Número 18: Julio 2011

De La Siega, la enciclopedia libre.

Presentación a cargo de Luis M. Hermoza
Prólogo a cargo de Birgit Weilguny
Nota de traducción a cargo de Bernadette Konzett


Entrar de lleno en una literatura nacional requiere más que ir a la librería y comprar libros, implica abordar una cultura, una historia, y con ellas los sueños, las esperanzas, los traumas y miedos de las sociedades. Cuando me propuse crear un número dedicado a la literatura austriaca de post-guerra, buscaba precisamente eso.

Fue hace cuatro años, cuando en casa de Bernadette Konzett y Miguel Uza, por entonces en Hospitalet de Llobregat, sentí que la idea que tuvo Sonja Tiefenbacher de hacer el número podría cuajar en proyecto. Me lo terminé de creer cuando en el metro de regreso a casa Carlos Castro Sajami me recalcó mirándome a los ojos «lo tienes todo». Desde luego, éramos inconscientes de lo que un proyecto así implicaba: La Siega por primera vez abordaría una literatura en otra lengua.

Un año después, tenía a todos mis amigos y conocidos austriacos implicados en el proyecto y a otros nuevos colaborando en menor o mayor medida y, desde luego, a los infaltables colaboradores de La Siega que por alguna razón creen en este tipo de proyectos altruistas y se emocionan y motivan con los nuevos retos.

El primer objetivo fue organizarnos, idear la forma para poder llevar a cabo el proyecto. Era difícil pues la mayoría de los colaboradores estaban lejos, en otras ciudades, en otros países y en otros continentes, algunos tan perdidos en lugares exóticos donde Internet es un lujo de excéntrico citadino. Desde luego, nuestros colaboradores estaban locos y nosotros más por aceptarlos. Pero todos buscábamos darle forma al proyecto y coincidíamos en la motivación y alegría de concluirlo. Así fue como Sonja, Berna, Andy y yo, los cuatro que vivíamos en Barcelona, nos hicimos cargo de la organización y creamos una red social privada (virtual desde luego), para que, estén donde estén los colaboradores (algunos siempre en tránsito), puedan conectarse, compartir, aportar y enterarse de lo que estaba pasando con respecto al número.

Fue cuando nos repartimos las responsabilidades y grupos de trabajo. Sonja se encargaría de dirigir la etapa de contacto con los autores y editores, en donde contó con la ayuda de varios de nosotros, en especial de Berna, Rene Peinbauer y Brigitte Rauscher. Berna se encargaría de todo lo relacionado con el proceso de traducción que, sin ánimo de desmerecer el trabajo del equipo en conjunto, representó el bloque duro y más largo del trabajo, que requirió de hartas dosis de motivación y paciencia, y donde demostró su entrega y eficacia al poder llevar un proyecto de este tipo. Andy daría soporte a ambos equipos. Yo me encargaría de la misión de la edición virtual del número (mis limitaciones lingüísticas así lo meritaban). Todo esto, un martes 27 de noviembre de 2008 en el Bar Lletraferit.

Lo que siguió después, fue la consecuencia lógica de lo que habíamos empezado: tres años de trabajo, en los que hemos tenido momentos buenos y difíciles como grupo, en los que hemos aprendido a esperar y aceptar los deseos y posibilidades de los compañeros en pos de la estabilidad del proyecto, en los que hemos aprendido a conocernos a nosotros mismos y a conocer más a las amigas y amigos. Porque tres años dan para mucho: cambio de ciudades, de vidas, de prioridades. Todo sin perder la ilusión, elemento fundamental para llevar a cabo un proyecto de este tipo, donde no hay dinero de por medio.

Debo confesar ahora la razón de por qué empecé esto. La respuesta se la debo a mucha gente. Porque no soy germanista ni nunca he ido a Austria y, es más, nunca he estado en ningún lugar a habla alemana (salvo el Goethe Institut), y eso despierta como mínimo la curiosidad. Definitivamente este número no me lo deben a mí, se lo deben a mis amigos y amigas austriacos, que fue por ellos que empecé todo, porque si algo me motivó fue el deseo de conocerlas y conocerlos más.

