Laurie Anderson. La voz de (la otra) América.
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Como creadora musical, Laurie Anderson podría ser considerada hoy en día como la voz de (la otra) América que reflexiona sobre temas tan diversos como el transporte aéreo, los idiomas extranjeros, las terapias de identidad, el vuelo de los ángeles, el dinero y la política. Como artista plástica, a pesar de utilizar el soporte multimedia, sus trabajos no suelen figurar en los medios de comunicación super concentrados, aunque cuenta con fieles seguidores de sus teorías sobre la tecno-cultura. La artista comparte sus reflexiones y anécdotas con el público de sus presentaciones y grabaciones, donde se suceden una serie de transparencias y video clips proyectados en escena (o tras la escena) y en donde ella y sus actores aparecen acompañados de los más variados ingenios eléctricos que le permiten dotar a sus trabajos musicales de una sonoridad y visualidad riquísimas.
Anderson nació en Chicago en 1947 y muy pronto inició una carrera como violinista en la sinfónica de su ciudad, para luego trasladarse a Nueva York donde estudió escultura e historia del arte. Eran los años de la cultura underground, cuando el performance art (o arte interdisciplinario multimedia) comenzó a ser cultivado por artistas venidos de los cuatro rincones del mundo e instalados en el Nueva York de los años setenta y ochenta. Como género artístico, el performance huye de la producción de un objeto tangible para concentrarse en el ámbito del espacio y el tiempo en el que ocurre una acción artística y en la relación que se establece entre el cuerpo del artista y su público. La aportación de Anderson a este género reside en su incorporación del multimedia y de una serie de dispositivos electrónicos con los que ella experimenta para después incorporarlos en sus espectáculos y grabaciones.
En United States I-IV (1979), su primer trabajo en formato de ópera, Anderson retrató la sociedad tecnológica, el mundo poblado de máquinas en el que los hombres van camino de convertirse en marionetas electrónicas atrapadas en un interminable entramado de tecnologías que prometen extrañas “vinculaciones afectivas neurológicas”. Tal vez por eso le atrajo la posibilidad de experimentar con los codificadores de voz digitales que le permiten manipular la voz de maneras sobrecogedoras, o introducir en su vestuario sensores y sintetizadores que producen sonidos y frases musicales en función de los movimientos de la artista. Su creatividad técnica ha introducido también alteraciones a su violín, en el que las cuerdas son sustituidas por cintas magnéticas. Amparada en una especie de transformismo sonoro y vocal gracias a su virtuosismo tecnológico, Anderson ha ido afinando una serie de voces que le sirven para dar estructura dramática a sus relatos, que no son otra cosa que literatura oral o a veces poemas visuales, como en el caso de Home of the Brave en 1983, con su aclamada representación multimedia de temas como Talk Normal y Language is a virus, éste último hecho como un homenaje al escritor William Borroughs.
De todos sus trabajos en United States I-IV, una producción musical de ocho horas de duración, sólo su canción O Superman ha llegado a las listas de éxitos (1981); después fue interpretada por David Bowie a dúo con su bajista Gail Ann Dorsey e incluida en el álbum Earthling de 1997. Pero Anderson no parece necesitar de un reconocimiento a nivel de masas para seguir activa. Sus variados proyectos la han llevado a colaborar con músicos como Philip Glass, Brian Eno y Lou Reed, entre otros. Sus trabajos audiovisuales se han presentado en citas de arte como la Bienal internacional de video de Tokio, el Festival de Cannes y la Documenta de Kassel. Sus obras suelen también presentarse en las galerías de Nueva York.
Los ataques suicidas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington parecen haber dado un nuevo sentido a la letra de O Superman, cuando apenas una semana después de los ataques se presentó en un concierto grabado en directo en el Town Hall de Nueva York:
“Esta es la mano, la mano que toma/ Aquí vienen los aviones/Son aviones americanos. Hechos en América/ ¿Fumador o no fumador/ Y una voz dijo: ‘Ni la nieve, ni la lluvia ni la oscuridad de la noche impedirán que estos emisarios/ Completen con toda rapidez la misión que les ha sido encomendada’”.
