La construcción hermenéutica de Auschwitz en "Se questo è un uomo" de Primo Levi

De La Siega, la enciclopedia libre.

Por Fabricio Tocco Chiodini


Déplorable manie,
dès qu'il se produit quelque chose,
de vouloir savoir quoi.
Samuel Beckett, L’Innommable


El siguiente trabajo enfocará sus reflexiones en cómo Primo Levi narra Auschwitz en Se questo è un uomo, primera memoria y también primera entrega de la Trilogía de Auschwitz. La temática tratada en dicho texto, indudablemente, refiere la traumática experiencia concentracionaria de su autor. Sin embargo, una temática latente en la trama remite al intento de comprensión de una realidad paradójicamente incomprensible. Con dicha finalidad, se ha reunido conceptos pertenecientes a la tradición hermenéutica: el «horizonte de expectativas» de H.R. Jauss, los términos de símil y de divinación de F.D.E. Schleiermacher y la idea de erlebnis acuñada por Wilhelm Dilthey. Estos conceptos no se aplicarán de modo forzado al texto de Levi, sino que serán puestos en relación a la estructura de su relato y al contenido de las reflexiones que surgen del mismo. Otras fuentes serán citadas, sólo a modo de ilustración o enriquecimiento del texto, pero los términos pertenecientes a la historia de la hermenéutica moderna son los que funcionarán como base teórica de este breve estudio.


Tabla de contenidos

Estudio comparativo

La triple dimensión del horizonte de expectativas de Jauss.

Antes de comenzar la siguiente lectura atenta del texto de Primo Levi, será necesaria una somera reconstrucción del horizonte de expectativas (en el sentido acuñado por H.R. Jauss) con el que contaba Se questo è un uomo en la fecha y lugar de su primera publicación: la década de los cuarenta del último siglo en Italia. Siguiendo la división propuesta por Gerard Genette, hay una significante distinción en el tiempo de enunciación y de enunciado en toda obra. Se questo è un uomo no es la excepción y dicha distinción es especialmente trascendente puesto que entre la enunciación y el enunciado media una experiencia histórica sin antecedentes en la historia de occidente: la existencia de Auschwitz como momento histórico axial de la Segunda Guerra Mundial, que transformó para siempre a la humanidad en algo distinto. El tiempo del enunciado de Se questo è un uomo está entre los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, momento histórico representado en la obra. El tiempo de la enunciación, cronológicamente, refiere a pocos años después: la posguerra.

Es necesario, entonces, señalar tres horizontes de expectativas posibles dentro de este contexto de posguerra en el que se publica por primera vez Se questo è un uomo. El primero tiene que ver con el horizonte filosófico: la inclusión de Auschwitz como objeto central de análisis en el discurso de la intelectualidad occidental. El horizonte de expectativas actual, apenas seis décadas después, es radicalmente distinto: gracias a la ingente documentación sobre la Shoá y al actual ritmo de circulación informativa que permite la técnica, es casi imposible imaginar la dificultad que tuvieron los teóricos, exiliados o supervivientes, al pensar Auschwitz. Desde la incomprensión, la carencia de datos y falta de herramientas, no podía analizarse con claridad el momento histórico que acababa de llevarse a cabo en el núcleo de Centroeuropa. Por otra parte, en la actualidad es indudable que Auschwitz comprortó una carga en exceso traumática, difícil de procesar, que explica el vacío teórico existente durante y al final de la Segunda Guerra Mundial en torno al tema. Allí reside el valor de los tempranos ensayos de los principales intelectuales de la Escuela de Frankfurt, que supieron captar la envergadura de la masacre, identificando Auschwitz con el fracaso del Aufklärung. Lo mismo ocurre con las lúcidas observaciones de Hannah Arendt en su Origins of Totalitarianism (1944); y más aún, el caso de Die Schuldfrage (1946) de Karl Jaspers, quien estudia la culpabilidad alemana con una mención tácita a Auschwitz, inmerso en el delicado contexto de reconstrucción del país. Entre las manifestaciones más notables de estos ejemplos, es necesario citar el célebre y polémico imperativo categórico que Theodor L.W. Adorno anunció en Dialektik der Aufklärung (1947) y estableció en su Kulturkritik und Gesellschaft en 1951: «nach Auschwitz ein Gedicht zu schreiben, ist barbarisch». El desgarro provocado (en palabras de Enzo Traverso, implicando algo mucho más visceral que una mera ruptura) por la experiencia de Auschwitz en la cultura occidental es tal, que la producción lírica parece casi absurda en la misma época que produjo los campos de exterminio.