El mercado editorial español me había presentado una Austria de post-guerra traumatizada por el pasado reciente y su participación en la Segunda Guerra, una Austria que removía y rebuscaba en su lado más oscuro para denunciar la hipocresía de su bienestar. Pero no era la única fábrica de ficción. Conforme he ido leyendo los textos traducidos de los autores me fui percatando de una evidencia: una sociedad da para mucho y, por ende, la sociedad austriaca del Siglo XXI tenía que, como cualquier otra sociedad occidental del Siglo XXI, abarcar en ella una pluralidad de temas, obsesiones, intereses, miedos, etc. Me agrada saber que Austriacís(si)mo: 34 autores austriacos de post-guerra acerque a sus lectores precisamente eso: una variedad de voces que revelan una sociedad fresca y viva, dispuesta a mirar hacia su futuro.

Dejo, pues, a los lectores de La Siega, disfrutar de esta actualísima muestra variopinta de autores austriacos, varios de ellos traducidos por primera vez al español. (Por Luis M. Hermoza)


Tabla de contenidos

Austriacís(si)mo

Prólogo a cargo de Birgit Weilguny



El proyecto de presentar toda la literatura de un país no puede más que fracasar. El mundo es demasiado fragmentado; y lo mismo pasa con la literatura que describe y recoge de manera individual y subjetiva realidades diversas.

En vista de esto, el número de escritoras y escritores austriacos que publicamos en esta edición de La Siega es amplio y reducido a la vez; amplio, porque se trata de numerosos textos que en su mayoría aparecen por primera vez en idioma castellano; demasiado reducido cuando pensamos en todos los textos que faltan. Y, aunque la muestra nunca pretendió ser exhaustiva ni mucho menos representativa, deseo hablar de “la literatura austriaca” en ésta introducción.

Leer es dejar que la imaginación viaje. En éste caso, a Austria, mi país, que comparte el alemán, su idioma nacional, con los países vecinos. Por eso incluso se ha debatido si existe una literatura nacional y en bastantes antologías los autores austriacos se citan entre los de Alemania de manera indiscriminatoria. Pero pienso que cada región o país tienen sus particularidades y es posible que la literatura austriaca se distinga por la historia del país y los rasgos particulares de nuestra sociedad.

Tal vez ya hayan oído hablar de nuestra literatura, tal vez siga multicultural porque el ambiente del imperio austro-húngaro ha logrado conservarse a través de los siglos. Se ha dicho mucho sobre el inconsciente en la literatura (claro, como Freud era austriaco), de la pasividad y comodidad de los austriacos, otro tópico que supuestamente es fruto del pensamiento que nada cambia en la vida de uno, ni siquiera los más mínimos detalles y mucho menos el rumbo de la historia. O bien del odio que otros autores austriacos como Thomas Bernhard o la premio Nobel Elfriede Jelinek sienten hacia la sociedad provincial austriaca que les parecía demasiado mentirosa y que han criticado de manera ácida y satírica en sus obras más enigmáticas.

Pero, ¿cuáles son en realidad los rasgos de la literatura austriaca?, y ¿cómo se define "identidad" en el ámbito histórico, cultural, social, literario? ¿Es la identidad algo que existe en un mundo postmoderno? ¿Algo que todavía puede ser argumentado?

