Número 15: Noviembre 2008

De La Siega, la enciclopedia libre.


Selección, edición y cuidado de Luis M. Hermoza y Galo Ghigliotto.

Presentación a cargo de Luis M. Hermoza
Prólogo a cargo de Galo Ghigliotto.




Chile del siglo XX. Una historia convulsa que no deja imparcial a nadie. El devenir histórico del mundo plasmado en un país remoto, largo y estrecho. Las ideas que van y vienen y dan tiempo, con el tiempo, a mirarlas como páginas de un libro. Los fantasmas caen, los demonios caen, los santos y salvadores caen. Ese siglo XX en su poesía: ¿Cómo llegar a él? ¿Cómo afrontarlo sin caer en el ensayo, es decir, con ejemplos, que es lo que cuenta? Cada cual que piense lo que quiera.

Uno de los motivos de mi interés en introducirme de lleno en la actualidad literaria y cultural de Chile y, conmigo, arrastrar a La Siega, fue su historia del último siglo. No fue precisamente por Bolaño. De pronto quería conocer, descubrir su mundo de ficción, sus monstruos, sus medios de evasión. Aunque, sin duda, el origen de todo esto estuvo en otro motivo más oculto y patético pero bien alojado, la negación al maestro. Toda mi educación escolar, mi crecimiento y formación de mi identidad, partió de un principio: la oposición al chileno (y otros enemigos históricos, pero éste principalmente), envuelto en una retórica de resentimiento, odio y desconfianza. Nací en Perú, fui educado en los ochentas, tras décadas de regímenes militares y vaivenes democráticos, en un plan curricular victimista. Pero la gente crece y ahora, por suerte, también se aleja, cruza mares y continentes, tiene otros problemas, los cuentos de terror como de redención se cuestionan.

Uno de los golpes más fuertes para la identidad de un nacionalista emigrado que trata de asirse del mástil antes de que se hunda el barco, como yo (el resaltado es mío), fue descubrir que el enemigo no lo era tanto, que incluso se puede transformar en un amigo y, yendo más lejos, en un gran amigo. Puede resultar estúpido e ingenuo, obvio, pero no lo es tanto: es la lección que el siglo XX nos deja.

Razones contundentes para dedicar un número de narrativa, de poesía, de arte (¿se conseguirá?), para gastarse años en la empresa. Para los curiosos o los que se preguntarán aquí dónde está la fiesta, ya he contestado.

De esta forma presento el siguiente número de La Siega, número quince, dedicado a la poesía chilena del siglo XX, actual, actualísima en muchos casos, que se escribió, en poetas que probablemente seguirán escribiendo. Una muestra titulada Poesía del fin del mundo: 97 poetas chilenos con vida, que pretende hacer de exhibición orientativa de poetas, poemas, líricas, generaciones, rupturas, obsesiones poéticas, personajes, presencias, ausencias y todo lo que empiece o acabe en poesía, en un margen temporal que se inicia en la década del veinte y no culmina.

La selección está ordenada según la fecha de nacimiento de los autores, siendo los más jóvenes poetas nacidos en los ochentas y los más ancianos poetas nacidos en los años veinte. A cada década le corresponde un número determinado de poemas, dos poemas para los más jóvenes, que abren la muestra, continuando por tres poemas que corresponden a los autores nacidos en los setenta, cuatro para los nacidos en los sesenta, cinco para los nacidos en los cincuenta, seis para los nacidos en los cuarenta, siete para los nacidos en los treinta y, finalmente, ocho poemas para los poetas nacidos en los años veinte.

Como en toda muestra, selección, antología o similar, hay ausencias, algunas notables y otras no tanto. Estas ausencias se han dado por diversas razones: imposibilidad de dar con el autor o encargado de difundir su obra, convicción personal de no participar en la muestra, militancia determinada, dejadez, olvido del autor, desconocimiento, o cuestiones ligadas al proceso de selección, entre otras; queden para nosotros las causas particulares de cada presencia o ausencia.

Quiero hacer pública la esforzada e incondicional participación de mi amigo y compañero de aventura, Galo Ghiogliotto, a quien conocí hace más de año y medio, cuando este número estaba en pañales. Sin su ayuda casi diaria, asesoramiento, comentarios, amistad, el número, tal como está, hubiera sido imposible.

