Javier Tudela

De La Siega, la enciclopedia libre.




Ya no veo tu mano cuando me das de comer
ni la suma del cuerpo
hay tierra en tus ojos
cimientos a la deriva
un escalofrío que visita los maderos de tu apartamento
pendes
por gloria y no por majestad
como cuero que se arranca y no retrocede
¿es la marca de Dios?
o el fulgor de tu hueso herido
que camina como sobreviviente de alguna huerta
abrazo
lo que queda de ti
como para no abandonarte
como para recordar lo estrecho del camino
cuando se huye de la miseria
no te culpo
nunca había sido tan difícil
poner cerrojo a mi propia cabeza.








Y no es que todo se acabe
como el sefardí
crepite o se pierda
es el cansancio y la fatiga
de haber estado sobre ti
recogiendo las letras del informe médico
no es que juegue al retardado
a desmonorarme
a dejar la piel por un momento
que es lo mismo a masturbarse
con un Lázaro a tientas
estoy viendo la manera
de escribir cuando estemos juntos
de holgar la Extremadura de mis notas
por que es lo último que nos va quedando
y digo nos por que estoy contigo
hasta en el acto que cobija el silencio
en el resentimiento tardío de una noche en pausa
que profita y no bebe.








De lo que ya se escribió.

No es fácil hablar de lo que más duele
de lo que se precisa romper
porque somos ratas
ratas que insisten en apropiarse de lo que no sirve.

∞∞

En el piso de arriba se cuecen habas
y una vieja de la cruz roja que ya parece hospital
cuenta las manchas de sangre en su delantal
se frota las manos
se entiende
para ella la diversión acaba de empezar.

∞∞

Anoche soñé con New Orleáns
con su mueca sucia
su olor a cal
la zozobra humana detiene hasta el más fuerte
¿ que hacía yo el 23 de septiembre aquel ?
de seguro nada
comerme las uñas
ocupar el lugar de otro en el paradero.






© Javier Tudela (Derechos reservados. Ver Aviso Legal).

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