Gloria Drünkler

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(Fragmentos de Füchse von Llafenko)

No fuimos descendientes de reyes ni licenciados
y mi abuelo recogía la nieve amontonada en las calles.
Lo único que trajimos fue el coraje, el buche y los sueños en las maletas.
Aferrados al mástil del buque taconeado de niños enfermos
de vivir con la peste y el hambre, de mujeres que parían en la cubierta,
y otros que dormitaban en los pasillos, o de a tres, en los camarotes.
La maldición de errar por los mares había terminado.








Mi amigo Karl era fuerte, macizo, soberbio,
pero yo veía sangre y me desmayaba.
El ruido de las Winchester en las cacerías de patos
me hacían orinar en los calzoncillos.
Si jugábamos a los pistoleros
terminaba convirtiéndome en el traidor
que se unía a los comanches.








STRÜDELL

Las manos blancas sujetan el bol
la cabeza da vueltas en Hamburgo
y prima Elisa hundida en la angustia ya no sabe.
Sus rabietas cortaron la leche,
extraña la biblioteca y el teatro, el café de los jueves,
y aunque bata las claras
en el fondo de la espuma no encuentra solución.
Sin dinero, arrepentida, ¿donde escapar?
Ya no aguanta esta vida de mierda.
Mañana partirá a la ciudad.






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