En un segundo nivel, si se observa el horizonte de expectativas ya no dentro del campo filosófico, sino literario, frente a estas reflexiones teóricas se hallan, entre muchos otros, los siguientes textos de creación, escritos todos desde el exilio: la temprana pieza dramático-épica de Bertolt Brecht, Furcht und Elend des Dritten Reiches (1938), otra pieza dramática, Ein Mysterienspiel vom Leiden Israels de Nelly Sachs (1950) y la alegoría del nazismo urdida por Thomas Mann en Doktor Faustus (1947). Pero es fundamental quedarse con Todesfuge (1948), la pieza lírica de Paul Celan, como respuesta a la suerte de ars interdicta impuesta por Adorno, y, obviamente, Se questo è un uomo (1947) de Primo Levi. El testimonio de Levi, leído como documento pero también como novela autobiográfica, viene a echar más luz sobre el vacío teórico reinante en plena posguerra. El mismo Levi, al ser entrevistado en el año 1959, se encargó de completar y responder a la prohibición de Adorno: «après Auschwitz, on ne peut plus écrire de poésie, sinon sur Auschwitz»(1). Se questo è un uomo ejemplifica esta respuesta. Paul Celan reformuló la misma idea con un matiz distinto: «There is nothing on earth that can prevent a poet from writing, not even the fact that he's Jewish and German is the language of his poems»(2). Su obra lírica es prueba de ello. Ambos escritores, más que anular la prescriptiva de Adorno, la superan; demostrando que sí es posible escribir poesía después de Auschwitz, denunciándolo, bien aludiéndolo mediante crípticas imágenes o bien narrándolo con escenarios explícitos.

Clasificar la obra de Primo Levi dentro de los textos de creación, sin embargo, no era tan evidente en plena posguerra. También en este nivel el horizonte de expectativas, con respecto al actual, se ha desplazado. En un sentido más primario, Primo Levi no era considerado un escritor por sus pares italianos debido a su formación científica. Pero si se analiza con más profundidad, pueden encontrarse más razones. Myriam Anissimov, la principal biógrafa de Levi, refiere que en el momento de su publicación, «la época de triunfo de la vanguardia […], Si esto es un hombre no tenía nada que ver con la literatura»(3). La labor novelística de Proust y Joyce, narraciones experimentales concentradas más en la forma que en relatos autobiográficos con un contenido moral profundo, se había consagrado en la Europa continental como la narrativa dominante de la primera mitad de siglo. La independencia de Irlanda o la Primera Guerra Mundial eran anécdotas marginales dentro de la peripecia insignificante de lo cotidiano, plasmada tanto en el Ulysses como en la Recherche. Anteriormente, el realismo decimonónico ya se había encargado de retratar hasta el hartazgo la realidad y teorizar sobre ella, en sus diferentes vertientes: el realismo psicológico, el histórico, el cultural, pero fundamentalmente el social. El naturalismo finisecular había enfatizado este último aspecto del realismo, llevando a límites hiperbólicos la descripción de la miseria humana. Sin embargo, la irrupción de Auschwitz en la historia moderna supera con creces cualquiera de las posibles representaciones de la brutalidad humana. Las condiciones de los trabajadores ingleses en las novelas de Dickens, los paisajes del bajofondo parisino escenificados por Zola o la introspección psicológica sobre la pobreza de Hambre de Hamsun se leen con otros ojos después de las descripciones que Levi realiza de la vida en el campo, plagada de seres infra-humanos enfermos de tifus, difteria o tuberculosis que acabarían tarde o temprano exterminados de forma colectiva en cámaras de gas y cremados en hornos. Los niveles a los que llega la inhumanidad, por entonces, parecían insospechados: como refiere Raymond Aron, «en 1945 […] la atmósfera […] que reina Italia no está preparada para aprehender el significado del genocidio judío»(4). Por último, el mismo escritor piamontés finaliza el prólogo de Se questo è un uomo con una aclaración que es necesaria rescatar en este contexto: «Me parece superfluo añadir que ninguno de los datos ha sido inventado»(5). La carencia de una atmósfera propicia para las noticias sobre la Shoá y la negación del estatuto de ficción en una representación de la realidad avalaba la exclusión del texto de Levi de la tradición literaria. Su primer libro no tuvo gran repercusión hasta diez años después, en 1957, cuando la prestigiosa editorial italiana Einaudi se encargó de realizar una nueva edición. Enzo Traverso habla de «la ceguera de los intelectuales»(6) al explorar por qué la inteligentsia europea, encabezada por J.P. Sartre, no prestó suficiente atención a Auschwitz en sus estudios (en el caso del filósofo francés, en Réflexions sur la question juive, 1946). Traverso justifica de esta manera la escasa repercusión que tuvo el testimonio de Levi al ser publicado en 1947. Actualmente, Se questo è un uomo, (considerada sin dudas desde Calvino hasta U. Eco como una obra canónica de la literatura italiana del s. XX) es todavía lectura obligatoria en las instituciones escolares italianas y está traducida a la mayoría de las lenguas europeas. Nadie duda de la veracidad de su contenido, pero los aportes de la generología a la teoría literaria moderna permiten categorizar la novela autobiográfica dentro del estatuto ficcional, puesto que en cualquier memoria se respeta el milenario pacto de verosimilitud aristotélico, se seleccionan episodios y se crean personajes de la misma manera que en cualquier novela.