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Austriacís(si)mo: 34 autores austríacos de post-guerra

Alfred Komarek // Alois Brandstetter // Alois Hotschnig // Bernadette Schiefer // Bettina Balàka // Brigitte Rauscher // Clemens Setz // Cornelia Travnicek // Erwin Riess // Eva Rossmann // Franzobel // Günther Kaip // Hanno Millesi // Jochen Jung // Katharina Stamminger // Kurt Palm // Max Bläulich // Mieze Medusa // O.P. Zier // Paul Divjak // Peter Zimmermann // Reinhard Kaiser-Mühlecker // Robert Prosser // Rosemarie Poiarkov // Sabine Gruber // Sabine Scholl // Sophie Reyer // Susanne Gregor // Thomas Stangl // Ursula Knoll // Walter Grond // Wolfgang Hermann // Walter Kappacher // Xaver Bayer

Nota de traducción

Tras más de cinco años publicando textos escritos en castellano llegó para La Siega el momento de lanzarse a la edición de textos provenientes de otra lengua y cultura. Por más sólida que fuera la trayectoria editorial que llevara a la exploración de ese terreno nuevo, tal traslación supone un reto mayúsculo que sólo se llega a cumplir con inmensas dosis de entusiasmo y tenacidad de muchas personas.

Y, casi milagrosamente, en el caso de La Siega ha sido así. En un impulso tan natural como desinteresado, Ramon Farrés integró el proyecto en su asignatura de traducción literaria en la Facultat de Traducció i Interpretació de la Universitat Autònoma de Barcelona y acompañó a Elisabet Martínez, Imma Batallé Masot, Jessica Zuan, José Luis Ribas, María Shanánina, Sarah Lena Stepan y Victoria Roestel en su gran trabajo. A la vez, un grupo heterogéneo de traductores y traductoras y amantes de la literatura consistente en Amaia Zaballa, Andreas Montalvo, Inés Haybäck, Laura Macías, Manuela Lang, María Celeste Gómez y Thomas Paul Konzett volcaron sus habilidades en un proceso intenso que implicaba trabajo en tándem, traducción directa e inversa y colaboraciones en todas las combinaciones posibles. A ello se juntó la sensibilidad meticulosa y perspicaz de los lectores y lectoras Celeste Cecos, Gilda Escalante, Javier Hernández Fernández y Luis M. Hermoza y otra vez Inés y Laura, así como de Birgit Weilguny, cuyo extendido lectorado final bilingüe aportó últimos ajustes muy valiosos. Por último, Hariet Quint, Marco Aurelio Larios, Pola Iriarte Rivas y Sven Olsson dieron el consentimiento generoso de ampliar el número por sus traducciones llevadas a cabo previamente.

El conjunto de esas aportaciones culmina ahora en 34 textos literarios escritos originalmente en alemán austriaco de una calidad de traducción muy alta que, salvo dos excepciones, se ponen a disposición de un público hispanohablante por primera vez. ¡Invitamos, entonces, a los lectores y lectoras a explorar el terreno nuevo de la literatura austriaca actual! (Por Bernadette Konzett)

Agradecimientos

Debo agradecer, en primer lugar, a los autores que aparecen en este número y a los editores que generosamente nos proporcionaron los textos que aparecen en esta muestra. A todos los integrantes de La Siega. Al consejo editorial en lengua alemana que lo conforman Andy, Sonja, Berna y Birgit. Asimismo a los traductores y lectores que colaboraron con nosotros Imma Batallé Masot, María Celeste Gómez, Inés Haybäck, Pola Iriarte Rivas, Laura Macías, Andy, José Luis Ribas, Victoria Roestel, María Shanánina, Sarah Lena Stepan, Sven Olsson, Thomas Paul Konzett, Jessica Zuan, Manuela Lang, Hariet Quint, Amaia Zaballa, Elisabet Martínez, Marco Aurelio Larios, Javier Hernández Fernández y Gilda Escalante. Un agradecimiento especial merece Ramon Farrés, quien nos ayudó desde la Universidad Autónoma de Barcelona organizando con sus alumnos varias de las traducciones y sus lectorados, muchas de las cuales él mismo abordó. De nuevo a Birgit Weilguny por el prólogo y su apoyo como lectorado final. A Alan Mills y Bernadette Schiefer, quienes fueron los primeros en darme pistas. A Miguel Uza, Reinhard Huamán Mori, Brigitte Rauscher, Carlos Castro Sajami, Rene Peinbauer y a todos los amigos y amigas que con su apoyo y aliento hicieron posible este número.