Nadia Prado

De La Siega, la enciclopedia libre.





Yacen los ruidos las flores muertas allí
pero ninguna se revuelca como tú ante la muerte que es lo mismo
en todo caso te digo
y creo saberlo que no me revuelco ante lo infinito de mi límite
es simplemente que nunca pienso en el futuro
hojas rociadas por el viento no son el estado de resignación
es simplemente que huyen y se van allá en el río
yo puedo ver sus cuerpos
a veces cuando yazgo caminando para espantar la zozobra yo puedo ver aún
ahora salido de sí fuera de su área allí donde nadie habla
en la noche depositada con la propia mano al cemento sé que allí
estuvo su boca abierta antes de callar entonces la llamo y le digo
que estoy aburrida
recuerdo a mi progenitor parece una imagen de este donde habito
que no es de las nubes sino de cordilleras
cada peñasco nos distancia cortados en dos siempre
sobre el río sobre la montaña sobre el hielo sobre el aire sobre el aire sin aire
humo sobre el ocultamiento barrio pobre y país
siempre nos entendemos o demasiado pronto o demasiado tarde
el círculo al fin y al cabo es una esfera
si condenas recibirás de vuelta
el laberinto de imágenes como televisores
todo lo que he soñado no existe
no eran más que sueños que no existen
no existe tanta belleza y no existe tanto horror
asquea de esa bifurcación existencial hecha de río y montaña
cómo iba a ser posible que nos encontráramos en esta ciudad maldita
en esta ciudad sin necesidad en esta ciudad de necios
y de aquí donde se es humillado amanecerá te lo juro amanecerá
te lo juro y aun así no seré equilibrada ni partiré por el medio mis razones
me cubro con este chal es lo único que queda
me arropo la carne y así ella descansa y no descansa
me arropo la carne porque lo demás
alma y aliento fueron ya muertos
huyeron de sí para no aparentar valentía huyeron hacia sí
como te he dicho soy el peor de los animales pero a veces no soy el peor
nunca soy el mejor sólo a veces no soy el peor
escribo y leo en las letras simplemente venzo la estupidez
y el odio deja de agonizar ante tanta desgracia y podredumbre
es difuso el terreno sigo siendo aquello
lo mismo en el amortajado tiempo muerto
cadáver que vive en el hoy en el ayer
estaba de nuevo en el tiempo alguien
y me cantó en otro idioma pero en esa extraña algarabía
su boca babélica y gramática deforme pude mirarla a los ojos y entenderla
comprendí dije antes dije y pensé voilá se tout
pero cuando el tiempo es vivo todo muda
cuando es aún en el antes yo descifro mis decisiones porque no temo perderme
ella no vuelve ella ya nunca vuelve, es verdad, te lo digo
viene para coincidir mi venir fechada la imagen
y ese instante en dos tiempos distintos éramos
ahora sé que sólo hacía falta coincidir
era yo misma depositada por mi cara en otro momento
mis lindes difusos y curiosos deformes en su ira deforme en su pereza deforme
en su espera lavada de sal mis lindes son aquello que no puedo dejar de hacer
el cuerpo incluso pide su área derramada
en su apnea y su área babélica en noches en que se clava el cristal hacia sí misma
el cuerpo y el río el río con sus cuerpos de antaño y de ahora
razones distintas ¿o las mismas razones?
allí amapolas y nada más es necesario
ya nada puede terminar lo inacabado
inconclusa mi área
puedo volver siempre
puedo volver siempre
no llegar a la frontera pero te prometo que a diario intentaré cruzarla
y mirar al cielo y allí mientras sangran mis narices
sí, ser “peregrino es ponerse en camino”
aunque siempre quedo aquí mirando a través de las aguas sucias
se deja atrás la praxis y más allá hacia adelante algo por hacer
no hay más que hablar cosas inútiles
pareciera que perezco pareciera que lloro
pero no te lo digo pareciera que no estoy pero desde acá observo
no estoy resignada sólo miro las noches y cómo las noches cambian
cómo las ventanas van entrando en la oscuridad y
cómo me siento mejor a este lado del río sucio
como sucia es la totalidad inerte de la infancia.









