitarás en ella.



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