Iconos, purgatorios y paraísos: Demián Flores, una visita al mundo de la realidad

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Por Linda Atach


A Meny Samra


El enunciado a favor de la libertad, la franqueza en la intención y la aproximación a signos que además de enraizarse en lo mexicano con dirección a su natal Oaxaca consiguen cobrar una trascendencia universal, descubren en la obra de Demian Flores un crisol de vivencias que se mueven desde la más esencial de las introspecciones al conglomerado de la opinión pública sin dificultad alguna.

La destreza de Flores para concertar sus profundas narrativas bien podría deberse a su apertura y disposición; en la obra de Demián Flores la inclusión y el diálogo de técnicas como la gráfica, la pintura y el grafitti callejero se ligan en la materialización elementos tan dispares como un zapato tenis, un personaje de comics, un boxeador y un prócer de la patria.

La evocación y el manejo de estos íconos de la visualidad colectiva han sido para este artista juchiteco un asunto necesario, la recapitulación de lo cotidiano con el objeto de crear un guión que legitime y subraye tanto lo erróneo como lo rescatable de los aparatos sociales, económicos y políticos, procede como denuncia al tiempo que propone un llamado a la reconciliación, constante vital en la obra de Flores.

Las obras Bienvenidos a Oaxaca, la difícil lección, -obra resultante de un ejercicio pleno de colaboración entre Flores, el colectivo Jaguar y el colectivo Excusado Printsystem- y Lluvia de estrellas, trabajo realizado ex-profeso por Flores para el Museo Memoria y Tolerancia, exigen una aproximación creativa en donde el pintor insta al espectador a adentrase en la narrativa e identificar los símbolos para después cuestionarse su significación en un ejercicio interactivo y múltiple en visiones y alcances.

Bienvenidos a Oaxaca, representa, -a través de un macrocosmos construido por la intuición y por intrincados pero a la vez muy claros mecanismos de exaltación de los sentimientos-, la conjunción de dos mundos: uno sereno y promisorio, el otro desolado, oscuro y árido de bondad, repleto de ironía. Construidos a partir de dolor, los dispares escenarios se contrastan en tanto que se ensamblan por la figura la Dolorosa-virgen-madre, configurada a partir de un lenguaje neo-pop con los sesgos característicos del grafitti. Esta figura, que bien podría obrar como mediadora, actúa como el eje trascendental de la obra, captando la visón del espectador, que poco después de arrebatarse con sus grandes ojos cerrados y sus mejillas ocupadas por el aullido de dos feroces tigres que a modo de lágrimas, expresan su frustración y su disconformidad, se abstrae en estos escenarios dispares, el de la derecha recreado en la oscuridad, exhibe dolor, cinismo y desamparo a partir de las fisonomías de sus personajes; en este mundo reina la duda, el abuso del poderoso sobre el más débil y el triunfo de la cultura de masas representada con el zapato tenis de marca norteamericana y de factura taiwanense. El plano izquierdo que se organiza en la luz, denota la esperanza en la figura del niño, el progreso y la movilidad en el automóvil. En este episodio sublime, Flores se vale de un payaso para denotar el gozo, el ocio y hasta la risa, la ilusión y la empatía.

En Lluvia de estrellas, Flores continúa con la tónica de convivencia entre los medios técnicos, el grafitti dimensiona lo pictórico en los personajes que a modo de héroes -o villanos- caídos hablan de la hecatombe humana, del victimario y de la víctima, del superhombre alejado del ideal, cobijado por una dictadura sembrada con intimidación. La estrella roja como símbolo de resistencia, además de aludir a los recientes sucesos oaxaqueños, podría referirse al desmoronamiento de las utopías y de lo que las alimenta: la invención de un discurso de poder sustentado en la censura y la violencia.

Comprometida con la sociedad, la pieza propone un diálogo abierto a una multiplicidad de discernimientos, al constituir una narración horizontal que implica la existencia de planos pictóricos en donde el lenguaje metafórico es el principal protagonista, Flores argumenta sobre los efectos de la vejación y de la oposición y propone al mismo tiempo, contrarrestarlos generando la inclusión, la imparcialidad.

La empatía de Demián Flores con la labor de Memoria y Tolerancia no resulta de la casualidad, puede explicarse con la solidaria respuesta del artista hacia la problemática de la sociedad oaxaqueña, su preocupación por la promoción del arte emergente desde La curtiduría, (espacio del pintor en donde se motivan las residencias artísticas y el trabajo colectivo experimental entre muchas otras cosas) y su presencia activa en causas tan loables como la restauración de los retablos Ocotlán de Morelos, Oaxaca, tarea en la que el artista ha involucrado tanto a artesanos de la localidad como a los más connotados artistas oaxaqueños en un trabajo colectivo, fraterno y tolerante.

El dinamismo de Flores en asuntos que involucran la voz de la sociedad ejemplifica al artista-activista, un ente casi en extinción, personaje indispensable en la historia de las mentalidades y de la cultura, el interlocutor atento a las carencias y respetuoso de las diferencias. Un ser tolerante por naturaleza.


Demián Flores, Bienvenidos a Oaxaca, la difícil lección.
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Demián Flores, Bienvenidos a Oaxaca, la difícil lección.


Demián Flores, Lluvia de estrellas.
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Demián Flores, Lluvia de estrellas.









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