Del mismo modo, quiero manifestar mi desazón y disculpa a los lectores y visitantes por haber dejado de lado la poesía indígena que se escribe en Chile con verdadera fuerza y compromiso. Estoy en deuda.

Sin mucho más que decir (por ahora), dejo que se adentren en el otro siglo de la poesía chilena que late lejana y viva con nosotros. (Por Luis M. Hermoza)


La poesía chilena es una bomba de racimo.


Por Galo Ghigliotto.

Quien haga el intento de investigar la poesía chilena actual a través de Internet, encontrará en su búsqueda páginas de diverso contenido: mucha poesía, por supuesto, y con frecuencia discusiones entre poetas chilenos de todas las edades, cartas lanzadas entre unos y otros como balas de cañón -aunque a veces no haya claridad para quien no conoce el nombre de los soldados, cuál es el territorio en pugna o simplemente a qué ejército pertenecen. Los escenarios de guerra son variados: blogs, artículos en diarios de circulación nacional, la página de consulta por excelencia letras.s5.com, y hasta videos en los que puede escucharse a poetas chilenos disertando arengas que son ataques de bombas de racimo, disparados hacia objetivos que sólo ellos conocen, acierten o no. Alguien que pretenda encontrar en Chile un terreno idílico de paz poética, habitado por autores que viven sus días y marcan la historia literaria chilena en paz, probablemente se decepcionará.

A primera vista parece decepcionante, pero en una segunda lectura puede explicarse sencillamente el por qué no lo es. Durante mucho tiempo vi estas discusiones con ceño fruncido: nunca entendí por qué existe ese afán de descalificarse los unos a los otros como malos hermanos. Sin embargo, di con la respuesta leyendo una nota de Rodrigo Hidalgo, escritor chileno. Transcribo: que hayan todas estas trifulcas y reyertas sólo habla de la vitalidad de la que goza la escena, el mundillo literario. ¡Eso es!, me dije. La actividad bélica al interior de las letras chilenas sólo responde al hecho de que todos estamos demasiado vivos, muy convencidos de lo que es y debe ser la labor y la escritura, tanto así que, como fanáticos religiosos, si alguien se enfrenta en contra de nuestra postura, vamos y lanzamos una bomba = un poema.

Tal vez La Araucana de Alonso de Ercilla marcó a los poetas que nacen sobre esta tierra con ese espíritu que es mezcla de guerra y poesía. Tal vez la guerra y la poesía se reúnen sobre esta tierra para tomar los cuerpos de los hombres y hacer cantar sus espíritus sobre el papel con la destreza de quienes se baten con espadas. O será esta tierra plagada de vida la que atrae los espíritus de poetas y guerreros de distintas épocas para fundirse en sucesivas reencarnaciones, hasta nuestros días.

No sabremos nunca a ciencia cierta qué hace de Chile un país eminentemente de poetas. Pero sí sabemos que los discursos disparados como municiones desde distintos flancos son los que, lejos de destruir, consiguen generar aberturas en horizontes opuestos a través de los cuales entrará la luz de distintos soles.

Sin lugar a dudas es el posicionamiento de los autores en diversos frentes es lo que permite que la poesía chilena se retroalimente con frecuencia y permita que el discurso-país no pueda encerrarse bajo una clasificación. Distintas voces componen un cuerpo poético nacional tan heterogéneo como la geografía del país, y tal vez ahí resida otra metáfora de lo que es la poesía en Chile: una representación del paisaje, cambiante en el recorrido del tiempo y la distancia.

Hemos dejado fuera de esta compilación a los grandes dinosaurios de la poesía chilena. Precisamente por eso, porque son fósiles, y sus restos pueden encontrarse en cualquier antología monumental cuya edición tenga aspecto de museo.

En la muestra que presentamos a continuación, quisimos incluir poetas vivos porque la poesía chilena tiene una historia demasiado extensa, y sería un trabajo de doscientos años recopilar todos los textos de quienes han nacido y muerto sobre esta tierra. Además, nuestra intención es orientar a los lectores de otras tierras sobre lo que ocurre en el Chile de hoy, compuesto por personas que viven y escriben, simultáneamente.