La tercera esfera de horizontes de expectativas, acaso, es la más interesante y fructífera para el presente ensayo. Se produce dentro del texto y consiste en una paradoja: en Se questo è un uomo, pueden percibirse ciertos elementos textuales que demuestran cómo el narrador lee la realidad con voluntad de descifrarla, de forma análoga a la que un lector efectúa al interpretar un texto. Desde que es atrapado por las milicias fascistas en el Piamonte hasta que se convierte en uno de los pocos supervivientes de Auschwitz, Primo Levi cumple con la máxima diltheyana-heideggeriana del ser que existe interpretando todo el tiempo. En el caso de Levi la actividad hermenéutica se produce de manera peculiar. El narrador suele distanciarse en muchos pasajes del libro de los «hombres libres», el resto de la humanidad que se encuentra fuera del campo. Levi describe cómo estos hombres libres interpretan el confuso presente, imaginan el incierto futuro y reflexionan, al fin, sobre la muerte. Del mismo modo interpretan los prisioneros del campo la realidad circundante; sin embargo, la distancia es abismal. La interpretación, en el caso de Levi y los personajes infra-humanos, casi fantasmas, que pueblan Se questo è un uomo, no sólo es necesaria para existir, (literalmente, como medio de supervivencia) sino que la angustia que genera dicho ejercicio se convierte en una tarea estéril.

Al leer Se questo è un uomo, podría afirmarse que si bien la obra se inserta dentro de un horizonte de expectativas concreto (filosófico y literario); dentro del texto, la lectura de la realidad (o, mejor, su frustrado intento) que el narrador emprende recurrentemente carece de un horizonte de expectativas definido. Nada tan monstruoso como Auschwitz había acontecido entre los hombres: esta es la razón por la cual hay una completa ausencia de horizonte de expectativas que pueda explicar de forma eficaz la realidad absurda del Lager. Por dicha razón se afirmó al iniciar este breve ensayo que el tema de Se questo è un uomo es la vida en Auschwitz contada por parte de un superviviente, pero también la historia del fracaso de su comprensión. Así como en El terremoto de Chile, Heinrich von Kleist «trata la cuestión del sentido y la interpretación»(7) además de relatar el hecho histórico anunciado en el título de su obra; Primo Levi da testimonio de Auschwitz al mismo tiempo que declara la imposibilidad del mismo, por la incapacidad de dar una interpretación que dote de un sentido racional válido esta experiencia. Sin embargo, será de especial interés para este trabajo señalar esos intentos frustrados de comprensión detenidamente con el fin de enriquecer una lectura hermenéutica de la obra. Después de saber que los judíos italianos serían deportados del campo de concentración de Fossoli, el narrador pronuncia por todos los allí presentes las siguientes palabras:

[…] sentimos que descendía en nuestras almas, fresco en nosotros, el dolor antiguo del pueblo que no tiene tierra, el dolor sin esperanza del éxodo que se renueva cada siglo(8).

Es indudable que la expulsión de los sefardíes en 1492 y los pogromos rusos del s. XIX marcan un precedente claro: son ejemplos del «éxodo que se renueva cada siglo» referido por Levi. Prefiguran el milenario estigma que perseguirá al judaísmo en toda Europa desde la edad media hasta la modernidad. Sin embargo, el impacto y la magnitud de la Shoá superaron incomparablemente ese «dolor antiguo». Sobre esta ausencia de un horizonte de expectativas narrará Levi su incapacidad de entender qué está ocurriendo a su alrededor. La lectura de los tres distintos niveles de horizonte de expectativas termina aquí, dejando a los textos pertenecientes a la tradición hermenéutica como base teórica para analizar desde diferentes perspectivas los fragmentos antes mencionados.


El símil y la divinación de Schleiermacher

Frente a esta ausencia de horizonte de expectativas, puede explicarse por qué Primo Levi sólo puede encontrar un símbolo útil para narrar Auschwitz en el imaginario literario de Occidente: el infierno. Si «Kleist cita el terremoto, pues éste es inseparable de los textos en los cuales se le atribuye un significado»(9), Levi cita el infierno de forma constante para representar la experiencia concentracionaria, porque es una imagen muy accesible para transmitir su experiencia. Claro ejemplo de tradición literaria que va desde el Hades griego hasta la lírica romántica de William Blake, pasando obviamente por el primer canto de la Commedia dantesca; el infierno funciona como un símil eficaz con el que transmitir la experiencia de Auschwitz, desde la vivencia atestiguada de uno de sus sobrevivientes.

