Javier Hernández Fernández

De La Siega, la enciclopedia libre.





De Confluencias.
(Primer libro antológico del colectivo literario Nueve Puertas, 2010)



Calima

Suspiro africano.
Este aire luminoso,
ramal de luz,
cadencia de arena oceánica
que seca eléctrica las bocas y gargantas.
Melodía del sueño.
La modorra insistente de la demencia,
el abandono en sábanas anticiclónicas
de los cuerpos atrapados a mediodía
en la saciedad líquida de la sombra.






Semana Santa

En el bar.
Tú hablas de Buda mientras
Manolo te pregunta por las procesiones.
Entonces te imaginas siguiendo a la marea humana,
toda bien vestida, casi toda de negro,
y piensas: me voy a beber.
Y vas y entras en un bochinche y pides vino hasta reventar.
Y al salir a la calle,
te asalta desde arriba la imagen de un hombre,
de unos treinta y tantos, medio desnudo,
cargando una cruz que no le pertenece,
sangrada toda su cara y con una expresión de dolor
que nunca has visto.
¿Qué es esto?
¿Por qué pasean el sufrimiento de este hombre?
¿Por qué este sacrificio?
Das unos pasos, te caes al suelo sobre un charco
y te sorprendes al ver como se apresura
una perra abandonada a limpiarte la cara y las manos:
«Deja que limpie tus manos y tu rostro cansado» — dice ella.
Y tú contestas:
«Por haber amado tanto... por haber amado tanto y siempre
con fe, tú no tienes ningún pecado».






De blanco entristecido

Atravesado como un corte limpio.
A penas lo mueve el viento sobre el asfalto.
La sangre muerta ahogó ya sus pensamientos
y en el horizonte, fría y llena,
la luna observa el cuerpo quieto...
Yaces, pero cúanto has tardado en morirte.
Sólo te respiras en el temblor de las ruedas
que cañonea a tu lado; sólo vives, de blanco entristecido,
en el camposanto de las hormigas
que darán honra a tu nombre.
Y, mientras, yo, saciado ya de ti,
olvidaré quién eres, olvidaré fugaz tu pelaje blanco,
tu vientre hinchado de golpe, y tan triste...
Saciado ya de ti, olvido, a fuerza de imaginar, tu muerte.






Vulgar

Aquí yace,
frente a esta bolsa de basura,
una paloma muerta.
No es una paloma cualquiera,
es la única paloma aún joven
que yace muerta frente a mí.
Así pues, no es una paloma vulgar.






A propósito que tarde la luz en recorrer un metro de distancia

Contigo, sólo alcanzo a medir
la precisión del tiempo que nos mueve:
nos alejamos; orbitamos el uno al otro;
recorremos erráticos el laberinto de cesio del reloj;
nos acercamos.
Contigo, la distancia que nos separa
huye de medidas exactas.
La distancia que nos acerca
es difícil de precisar
y, sin embargo, la luz que compartimos
recorre, imperturbable, 1 metro de distancia en 0,0000000333564052 segundos de tiempo.








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