Mis lindes, aquello que no puedo dejar de hacer
el cuerpo lo expulsa el cuerpo
mi área es abandonada por esta misericordia
que ayuda a que sea expulsado de mí
para que me vea allí arrojada en unas letras
que no son letras sino un hilván que se ha desprendido de mí
hacia ti que soy yo dada vuelta el cuero
apoyada en las hojas en esa pequeña ilusión llamada de tantas maneras
erróneas maneras de la lingüística ocasional en su ocaso
pero mantengo la fe, sabes, te digo a mí en tercera y segunda persona
una multiplicidad de hilos tejen a diario este chal
apoyada en las letras que son mis únicas joyas
por lo menos las únicas que cargo en un cofre también féretro que es mi área
que en los años ha comenzado a roerse con ellos en su propiedad
y dime qué pone en tensión el asunto de los géneros el parásito que alojado aquí se desborda de su cuerpo marcado en tiza alrededor de
lirio con el que mojo los ojos secos para seguir leyendo
aquello que ya no es más y sin embargo no ha dejado de ser lo mismo aunque muta día tras día esta voz es otra y es la misma
él también es incluso y menos y la vida no será misericorde
con mi finitud racional entonces allí el hilván se volverá acorazado y coraza
y me podrá quizás proteger espero nada y todo
soy ilusa y creyente, ya te dije insignificante y orgullosa.
Una costura al hilo de adentro hacia afuera es mi “relación personal”
con la otra persona que soy
un ser delirante con palabras
que además exhibe ilusa autoconfinada y mundana allí mi arrojo
me retiro y huyo soy un rehén libre un prisionero en el descampado.
Ya no soy vehemente, otros lo son,
lacónica como la mano que arrastro tras de mí
pareciera que no tengo ganas ni deseo,
pareciera pero me convenzo sin convertirme
la incertidumbre penetra todas las carnes que soy y las que toco y no soy.
Dejo ir todo como el agua no pretendo, sabes, es cierto
y también mi megalomanía se ha ido ahora sólo un poco de fracaso diario
que al fin de cuentas es un sendero enorme y desértil
allá al fondo muchas flores y luces acá sólo una vela me enfrenta y chamuscadas las pestañas cuando me he dormido despierta luego de,
se me quema la sangre y la piel por dentro
pero estalla la evasión no evocación de recordar, pero recuerdo
el ser de mí escapó huyo hacia mí, pero yo lo rechacé de nuevo
me pareció primitivo al luchar contra bocas verbales y torpes
conformistas deformes de este tiempo aunque griten
grita la jauría en la jaula y en la casa de moneda
allí varios leprosos e inservibles han muerto
aquilatados por litros de bencina amurallados por rejas y telas patrias
pero todo es bello, aquí sabes, buena poesía,
al fin y al cabo un escritor disfrazado de retórica no entorpece su torpedo consensuado torpe ya no digas nada de mi no vehemencia
cuando tus corderiles berreos ascienden a la cúpula megalómana de la casa
y allí las perlas en su cuello, mientras tanto las hordas desfilan
nunca puras pero rebeldes simple artificio para vestir mejor,
mientras tanto “el arte de aprender a despedirse es lo mejor”.
Conserva sus muletas yo mi pierna rengueando porque cojeo hace tiempo
y qué iría a ser si no sé nada más que leer y escribir y leer,
leer leer allí mi fármaco allí mis dedicatorias allí mi amor de ti por ti de mi nunca.
No doy la espalda a la boca voraz, aunque no sea pura,
adiós letras corderos, letras cuatreras adiós sombras
adiós negrura espesa del perdido.
No soy vehemente, pero me concierne mucha ira.









