Julián Castruita Morán, "Conversaciones con Kafka."

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Por Julián Castruita Morán


I

Ni otros Franz en el criterio
acechan con dos versiones,
Max Brod se queda basándose
en silencio muy personal,
célebre fórmula como un enorme
espejo de implicaciones,
cierta medida según la escritura
cada vez nueva y sin embargo,
vierte sobre tus textos su desventaja,
bajo distintos aportes transcurridos,
mágico sueño, ámbitos todos de basta ironía,
flor cabalística satisfaciendo
una esperanza abierta,
perfectamente frutos anímicos,
época extremada, logros Kafkianos.
Por otro lado, un hombre que rastrea
eternidades sobre Max Brod,
las velas de la vida, aire de muerte,
física historia, del pensamiento canto,
todo ante todo, muchas razones,
bastas, así llamémoslo,
cómoda llena a cada instante,
fondo confidencial,
letra biográfica en ataúd,
puertas sin inquilinos mientras observa.
Ni otros Franz, siempre tú inclinándote
a tu memoria, hacia el judío o a pesar del judío,
es evidente, máquina eterna, raíces abismales,
ojos abiertos, viento lejano
donde se postran ríos sin los intérpretes,
éxitos desde la cocina bordada de somnolencia.










II

Porque después de todo
la existencia sigue su rumbo,
viejos caudales de ramificaciones
que otra vez van por su historia
congruente, infinita
amalgamada entre nosotros;
la taza de café, libros pendientes
agazapados en frágiles
contiendas de media noche,
mientras dolidos perdemos
la brújula compaginada entre
rincones amarillos y roncos de soledad.
Luz azarosa, demasiadas respuestas
satisfactorias que finalmente
uno puede escuchar mientras platica,
inquebrantables años insatisfechos
de la condena, conocimiento,
fenomenología hasta la muerte.










III

En un instante seremos
la versión de aquel pasado,
rumbos inciertos al margen de la abuela,
ante un quinqué y varias
sombras de Kafka hoy distantes,
sin cuestionar en lo absoluto a un lejano
padre que no acudió a tanta espera;
furtivas estaciones estoicamente
con el insomnio hechas a despedidas,
bajo palabras y sensaciones
que los sueños rebasan sin resolver.
La mesa triste, el ron y las palabras,
viernes o lunes ante aromáticos cantos
al devenir, frente al proceso que ha navegado
correlativamente sin concesiones.










IV

Ni otros Franz, alistan tentaciones correlativas,
enmascaradas de vida hasta la muerte,
en el silencio cuando tu voz no es la muda
espera mientras se apagan los años;
libros, palabras, tiempo y generación
con Herman Kafka,
todo instintivo donde un padre
reanima sus intenciones,
mixto lenguaje que por ahí pasó
en muchas veces,
supuestamente así como la culpa,
relatos, formas, técnica propia,
una prosa fría a la justicia,
es indudable la crítica humana,
el otro texto, varios fantasmas
que por ahí recorren grandes vivencias.










V

Como los sueños en años
peregrinos puerta a las calles,
tus callejones a dar prácticamente
añoranzas tal vez tardías,
con señuelos de guerra
frente al bullicio, siempre al instante,
las ganas de escribir tus pensamientos.
Ni otros Franz, en ronca
despedida pueden volver,
existe un flujo de hojas
y el tintero te espera todo,
frescas mañanas,
lo último en el día su libertad,
extraño mundo roto a mil bocanadas,
profundamente desde la orilla,
como en un cielo gris, místico y triste.










VI

Vida exaltada y la fabrica ausente,
otro proyecto, único análisis,
sensible antología, ser y vivir,
procedimiento del padre,
alguien llama sólo el adiós.
Hay una vez un trago de tristeza
que desfallece entre familia,
espíritu y candor día tras día,
frases cortadas,
semántico semblante de cada quien,
el comedor a la hora indicada,
disposición hasta el silencio,
Franz Kafka en las tinieblas,
árboles rotos, la tradición bajo
una forma perdida, fúnebre y triste.










VII

Ante los humos latentes de la historia
se descompone en línea recta,
será Elías Canetti quien lo difunde
con Grete Bloch a la deriva,
siempre bajo sospechas tu intimidad,
mujer de alta voz posiblemente ante
una larga tonada de la vida en tu aposento.
Hoy Grete Bloch, discreta sensación,
parte afectiva su trascendencia
frente a un hijo callado, duelo y nostalgia,
próximos tragos, abrigo de mujer,
tácticas, músculos, duelo inmortal,
acaso el testimonio vivo
de Kafka siempre a la espera,
timón secreto al mar inmaculado
por Dora Dymant, o Milena Jesenka
en un retablo donde aparece feliz
súbitamente Felice Bauer.










VIII

Cruda nostalgia,
frenética estación tu domicilio,
vereda parada hasta la luna
incierta en tentaciones;
mundo ancestral, eterna flor
de páginas en su regazo.
Sales despierto, atado a muchas cosas,
a cualquier hora, firme y resuelto.
Discurso complicado una alquería,
una posada anímica y ausente,
ropavejeros, mil parroquianos,
intactas callejuelas, pluma y papel,
crueles angustias, ahí siempre el destino
con tarareos de una canción lejana y duradera.
Franz Kafka ahora,
Madam Julie no lo recuerda,
siempre en gloria obscura,
en una nube cualquier sensación
muerta en el invierno.










IX

Ni otros Franz en guerra de palabras
dan testimonio a tus relatos,
existen libertades propias de cada quien,
números verdes, azules, muchos colores,
a veces somos las víctimas del tono
que representa cada mortal enfermo
en su escritura tísica y pobre.
Fluye nostalgia, imágenes sensibles
al sucumbir joven la tarde
en singular espera cada mañana,
de solitario hoy Kafka te amotinas en mis cuadernos,
me desahogo, tu tienes la palabra a flor de tierra,
la sensación de un límite cercano que nunca duerme.




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