Matías Ellicker

De La Siega, la enciclopedia libre.





El valor de la fugacidad

para José Peguero & Rebeca López


Alcanzamos velocidad sin pisar el acelerador
volátiles en el Volkswagen
dejando atrás colonia Atlántida sedes de alcohólicos anónimos
siempre con el lento parpadeo de los parabrisas
siempre con el clima en que levitan
los monumentos a la Madre a la Revolución
Hacia el norte de Ciudad de México
de espejismos que se desprenden de los retrovisores
para que podamos sobrevivir
abrir la boca más tiempo sobre cuellos
que el hacha de Damonte inevitablemente cortará
Un camino desbocado en el que se pierden y reencuentran
nuestros caballos de fuerza, las autopistas
que nos alejan (o nos llevan) hacia
pasaportes no expedidos donde todo puede ser
Mas por ahora Peguero al volante y
muchachas pálidas pudriéndose en rocking chairs
esperando remontar la noche de motocicletas
que desaparecen tras la Plaza de Toros
a una velocidad incompatible con el DF
con los huelguistas de la República que nos miran
como si fuéramos una obra abstracta recién robada
o labios partidos por besos irrepetibles
Todo expuesto en el Matadero que quedó y que flota
un Zócalo cubierto de propagando marxista
Lenin y Stalin y muchachas de Acapulco
vendiendo pulseras que fabrican en su tienda de campaña
donde un tipo semidesnudo habla de
barricadas y metralletas por un altavoz
Lo que ha sido el deseo: manos y piernas que quieren,
necesitan moverse, ir a buscar un rostro, hasta hoy,
multiplicado en pasaportes que cruzan a 200 kms. por hora
pesadillas de espaldas mojadas
mientras todos nos hacemos incienso en
el mirador y flotamos sobre el valle
Carreteras que el Volkswagen atraviesa
zonas rurales instaladas de golpe en el subdesarrollo
o en futuros mataderos, estaciones de PEMEX
o piezas lanzadas al atardecer donde Pedro Damián
monta el atril de la ebriedad y mueren
las mariposas de las Páginas Amarillas
Todo lo que amamos expuesto bajo el hacha
lo que intentamos olvidar en andenes
la velocidad que envuelve los ojos sobre la Plaza de Toros
las manos que frotan rodillas en rocking chairs
¿Es que en México no piensas trabajar? dice
una compatriota sin rostro
y tú ves en cada uno de sus dientes a
latinoamericanos en Campos de Detención
enculándose a sí mismos pero en realidad
pensando en sus mujeres, en la mujer del que se enculan
en la que echas de menos y ya no volverás a besar
como si esa mujer fuera una chaqueta blanca
perdiéndose hacia el norte y fuera suyo el flujo vaginal
que levita sobre campos de fútbol
entre maquiladoras y molinos fueran suyos
los cuerpos abandonados a 500 mts. de casetas policiales
de los dientes que hacen juego con los escenarios de marfil
mientras nosotros pasamos a la sombra
como un Pollock robado
volátiles en el afiche desplegado del DF
el atril de este desierto como un solo peyote luminoso
cuyos vuelos nadie registrará
y está bien, qué beso perdido
podría tallarte la posteridad
lo mejor es que desaparezcan










Soma

para el poeta infrarrealista Pedro Damián


30 años o más de poesía pueden ser caballo herido incluso para estoicos
a quienes ya nadie ama
que siguen bebiendo mientras afuera amanece y todo es pérdida al paso
de tantos presidentes blancos
tantos desfiles militares
sólo carreteras hermanadas bajo un pobre sol empresarial
hacia el útero del que ya nada se aprende
del que ya nada podrías recobrar
-entonces mejor verse así
cabalgando por las poéticas de la nueva poesía americana
pinchándose los brazos en estaciones de servicio para después
apoyar la espalda en vigas
mirando la eterna dilatación de camionetas
con ojos que abren automotoras donde siempre hubo pasto seco y
cánticos fríos en tiempos de convulsiones sociales
los muslos vuelven –ahora todos te dicen nadie te ama
nadie entra en tu poema para decir
el poema no empieza 30 años o más de poesía
el poema empieza querida mía te amo mucho
dónde quedó tu piel de lapislázuli y el
olor a sexo en la habitación
pero los muslos vuelven nuestra resistencia es un muslo
y ciertamente hay formas y formas de abrigar los psiquiátricos
aún queda tiempo para ir rumbo a la pulpa desde la vecindad del hueso
y saber que a los peligrosos ghettos de la mente se los atraviesa
con esa voz con ese valor hasta las mareas azules de luminosa droga
el Soma del que he oído en estos días desnudo y sucio entre desnudas
paredes blancas y flores muertas
ahora, en tus manos, es primavera    por estos patios se predice la
                        derrota de mis compañeros
sin embargo hay quienes aún preferimos vernos así
escribiendo mujeres que se desnudarán a las orillas de las playas
pateando los orinales rompiendo los espejos
también las lágrimas vuelven y las llamarás estilo del atardecer
                                            aves de paso
lenta lluvia sobre el mariachi estremecido por el fin del espíritu santo
y ella o cualquiera podrá encender la radio y oírlo
y la mayoría sólo verá tu miseria y se dormirá
pero habrá una que apagará su luz y no podrá dormir
por el destello de tu voz en su piel de lapislázuli
por el roce de las pezuñas -sin herraduras- en las poéticas americanas
y ella te dirá seguiré despierta te seguiré esperando
-si no pierdes la esperanza en los juglares
-si no pierdes la esperanza en la esperanza










Juan Cervera antes de la guerra

El ajedrez entendido por una bailarina de flamenco
Creo en el Arte y en los gestos que detienen la Escarcha
Las canciones que despliegan su delta
y cada brazo –a la sombra de los escenarios
de marfil- dilatando la leyenda coral del precario norte
No sólo cuerpos abandonados entre las piedras
No sólo cuernos hiriendo la tarde a la entrada de los ranchos
En el aparcamiento Peguero y yo buscamos su automóvil
Hay miles idénticos así como hay miles de rostros sudando
en medio de la noche susurrando el nombre de quien aman
La carrocería está cubierta de cagadas de paloma
y esas cagadas son vida certeza de que
estos atardeceres se rompen en los ardientes metales
y que en el sueño del minusválido que nos aguarda
el viento es una madre que pare libremente en el valle
la fuerza que agita sin tregua los huesos de los dictadores
o como dice Cervera –poeta español en tierra azteca-
certeza de que jamás lameremos la verga de las divinas garzas.










La épica

Faltos de épica en suburbios de labios sin viento pero partidos
mis histéricos hermanos lloraron ante aperos de montar
                                            la pálida estática de sus talones
preguntándose dónde estaría la caballería
los cuellos perfumados que acercan todo muelle
susurrando al amanecer quién abrirá la puerta de los garajes
donde sus padres los dejaron entre banderas y lágrimas






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