Para F.D.E. Schleiermacher, «la comparación y la divinación son […] los dos métodos o procedimientos que resultan válidos y aplicables tanto para la interpretación gramatical como la psicológica»(10). En el caso de Se questo è un uomo, ambos procesos se manifiestan en la actividad hermenéutica de su protagonista. Levi necesita acudir a un símil en el imaginario popular de occidente, puesto que no encuentra en la historia ningún hecho análogo que pueda parecerse aunque sea mínimamente a Auschwitz(11). François Rastier se encargó de estudiar exhaustivamente en su ensayo Ulises en Auschwiz, la eficacia del símil (la comparación de Auschwitz con el Inferno dantesco) que Primo Levi plantea a partir del escritor axial en su tradición literaria nacional: Dante Alighieri. Se esbozarán aquí algunos elementos claves de dicha interpretación, acorde con el resto de este trabajo y las ideas de Schleiermacher.

Primo Levi recurre al Inferno de distintas maneras y a lo largo de todo su relato. Las constantes alusiones al «viaje al fondo», que se inician desde el principio de la obra, marcarán un leitmotiv que resonará durante toda la lectura. El movimiento descendiente, en picada, que realiza Levi junto a su comunidad desde que la misma es expulsada de su lugar de origen, se profundizará con el paso del tiempo en el relato. «Nuestro Caronte» recibe y acompaña en un autocar a los hombres, los «judíos útiles», a la Buna, después de haberlos separado para siempre de sus respectivas mujeres y niños. En el segundo capítulo, «En el fondo», al pisar por primera vez el Lager, el narrador actualiza el infierno medieval de Dante a una realidad eminentemente moderna:

Esto es el infierno. Hoy, en nuestro tiempo, el infierno debe de ser así, una sala grande y vacía y nosotros cansados teniendo que estar en pie, y hay un grifo que gotea y el agua no se puede beber, y esperamos algo realmente terrible y no sucede nada y sigue sin suceder nada. ¿Cómo vamos a pensar? No se puede pensar ya, es como estar ya muertos(12).

En este infierno, más que un castigo por alguna falta moral identificable(13), hay únicamente amoralidad. Los habitantes de este infierno moderno pierden su humanidad pero no la vida, con lo cual pueden vivenciar esa pérdida, de forma más o menos racional. Levi relata que muchos de sus compañeros apenas piensan o sienten emociones después de haber sobrevivido a una estadía prolongada en el Lager. Cuando al final de la Guerra llegan noticias de libertad, traídas por la inminente llegada de los rusos, se rumorea que el campo se evacuara. Así reacciona Levi:

nadie lograba convencerse de ello. Porque en el Lager se pierde la costumbre de esperar, y también la confianza en la propia razón. En el Lager pensar es inútil, porque los acontecimientos se desarrollan las más de las veces de manera imprevisible(14).

El infierno de Levi, por otra parte, tiene una estructura jerárquica bien delimitada. Dicha estructura, que configura la identidad del Lager como espacio en el mundo, viene dada desde la alteridad: el mundo de los hombres libres. El microcosmos concentracionario está regido por leyes que se fabrican y ejecutan desde su exterior: «Está dentro del orden normal de las cosas que los privilegiados opriman a los no privilegiados: es ésta la ley humana que rige toda la estructura social del campo»(15). Esta jerarquía es una objetivación clara de la negación de la humanidad de todos sus miembros, llevada a su peor grado de miseria:

Los personajes de estas páginas no son hombres. Su humanidad está sepultada, o ellos mismos la han sepultado, bajo la ofensa súbita o infligida a los demás. Los SS malvados y estúpidos, los Kapos, los políticos, los criminales, los prominentes grandes y pequeños, hasta los Häftlinge indiferenciados y esclavos, todos los escalones de la demente jerarquía querida por los alemanes, están paradójicamente emparentados por una unitaria desolación interna(16).


Al conocer a los prisioneros veteranos en el Lager, Levi percibe cuán absurda puede llegar a ser la realidad: «todo era incomprensible y loco, pero habíamos comprendido algo. Ésta era la metamorfosis que nos esperaba. Mañana mismo seríamos nosotros una cosa así»(17). En esta metamorfosis radica el proceso axial explorado en todo el libro: la transformación en descenso hacia la inhumanidad más profunda. La misma se detendrá sólo con la derrota de los alemanes y la anulación de las leyes del campo: «de Häftlinge empezamos lentamente a volver a ser hombres»(18).

