Jaime Pinos

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De 80 días.


Vista general

En el espacio,
la ciudad se extiende
sin control,
como una hoguera,
piedra por piedra,
calle por calle,
consumiendo el paisaje,
llenándolo de gente, ratas y pájaros sucios.
Aquí,
la cultura es salvaje
y se construye lo mismo de savia que de sangre.
El hábitat,
un pequeño gran vertedero de la modernidad periférica
al pie de Los Andes,
bajo el inmenso cielo de América.

En el tiempo,
la ciudad se desvanece
bajo el rigor de los cíclicos terremotos
o a manos de la afición nacional por las demoliciones.
Aquí,
nada se conserva,
todo se destruye.
Los lugares y las cosas
apenas ofrecen resistencia
a la continua disolución de este pueblo fantasma,
ahogado en el río del olvido
donde todo cambia sin permanecer.








Estadísticas de la OMS señalan que Santiago encabeza las capitales con más alto índice de depresión. Según la Dra. Alejandra Armijo, estudios de la Universidad de Chile revelan que una de cada tres consultas, en todo el servicio público de Santiago, está dada por trastornos ansiosos depresivos.

(www.depresión.cl, archivo de noticias)


Domicilio

Fuera de la existencia impersonal en la ciudad,
el domicilio como acotado espacio de lo sentimental.
Objetos como talismanes,
metáforas nimias pero tangibles de la propia biografía,
vestigios conservados para retener en la memoria
la sustancia de otros días, su aura perdida.
Fotografías, retratos, recuerdos de viaje, reliquias familiares.
Cosas íntimas sobrepuestas
en el ámbito neutro y meramente funcional
que definen la arquitectura y el mobiliario.

Escenario privilegiado del exceso que somos,
el domicilio como lugar donde acontece lo doméstico.
Ese orden inestable
que revelan los detritos de la vida cotidiana:
la pasta de dientes a medio terminar,
el diario abandonado en el sillón,
los zapatos perdidos,
las tazas vacías sobre la mesa.
La geometría aleatoria de las cosas
puestas fuera de lugar,
una y otra vez,
en los mínimos desplazamientos del habitar.

Dentro de la vida política de la ciudad,
el domicilio como otro teatro de sus operaciones.
Aquí,
la demostración de uno fijo o legal
es requisito para la existencia civil y económica.
La propiedad de una vivienda,
una aspiración mayoritaria y un conflicto social.
La seguridad residencial
una obsesión justificada por la atmósfera del pánico.
Aquí,
el calor de hogar
se vive a puertas cerradas,
mientras los homeless,
los desalojados, los invisibles,
se agolpan por un plato de comida
frente a las puertas del llamado
Hogar de Cristo.








Subterráneo

En los andenes,
emplazadas en lo alto,
las nuevas pantallas
(propaganda, clips, últimos goles)
concentran la mirada
de los que esperan,
inmersos en una luminosidad de acuario,
la llegada del próximo tren.

A su arribo,
apresurados,
subirán a los vagones
disputando los asientos.
Sin hablarse,
sin mirarse,
apretujados,
pasarán las estaciones.
Cada cual en su túnel,
apartados,
desconocidos y meramente casuales
compañeros de viaje,
pasajeros
hacia sus respectivos destinos
entre una y otra oscuridad.






© Jaime Pinos (Derechos reservados. Ver Aviso Legal).

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