Perdón padre, perdón madre.
El autor de los hechos: el jardinero mató a su mujer.
El hogar se asustó
yo albedriaba por el cielo
tras la noche, entonces, el hogar se asustó.
Un cuaderno de 15 centímetros por 21
escribe alguien: la vida vivirla es demasiado
tras los vidrios
la calle, la gente, la lengua de la labor
y en este silencio de ocio
aprendo a entrar de nuevo
el cuaderno ahora albedría
por donde se desliza mi
tu corazón, ya no late por lo real
late dormido despierto
jadea y es una ilusión
de creer lo real, la sordera
los anónimos nombres sin fechorías e inmaculados
singulares indeseables herederos de la lepra.
Pensar de antes
partir de algo, habitar
el visitante anónimo sinónimo de mí, tú, decide que soy el señor del lugar
mi corazón albedría y anfitronea
soledad y silencio
señorea el mundo en cemento frío y engomado
donde pega los zapatos atrapado a la vida
sin dejar de ser huésped ni extranjero
pero te entrego quien soy y me guardo de mí a ti
quien no soy se presenta soslayando al parásito
que va de mi anónimo nombre al bautizo por tu mirada
que se enfrenta y me derrota como tus ojos
también ocurren si la inmunidad no es certera
entonces lato dormida despierta
jadeando en la ilusión
y entonces de creer se hace lo real
y mis oídos sordos de nuevo anonimizan
nombres pulcros e inmaculados
mientras los puercos exhiben quiénes son.
Entonces
la sordera hace al silencio y no la lógica contraria
arcontes y custodios del vacío e imperativo presente
sorda y ciega rodeando la cáscara impenetrable de mí y tú.
Quien no se debate es un cadáver
reservo el silencio en el ruido, en el bullicio dentro de aquí
lugar dado antes de saber quién era
antes de mi cara en el humo y la ceniza
anunciando la muerte de mí en tu mirada
tu mirada muerta por el saqueo de las letras de ti
por la errancia ansiada siempre
en que se muere y despierta en el camino muriendo
entre los pasos y agitándose en la vagabunda estela
de un cadáver que despierta y se arrastra
desechada del todo, de la omnipotencia y la insignificancia
se vuelve a avanzar la mano hacia un trozo de madera
como alguien que arrojó su pluma en la cenagosa
se clava el mar, se clava la arena que se lleva el mar
esa faena irrepetible y no estrenada nunca por nadie
hace desaparecer y aparecer la desidia.
Letrada y analfabeta la arena está allí
combinando granos y siglos que el mar toma
el autor vuelve a lanzar la mano
ella escoge la espuma de su boca
lo extraño que ha escrito
no coincide en la tinta
no con el silencio
no más que un ciego con los objetos
equivocando y soslayando
su ser está adelante, en el incierto
la posible equivocación donde se escapa el objeto
ha quedado atrás
anacrónico ante sus ojos ciegos
fantasma que no se presenta ni se ausenta
en el asedio espectral de tú en el futuro
y de mí aquí arraigada a las cosas detenidas de la vida y veloces en la mente
errante antes y después guardo el secreto en el féretro abanico y deseo llamarte cuando te has ido
bajo el volumen de la voz para padecer el mal de esperar el mal del secreto
heredo el deseo que nunca está más allá de mi fiel asombro
heredo para guardar, pero en realidad siempre todo se extravía
mi poco ser, mi poco por escaso ser me obliga a esperar
retardando mi propia venida
reservo el silencio en el ruido
en el bullicio dentro de aquí
lugar en el quien era
antes de mi cara en el humo y la ceniza
anunciando la muerte de mí en tu mirada
tu mirada muerta por el saqueo de las letras de ti
por la errancia ansiada no en el final
sino en el camino que obliga
y cautela la detención del divagador
porque en el camino se excede la vida
en la demasía del propósito
y este es ir al encuentro del quién era
en el lugar del quién soy
heredo entonces la más completa incertidumbre
lazos de sangre hechos en papel
marcas de trabajo en mis manos
obligan a sacar mi corona de asalariada
mi aureola en llamas vuelve ceniza mi trabajo
el cincel como un cuchillo se clava en la piedra y en mi estómago
mi letra no es siamesa de mí
no hay identidad consigo de lo escrito
está a distancia y quema
se quemó el bosque por fuego y por frío
¿no es cierto?
Al agua arrojada
mi cara ardiendo la hizo estallar el murmullo de Dios
no se escucha pero se sabe por otros que dicen haberlo escuchado
si mí mismo escribe se pulveriza
cuando tengo en las manos las letras
quedo fuera de la esfera
efectivamente se parece a una serpiente que ha metido la cola en su cabeza
el círculo ha chasqueado el infinito
entonces despierta dormida allí
el lugar en el quien era
tapé mi ojo y segundos más tarde el otro
han pasado más de dos mil años
pero no tengo problema con los retratos
yo que inventé a mi familia
descuido la habitación del monstruo
y la sociedad ficcionándose amenazada lo asesina
el bosque se incendió por el frío
el silencio ardía en bullicio
y se podía amar toda la ausencia
por eso ahora llegarás a ser quien eras y serías
en el recuerdo la memoria se asfixia
en el quien el lugar se ha perdido
hoy un hombre será despojado de lo que él despojó
y dice el autor de los hechos:
el hogar no existió porque mientras
yo albedriaba por el cielo
tras la noche, entonces,
el hogar se asustó pero no fue el hogar era yo temblando ante alguna ausencia.
Afuera hombres crucificados en grúas
la vida coincide por coincidencia o premeditación
el asesinato de lenguas estériles en arenas movedizas
aquí quien era
crucificada por alguna divinidad
que se ha escapado de su atención primordial hacia un ser pequeño y miserable
gentil la vida me da la espalda y la crueldad queda abierta
como el cráneo perforado de la mujer del jardinero.
Perdón padre, perdón madre.
El autor de los hechos.









Soy quien acaricia el chal que me protege
los sueños que no sueño
la noche que precede los días
pero los sueños que sueño son no todos felices.
No todos.
El mundo infinito mirado por estos ojos finitos.
Soy quien acaricia el chal que me protege
me protege con sus harapos las ropas rotas
la visión y la experiencia.
Yazgo aquí sin yacer aún derivada en muertes diarias
pero yazgo medianamente mal
ya no quiero querer es el pecado del avaro
reales sucios han corcheteado cientos de ojos
cíclopes fieles manchan de ignorancia
el manto de la mano que se extiende
para detener algunas letras
que se tiran al suelo desde la inmobiliaria razón de pobres rebeldes.
Soy quien acaricia el chal que me protege
me protege con sus harapos.
En harapos cubierta comienzo a veces reacia a esta dudosa hostilidad
con mi brazalete de luto apretando el brazo donde hago correr el sueño desierto.
Despierto no duermo pero despierto durmiendo en tumbas.
La lírica cesa
soy quien acaricia su propia cabeza añorando su íntima soledad
y el silencio autoinferido en la boca de la noche
donde la niebla no ha desaparecido.
Carne de perro, los cardenales geranios pisoteados
aminoran la furia para emprender.
Soy quien acaricia el chal que me protege
me protege de mí en harapos.






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