No sólo el infierno está presente en Se questo è un uomo. También el limbo, como escenario del imaginario cristiano (presente en la Commedia dantesca), aparece identificado explícitamente con un espacio del campo. Funciona como símil de la enfermería en donde los vestigios de hombres o bien irán a las cámaras de gas de Birkenau, o bien volverán a las infernales condiciones infra-humanas del campo de trabajo, la fábrica de Buna-Monowitz(19). No será hasta el capítulo dedicado al «Canto de Ulises», en donde se profundizará más sobre esta empatía de Levi con el descenso mitológico a los infiernos. En el mismo, Levi intenta recordar, de forma lírica y nostálgica, unos versos de la Commedia dantesca que considera indispensables para justificar el sentido de la vida misma.

Por otro lado, la divinación, según Schleiermacher, «proyección o anticipación de sentido en el proceso de comprensión» es fundamental en el intento de comprensión de Levi. Se toma consciencia de la magnitud de Auschwitz únicamente después de la producción del discurso filosófico en torno al hecho histórico, anteriormente citado. El narrador, inmerso en la locura del Lager, ignora tanto las denuncias de los filósofos como esta magnitud histórica. El futuro aparece proyectado con certezas que se desvanecen rápidamente. La anticipación de sentido se da de forma paradigmatica en la sobre-interpretación de la realidad por parte de los prisioneros del Lager. La ansiedad por interpretar, por saber qué ocurrirá en el tiempo inmediato, se hace patente en la trama:

Teníamos una incorregible tendencia a ver en cada acontecimiento un símbolo y un signo. Desde hacía setenta días se hacía esperar el Wäschetauschen, la ceremonia del cambio de la ropa interior, y ya circulaba insistente la voz de que faltaba ropa interior de recambio porque, debido al avance del frente, los alemanes no podían hacer afluir a Auschwitz nuevos transportes; «por eso» la liberación estaba cerca; y paralelamente, la interpretación opuesta, que el retraso de la muda era signo seguro de una próxima liquidación integral de todo el campo(20)

La pérdida de la dignidad se percibe con una incomprensión absoluta por parte de Levi, quien no comprende las reglas de su nuevo lugar de residencia. Normas tan bárbaras y distantes de las normas legítimas en un contexto de libertad y de propiedad privada:

Yo le pregunto (con una ingenuidad que sólo pocos días más tarde me parecería fabulosa) si nos iban a devolver por lo menos los cepillos de dientes; no se rió, sino que, con expresión llena de intenso desprecio, me contestó, Vous n’êtes pas à la maison. Y éste es el es estribillo que todos nos repiten: no estáis ya en vuestra casa, esto no es un sanatorio, de aquí sólo se sale por la Chimenea (¿qué quería decir?, lo aprenderíamos más tarde)(21).


La proyección se presupone desde la ignorancia con respecto a los hechos que potencialmente puedan ocurrir en el futuro, que eliminando paulatinamente esa ingenuidad. La construcción hermenéutica como expresión, como reconstrucción del recuerdo, se genera con la ignorancia como principal motor de comprensión. Levi ignora qué connota el término «chimenea» para el léxico que se había generado en el Lager y por lo tanto le es imposible interpretarlo correctamente. Sólo el paso del tiempo le enseñará la dura realidad del Lager cuyo contacto con la muerte es imprevisible, constante y carnal. Se volverá sobre este punto, de forma más amplia, en el siguiente apartado. La pérdida de la ingenuidad y la dignidad confieren los elementos necesarios para interpretar qué es lo que está ocurriendo en el Lager:

sólo mucho más tarde, y poco a poco, algunos de nosotros hemos aprendido algo de la fúnebre ciencia de los números de Auschwitz, en la que compendian las etapas de la destrucción del judaísmo en Europa(22).


El erlebnis de Dilthey

Como se ha referido en los anteriores apartados de este trabajo, en los capítulos de Se questo è un uomo puede percibirse cómo el narrador da cuenta paulatinamente de fragmentos que configuran una realidad absurda. Estos fragmentos intentan dotar de sentido racional una experiencia carente horizonte de expectativas. De ahí la dificultad para comprender (verstehen) y luego explicar (erklaren) esta vivencia (erlebnis), siguiendo la terminología diltheayana. La complejidad de la operación hermenéutica es visible en las observaciones realizadas por el narrador, en cada episodio que detiene la narración de su testimonio concentracionario.

Genéricamente, como ya se ha observado, el texto de Levi puede enmarcarse dentro de la novela memorialística de posguerra. De todas maneras, la trama, equivalente a una autobiografía, relata la experiencia de un Primo Levi que ingresa a un campo de concentración con apenas veinticuatro años. No sería descabellado adscribir su primer obra literaria, entonces, al subgénero de la bildungsroman autobiográfica. El mismo narrador lo asume al iniciar su relato: «Me había capturado la milicia fascista el 13 de diciembre de 1943. Tenía veinticuatro años, poco juicio, ninguna experiencia»(23). Las experiencias vitales previas del joven piamontés serán casi insignificantes frente al hecho traumático que significará el Lager(24).

