La cicatriz al final de la espalda

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La luz penetra donde no brilla el sol;
Donde ningún mar corre, las aguas del corazón
impulsan sus mareas...

Dylan Thomas.

Y la muerte no tendrá señorío.
Desnudos los muertos se habrán confundido
con el hombre del viento y la luna poniente;
cuando sus huesos estén roídos y sean polvo los limpios,
tendrán estrellas a sus codos y a sus pies;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar saldrán de nuevo,
aunque los amantes se pierdan quedará el amor;
Y la muerte no tendrá señorío.

Dylan Thomas.

Es un cuarto vacío de una casa vieja, antaño muy transitada pero ahora también vacía. No hay nada. Solo ellos dos y una tetera. Ella pone a hervir agua. Coloca café en unos vasos. Espera.

VANESSA:
Ahora mi perro no mueve la cola cuando me ve. Le sirvo comida, le llevo agua y nada. No mueve la cola. Ya no le provoco ninguna reacción.

          Tiempo
¿A qué sabe el dolor?

          Tiempo
¿De qué color es el placer?

GONZALO:
Me intriga esa cicatriz que tienes al final de tu espalda. Nunca la había visto.

VANESSA:
¿Por qué te has afeitado?

GONZALO:
No quiero hablar de eso.

VANESSA:
¿Qué te pasó en la mano?

GONZALO:
El perro que no mueve la cola me mordió.

VANESSA: Alguna vez has sentido los dientes de una rata sobre tu piel. La noche anterior soñé con ratas. Eran miles y todas estaban sobre mí. Cuando desperté ya no tenía miedo. Se había ido. Ya sabía lo que sucedería esa tarde. Ya sabía.

GONZALO:
Por eso no lloraste.

VANESSA:
Las plantas tampoco lloran.

GONZALO:
¡Sabes de lo que estoy hablando!

VANESSA:
Tampoco los insectos. A ellos también los vemos nacer y morir. Como si nada.

GONZALO:
Entonces todo esto tiene mucho sentido.

VANESSA:
¿Alguna vez has aplastado una cucaracha?

GONZALO:
Sí. Muchas veces.

VANESSA:
¿Y qué sentiste?

GONZALO:
Nada

VANESSA:
Sabes que mi mamá tenía razón: eras tú el que se parecía a él. No él a ti.

GONZALO:
Nunca me dijiste eso.

VANESSA:
Hay tantas cosas que no te he dicho.

GONZALO:
Entonces, te lo recuerdo.

VANESSA:
Es posible.

GONZALO:
Por eso no me quieres ver.

VANESSA: ¿Sigues sin poder dormir?

GONZALO:
No. Ya solucioné ese problema.

VANESSA:
¡Yo todavía no puedo!

GONZALO:
Deberías probar esta receta: una pastilla de alprazolan de 0,5 mg., 2 deditos de whisky on the rocks y un cigarrito de selected tobacco sin filtro.

VANESSA:
No creo...

GONZALO:
Nunca falla.

El agua de la cafetera silva. Ella se acerca, sirve.

VANESSA:
          (Se pone de pie y completa la cita:)

“En el centro de cada historia hay un secreto que todo el mundo adivina, pero que nadie dirá jamás”.

          (Seguido:)
Me parece haber descubierto el tercer elemento que provoca la tensión entre la pareja. Eso es lo que los une y los separa. La pregunta que puede recorrer la obra podría ser... podría ser una metáfora de la dolorosa frustración que produce la muerte de un proyecto vital: una novela, una relación de pareja, una casa, un hijo, un teatro.

          (Al público:)
POSIBLE FINAL:

GONZALO:
Eramos demasiado jóvenes y felices para que algo así nos pasara.
VANESSA:
Uno nunca escoge en las tragedias. Deberías saberlo.

GONZALO:
Eso no debió habernos pasado.

VANESSA:
Tienes razón.

GONZALO:
¿Y si en realidad no pasó?

VANESSA:
Entonces no deberíamos estar acá.

          Tiempo
GONZALO:
¿Qué significa esa cicatriz al final de tu espalda?

VANESSA:
          (Al público)
“En el centro de cada historia hay un secreto que todo el mundo adivina, pero que nadie dirá jamás”.

Salen, cada uno con su taza de café humeante, casi felices por el balcón.






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