Más adelante en la misma canción, se citan las palabras de una madre (¿tal vez una madre precursora de la “madre de todas las batallas” preconizada por Saddam Hussein durante la primera guerra del golfo?). La madre sostiene a sus hijos en sus brazos, mientras que en su regazo se activan las guerras de manera automática:
“Sostenme, Madre, en tus largos brazos/ En tus brazos automáticos/ Tus brazos electrónicos/ En tus brazos/ Sostenme, Madre, en tus largos brazos/ Tus brazos petroquímicos/ Tus brazos militares/ En tus brazos electrónicos.”
Las opiniones de Anderson sobre la era tecnológica resultan sorprendentes si se tiene en cuenta que la artista se apoya en las nuevas tecnologías para crear sus espectáculos. En The Speed of Darkness (La velocidad de la oscuridad) nos dice: “Lo que más me asusta es que cada día que pasa la tecnología se vuelve un asunto a escala mundial, corporativo y monolítico del que es imposible sustraerse. Hace poco alguien me comentaba que lo más triste de la caída del muro de Berlín es el hecho de que ya no existe la posibilidad de ser un defector. Ya no quedan lugares a donde ir. La tecnología está ahora en todo el mundo, la mayoría de artistas, al igual que todos los demás, tendrán que vérselas con ella”.
LAURIE ANDERSON FINALIZÓ RECIENTEMENTE UN PROYECTO COMO ARTISTA RESIDENTE DURANTE UN AÑO EN LA AGENCIA ESPACIAL ESTADOUNIDENSE NASA. SU NUEVO TRABAJO EN SOLITARIO THE END OF THE MOON, DEFINIDO POR LA ARTISTA COMO LOW-TECH, SE ESTRENÓ EN LA BROOKLYN ACADEMY OF MUSIC EL PASADO MES DE FEBRERO Y SU ESTRENO EN EL BARBICAN THEATRE DE LONDRES ESTÁ PREVISTO PARA EL 18 DE MAYO.
Pieces and parts
Del Album Life on a String
(Basado en su espectáculo Songs and Stories from Moby Dick)
Dicen que en el año 1842, en una plantación de Alabama,
Los esclavos desenterraron un enorme esqueleto,
La osamenta de una ballena azul.
Un Leviatán…
De la época en que el mundo estaba cubierto de agua,
Desde los Andes a los Himalayas,
Incluso Alabama estaba en el fondo del agua…
Y los esclavos observaron esos enormes huesos y dijeron:
“Estos deben ser los huesos de un ángel caído”
En medio del mar, surge del agua.
Uno busca señales de ella.
Parece una gigantesca colina de nieve.... un surtidor...
Luego desaparece. Es un punto diminuto en el horizonte…
La vemos solo por partes.
La cola se agita y golpea con fuerza…
Son pedazos y partes...
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja
Que encontrar a una ballena oculta en el fondo del mar.
Más fácil es navegar por el mundo en una taza de café
Que ver a la ballena cuando surge desde el fondo.
Solo la vemos por partes:
Un surtidor,...una aleta... un punto diminuto en el horizonte
Una enorme dentadura...la boca abierta en lo alto...
¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Cuidado!
Entonces hieres a un elefante con un dardo
Y éste, girándose, se lo quita con la trompa ¡Oh!
Pero si hieres a una ballena en el corazón el océano entero se pone rojo...
Se pone rojo...
La vemos sólo por partes
Entrevemos una cola
Que golpea con fuerza
Hecha pedazos y partes
Así que ponlo en tu cabeza:
Tal vez existan algunas cosas que no puedas recordar en absoluto...
Pero si te dan en el corazón
Quedas hecho pedazos y partes
Pedazos y partes.
© Enrique Góngora Padilla (Derechos reservados. Ver Aviso Legal)
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