Si Whilhelm Dilthey consideraba la autobiografía como la manifestación más profunda del erlebnis, «la forma suprema y más instructiva en la que nos sale al encuentro la comprensión de la vida»(25), el caso de Primo Levi es paradigmático, en cuanto su vivencia debe necesariamente que tener un peso axial para el sentido de su vida. A pesar de que Se questo è un uomo no sea estrictamente una biografía, ya que su relato se detiene en una vivencia concreta (la supervivencia de un año en Auschwitz), es indudable que la carga autobiográfica funciona como el eje de toda la narración. El recuerdo acentuado, en términos del filósofo alemán, es la experiencia concentracionaria porque obviamente era la vivencia más significativa no sólo de su vida sino de gran parte de su generación(26). Sin embargo, esta narración autobiográfica no será fuente de comprensión como quería el filósofo alemán. Dilthey afirma que «la comprensión avanza hacia aquello que ha producido este curso vital dentro de un medio determinado»(27). En el caso de Levi la comprensión no cumple este progreso dentro del Lager. Es cierto que Levi, como se ha subrayado al final del anterior apartado, aprende el vocabulario esencial, comprende que en el Lager desaparece gente porque se la está exterminando. Lo que nunca llega a comprender es la causa y la finalidad de tamaño proceso. Refiere el mismo Levi en correspondencia con Heinz Riedt, primer traductor de su obra al alemán:

El Lager, y el haber escrito sobre el Lager, han sido para mí una aventura importante que me ha cambiado profundamente, me ha hecho madurar y me ha dado una razón para vivir(28).

El círculo hermenéutico puede ilustrarse a partir de esta aserción: el sujeto (el narrador) crea un objeto (narra un testimonio) que le devuelve algo al sujeto mismo: el mismísimo sentido para continuar con vida. Las partes (los recuerdos que produjeron el relato) y el todo (la vida en la que se enmarcan esos recuerdos) se alimentan recíprocamente. Dilthey destacó que «la categoría de significado designa la relación de las partes de la vida con el todo, que está fundada en la naturaleza de la vida»(29). Desde el positivismo decimonónico, las certezas dogmáticas acerca de la realidad provocaron la ilusión de que la vida era absolutamente comprensible a partir de ciertos hechos y datos. Sin embargo, el mismo Dilthey es el primero en asumir que la vida misma «nunca es accesible al conocimiento de una manera completa»(30) y es también el primero en oponer a estas certezas la imposibilidad de unir significante y significado, el todo con las partes, de forma tajante: «se trata de una relación que nunca se realiza por completo»(31). Pues bien; para Levi esta relación no se consuma en ningún momento. El único sentido que Levi encuentra en los hechos que presenta en su obra es el de atestiguarlos para las futuras generaciones. El genocidio queda para la más profunda perplejidad. Se volverá sobre esta idea en la conclusión.

La ansiedad hermenéutica, que configura la «recreación, revivencia»(32) diltheyana, presenta un conjunto de especulaciones conjeturales que buscan dar sentido a los espacios vacíos que deja la falta de información. Como se ha anunciado en el apartado anterior, la ignorancia funciona como factor decisivo, durante toda la narración de Se questo è un uomo: al ser deportados de Italia, Levi piensa en Auschwitz como «un nombre carente de cualquier significado entonces para nosotros pero que tenía que corresponder a un lugar de este mundo»(33). Este vacío de significado persistirá paradójicamente hasta la redacción de su memoria, cuyo valor catártico no será suficiente para saciar la necesidad de comprensión.

La distancia entre la interpretación (Se questo è un uomo) y el objeto interpretado (Auschwitz) no es significativa cronológicamente. Sin embargo, Levi actúa de la misma manera en que los alejandrinos interpretaban al lejano Homero: actualizando un problema cuyo sentido se había perdido en la contemporaneidad. Pero esta operación hermenéutica no resulta exitosa en ningún momento, tal como revela el fracaso explícito y la renuncia voluntaria de Levi a comprender: «Inmediatamente me declaran Arztvormelder, no sé lo que quiere decir pero éste no es sitio de pedir explicaciones»(34). No sólo la dificultad de moverse en un ambiente repleto de lenguas (yiddish, ladino, hebreo, alemán, italiano, francés, polaco), sino el hermetismo y la incoherencia de la realidad provoca en Levi esta renuncia voluntaria: «hace tiempo que he dejado de intentar entender»(35). Un diálogo ilustra esta renuncia a la comprensión de forma más clara:

- […] Tú eres el 174517. Esta numeración ha empezado hace dieciocho meses y sirve para Auschwitz y para los campos que dependen de él. Ahora somos diez mil en Buna-Monowitz; puede que treinta mil entre Auschwitz y Birkenau. Wo sind die Andere?
– ¿Los habrán transferido a otros campos? –le propongo.
– Schmulek menea la cabeza, se vuelve a Walter: –Er will nix verstayen(36).

