Leonor Silvestri, de Guerra Fría

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Honduras-Nicaragua

Con la delicadeza oriental
de trazo o mano que sueña
o imagina ideograma antiquísimo
y conjura en tinta negra
un carácter que suena a cuerdas
las yemas, palmas de jaguares,
en mi espalda acarician
las hojas, pétalos, cual abrazo
de hiedra enamorada de su muro,
que se enroscan en tu brazo
imperceptibles y finas
nadie se dé cuenta
-ni vos, tal vez –
del roce, mi apetito por
un diminuto pedazo de tu piel
que escapa a la duerme vela
en este viaje interminable
y a la estricta vigilancia de la ropa
por arte de magia
logro posar sobre tus dedos
fingen no saber
fingen incluso ignorarme
no dormiremos, pero nuestros ojos
persisten en mantenerse cerrados
las visiones y las utopías abundan
no serán dichas, jamás pronunciadas
un antídoto contra la soledad
de un bus sofocante
rodeados de enemigos
misioneros y taekwondistas
donde compartimos naranjas
juegos y afanes
en la intimidad del secreto nunca
confesado de anhelarnos

.*.*.*.

Sí, soy yo la que te toca
la que hace como si
no te toca pero te siente
desde atrás
sobre la espalda
y arquea el lomo
de gata
Mira me, sí
también yo he querido
que me toques
¿qué soñabas o pensabas?
o fingías no mirarme
y me olisqueabas
como gato, nocturno
que esperando la noche
hace siesta al sol
fiel a un sueño tan claro
y tan negro
–oh tremenda paradoja-
como roja nuestra bandera
y obsesión.







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