Poesía del fin del mundo: 97 poetas chilenos con vida


80's

Francisco Lertora (1989) Camilo Herrera Estai (1986) Guido Arroyo (1986) Diego Alfaro Palma (1984) Sebastián Herrera (1984) Germán Gana Muñoz (1983) Úrsula Starke (1983) Alejandra Fritz (1982) Diego Ramírez (1982) Edson Pizarro (1982) Enrique Winter (1982) Pablo Paredes (1982) Gladys González (1981) Javier Norambuena (1981) Marcela Saldaño (1981) Mauricio Valenzuela (1980) Raúl Hernández (1980) Rodrigo Andrés Morales Salazar (1980)

70's

Carmen García (1979) Felipe Ruiz (1979) Héctor Hernández Montecinos (1979) Rodrigo Olavarría (1979) Ángel Valdebenito (1978) Ernesto González Barnett (1978) Juan Pablo Pereira (1978) Leonardo Videla (1978) Marco Yupanqui (1978) Rosario Concha M. (1978) Galo Ghigliotto (1977) Gloria Drünkler (1977) Marcelo Guajardo Thomas (1977) Christian Aedo (1976) Antonia Torres (1975) Gustavo Barrera Calderón (1975) Juan Soros (1975) Pablo Maire (1975) Roberto Contreras (1975) Andrés Anwandter (1974) Camilo Brodsky (1974) Carlos Henrickson (1974) Felipe Cussen (1974) Juan Carlos Vidal (1974) Juan Cristóbal Romero (1974) Óscar Barrientos (1974) David Preiss (1973) Elizabeth Neira (1973) Javier Tudela (1973) Sergio Coddou (1973) Alejandra del Río (1972) Alejandro Cerda (1972) David Bustos (1972) Javier Bello (1972) Jorge Velásquez Ruiz (1972) Yanko González (1971) Antonio Silva Fuentes (1970) Jaime Pinos (1970) Kurt Folch Maas (1970)

60's

Julio Carrasco (1969) Adán Méndez (1967) Boris Durandeau (1967) Francisco Véjar (1967) Jaime Huenún (1967) Malu Urriola (1967) Armando Roa Vial (1966) Leo Lobos (1966) Nadia Prado (1966) Sergio Ojeda (1965) Víctor Hugo Diaz (1965) Mario García Álvarez (1964) Verónica Jiménez (1964) Andrés Ajens (1961)

50's

Alexandra Domínguez (1956) Tomas Harris (1956) Carlos Ernesto Sánchez (1955) Jorge Montealegre (1954) Alfredo Lavergne (1953) Clemente Riedemann (1953) Verónica Zondek (1953) Elvira Hernández (1951) Carlos Cociña (1950) Carlos Trujillo (1950) Raúl Zurita (1951)

40's

Juan Cameron (1947) Carmen Berenguer (1946) Claudio Bertoni (1946) Jorge Etcheverry (1945) Paz Molina (1945) José Ángel Cuevas (1944) Soledad Fariña (1943) Omar Lara (1941)

30's

Virgina Vidal (1939) Oscar Hahn (1938) Armando Uribe (1933) Pedro Lastra (1932) Delia Domínguez (1931)

20's

David Rosenmann-Taub (1927) Ludwig Zeller (1927)

Agradecimientos

Debo agradecer a muchas personas la realización de este número: Galo Ghigliotto, Leo Lobos, Claudia Apablaza, Ricardo Gattini, Andrés Ajens, Andrea Cabel, Reinhard Huamán Mori, Felipe Ruiz, Montserrat Rojas Corradi, Clemente Riedermann, Alejandra del Río, Javier Bello, David Bustos, Héctor Hernández Montecinos, Felipe Cussen, Jorge Montealegre, Diego Zúñiga, Emilio José Gordillo, Carlos Henrickson, Víctor Hugo Díaz Riquelme, Susana Wald, Alejandra Rosas, Maurizio Medo, Jorge Etcheverri, a la paciencia y confianza que tuvieron para conmigo todos los poetas que aparecen en la muestra, pese a los meses y meses que tardé en ponerla en órbita, y a la generosidad de escritores, lectores e intelectuales quienes me proporcionaron nombres, contactos o correos electrónicos. Como lo dije hace un año en el número de narrativa chilena, para todos ellos mi eterno agradecimiento.