Cuando Levi ya se ha convertido en un veterano del campo, apenas un año después de su entrada, ha aprendido la lección:

Éramos viejos Häftlinge; nuestra sabiduría consistía en «no tratar de entender» ni imaginarse el futuro, no atormentarse por cómo y cuándo acabaría todo: no hacer y no hacerse preguntas(37).

Al ser escogido para ocupar una posición privilegiada como químico dentro del campo, Levi asume que «nadie puede jactarse de comprender a los alemanes». Se presenta la cuestión del eterno retorno de la culpa, cómo es posible un sujeto que triunfa (sobrevive) en medio de tanta muerte y tragedia. Este motivo será recurrente en la obra lírica de Levi.

A diferencia de la fusión del pasado y en el futuro querida por Dilthey, en el relato de Levi el pasado es una realidad separada de forma tajante del presente. «Cuando se está trabajando se sufre y no queda tiempo de pensar: nuestros hogares son menos que un recuerdo»(38). El futuro, en cambio, cobra un protagonismo angustiante en el texto que si bien está insertado en el discurso del presente se muestra anulado como futuro: en esta anulación radican las cosas obvias que sólo empiezan a serlo con el paso del tiempo, la cotidianeidad de la muerte, su omnipresencia tácita, la supresión de las certezas ubicadas en el mañana. Levi afirma, a pesar de la lejanía infranqueable del pasado, que «sabemos de dónde venimos»(39). Opone a ese tiempo sólido un futuro cuya incertidumbre provoca una angustia intolerable:

Pero adónde vamos no lo sabemos. Tal vez podamos sobrevivir a las enfermedades y escapar a las selecciones, tal vez hasta resistir el trabajo y el hambre que nos consumen: ¿y luego? […] No volveremos. Nadie puede salir de aquí para llevar al mundo, junto con la señal impresa en su carne, las malas noticias de cuanto en Auschwitz ha sido el hombre capaz de hacer con el hombre(40).

Lo único claro es que en el futuro está la muerte, tarde o temprano. En torno aesa incertidumbre sobre su inminencia, abundan aserciones al respecto a lo largo de todo Se questo è un uomo. Bastará con recordar una de las frases inciales de la obra: «quien crea que va vivir está loco […] yo no, yo me ha dado cuenta de que pronto habremos terminado, tal vez en esta misma sala»(41) y el contraste que separa los nuevos de los veteranos en el Lager.

¿Y hasta cuándo? Pero los antiguos se ríen de esta pregunta: en esta pregunta se reconoce a los recién llegados. Se ríen y no contestan: para ellos, hace meses, años, que el problema del futuro remoto se ha descolorido, ha perdido toda su agudeza, frente a los mundos más urgentes y concretos del futuro próximo: cuándo comeremos hoy, si nevará, si habrá que descargar carbón(42).

Conclusión

Retomando la triple dimensión del horizonte de expectativas de la obra estudiado en el primer apartado de este breve ensayo, después de la lectura a partir de la tradición hermenéutica, es necesario concluir que el imperativo categórico adorniano cuenta con la misma finalidad que el testimonio de Levi: impedir que se repita una experiencia similar a Auschwitz en el futuro. Levi actúa siguiendo la fórmula del fragmento 80 de Friedrich Schlegel sobre el historiador cuya función es crear memoria: «el historiador es un profeta que mira hacia atrás»(43). Levi miró hacia un atrás inmediato que él mismo había vivenciado y dejó un mensaje claro: «si desde el interior del campo algún mensaje hubiese podido dirigirse a los hombres libres, habría sido éste: no hagáis nunca lo que nos están haciendo aquí».(44)

Cuatro décadas más tarde, el escritor piamontés redactó un ensayo, I sommersi e i salvati (1986) en el que incorporó reflexiones con elementos narrativos autobiográficos, similares a los que dominan las dos primeras entregas de la Trilogía de Auschwitz: Se questo è un uomo (1947) y La tregua (1967). La tarea del historiador puede vislumbrarse aquí de forma más clara: cuenta esta obra con toda la documentación, reflexión filosófica e histórica que se produjo en los cuarenta años que siguieron a la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo, sin embargo, permanece inalterable: divulgar la experiencia concentracionaria, transformándola de «recuerdo» individual a «memoria» colectiva(45). Es por eso que Enzo Traverso concluye que la finalidad de la obra de Primo Levi es moralizar la historia, con el fin de que el traumático evento de Auschwitz no se repita nunca más.

El mismo Levi inscribió el intentio auctoris para su obra en el prólogo de la misma: «No lo he escrito con intención de formular nuevos cargos; sino más bien […] para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana»(46). Se questo è un uomo no se trata de un juicio moral maniqueo ni de un memorial de agravios con rencor hacia los alemanes; su fin es más lúcido y profundo: demostrar lo que el hombre es capaz de hacerle al hombre (más allá de su identidad nacional) para que las generaciones futuras puedan sanear el curso de la historia. Sería arriesgado (y excedería los límites de este breve ensayo) realizar un juicio de valor acerca de si el deseo tanto de Levi como de Adorno se lleva acabo en la realidad actual. Dicha tarea queda reservada para los historiadores del futuro que deseen explorar la segunda mitad del s. XX.

Levi advirtió que «quizá lo ocurrido no puede ser comprendido, e incluso no deba ser comprendido, en la medida en que comprender, es casi justificar»(47). Sin embargo, su recurrente deseo de entender la realidad narrada es prácticamente inevitable en el género humano. El tono de la escritura de Levi, si bien casi naturalista a la hora de describir los detalles del campo, busca notoriamente la elaboración racional de un escenario brutal y paradójicamente absurdo e irracional. Los elementos textuales, que remiten a los intentos interpretativos del narrador estudiados en este trabajo, demuestran cómo Levi buscó en vano, de forma casi desesperada, dotar de sentido racional una vivencia histórica que aún en la actualidad permanece en los límites de la comprensión humana.


Citas

(1) Entrevista a Giulio Nascimbeni, in Anissimov, 1996, p. 663. Crf. RASTIER, F., «Le survivant ou l’Ulysse juïf», en Littérature, París: CNRS, pp. 98-99.

(2) FELSTINER, J. Paul Celan: Poet, Survivor, Jew. (1995), p. 56.

(3) ANISSIMOV, Myriam. (2001). «Dar testimonio», en La tragedia de un optimista. Madrid: UCM, p. 30.

(4) CFR. por TRAVERSO, E. (1997) La historia desgarrada. (2001) Barcelona: Herder, p.29.

(5) LEVI, Primo. (1958) Si esto es un hombre. (2007) Barcelona: El Aleph Editores, p. 10.

(6) TRAVERSO, E. op. cit. p. 27.

(7) CANER, R. (2005) “La interpretación de la obra literaria” en Teoría literaria y literatura comparada, Barcelona: Ariel, p. 241.

(8) LEVI, P, op. cit. p. 20.

(9) CANER, p. 237. El subrayado es de este trabajo.

(10) Ibid. p. 216.

(11) Vid supra. p. 7.

(12) LEVI, P, op. cit. pp. 31-32.

(13) «Para nosotros, el Lager no es un castigo; para nosotros no se prevé un término, y el Lager no es otra cosa que el género de existencia a nosotros asignado, sin límites de tiempo, en el seno del organismo social germánico», LEVI, P, op. cit. pp. 141.

(14) Ibid, p. 294.

(15) Ibid. p. 71.

(16) Ibid. p. 209.

(17) Ibid. p. 29.

(18) Ibid. p. 275.

(19) «La vida del Ka-Be es el limbo», Ibid. p. 81.

(20) Ibid. p. 131.

(21) Ibid. p. 43.

(22) Ibid. p. 41.

(23) Ibid. p. 15.

(24) Dilthey señala que todo relato de vida tiene un período de formación: «Formación es una propiedad general de la vida. Si miramos con hondura en ella, encontramos formación aún en las almas más pobres. Lo vemos con la mayor claridad allí donde los hombres son portadores de un destino histórico [el caso de Levi], pero no hay ninguna vida tan mísera que no contenga una ‘formación’ en su curso». DILTHEY, op. cit.p. 257.

(25) Ibid. p. 137.

(26) Ibídem.

(27) Ibídem.

(28) ANISSIMOV, Myriam. op. cit. p. 30.

(29) DILTHEY, op. cit. p. 261.

(30) Ibídem.

(31) Ibídem.

(32) Ibídem.

(33) LEVI, P, op. cit. 23.

(34) Ibid. pp. 76-76.

(35) Ibid. p. 78.

(36) Ibid. p. 85.

(37) Ibid. pp. 199-200.

(38) Ibid. p. 89.

(39) Ibid p. 90.

(40) Ibídem.

(41) Ibid. p. 35.

(42) PRIMO, 56.

(43) CANER, op.cit. p. 219.

(44) LEVI, op. cit. p. 89.

(45) TRAVERSO, E. op. cit. p. 181-202.

(46) Ibid. p. 9.

(47) TRAVERSO. op. cit p. 198. El subrayado es de este trabajo.

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                             (2003) La violencia Nazi: una geneaología europea. Buenos Aires: FCE.




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