Natalia y yo

De La Siega, la enciclopedia libre.

Por Tanya Sandler


Necesito más comida de gato y papel de baño. Supongo que tendré que comprar comida para ella. Nada caro. Unas frutas, cereal y latas de atún. Ya no recuerdo si era la leche entera o descremada la que no le gustaba. Mejor compro leche semidescremada.

Sólo faltan 3 días. ¡Qué emoción! La quiero llevar al cafecito que tanto me gusta en Westwood Village. Ahí podremos criticar a los que pasan bien a gusto, como antes lo hacíamos cuando íbamos a tomar café. Iremos de compras; ya sé exactamente dónde hay buenos descuentos. También saldremos todos los fines de semana. Por fin tendré alguien con quien pueda platicar por horas. Y es que mis amigas de aquí, las dos que tengo, siempre andan ocupadas y además no es lo mismo. Aquí es bien difícil conocer gente. Nadie es como Natalia. Sé que a veces es un poco egoísta y naca pero aun así es mi mejor amiga.

Hoy hicieron la cosa más linda que jamás han hecho mis gatitos. Se hicieron bolita y durmieron bien juntos. Son tan adorables, la hembra Apple está bien flaquita, su hermano Pear es casi el doble de su tamaño.

Para variar el tráfico está insoportable. Voy a llegar tarde; y ni siquiera le pregunté a Natalia si su vuelo era directo o si hacía conexión. Sólo me dijo que era United, pero el problema es que si hizo conexión en Dallas va a llegar en la terminal de vuelos nacionales. Mejor la busco en la terminal de vuelos internacionales, no creo que haya sido tan mensa de no comprarse un vuelo directo.

Por qué me mira así esa negra de nalgas enormes, si yo ni siquiera la estoy mirando. No veo a Natalia por ninguna parte. Ya hace más de 2 horas que llegó su vuelo.

El estacionamiento me va salir en un ojo de la cara, cómo no fui a buscarla antes a la terminal de vuelos nacionales. Sólo a ella se le ocurre tomar un vuelo con conexión en Dallas. ¡Ay, mi amiga! No puedo creer que ya esté aquí por fin. Natalia se ve muy bien. Bajó mucho de peso. ¡Qué bueno! Así juntas vamos a ligar mejor en ese antro al que siempre he querido ir. Trajo dos maletas enormes. No sé para qué trajo tanta ropa si aquí se va comprar mucha. Quiero aprovechar muy bien nuestro tiempo juntas.

Ay, anoche nos desvelamos horrible, estuvimos toda la noche platicando. Natalia insistió en abrir la botella de vino que tenía guardada para dársela a mi jefe de regalo de cumpleaños. No tuve corazón para decirle que ese vino, que tanto le gusta a mi jefe, sólo se consigue en una tiendita en Larchmount. Nos acabamos la botella. Me contó que Pati se casó y que Silvia sigue trabajando en el mismo lugar, pero que ya la ascendieron. Me entristeció saber que ya casi no ve a Fernanda. Creo que se pelearon, pues fue muy evasiva cuando le pregunté por ella. Pero es que Natalia debería entenderla más, la pobre tiene una madre que le hace la vida imposible. No tuve el coraje de preguntarle si sabía algo de Víctor.

Fui a comer el lunch con Robert el asistente de Carlos, mi jefe. Es buena gente y no habla mal el español para ser gringo. Ambos concordamos en que Marta, la secre de Carlos, es una estúpida.

Ya casi son las cinco. Hablé a las tres a la casa y me contestó, por fin, Natalia, medio dormida. Me preguntó dónde tenía la mota. Le dije que tenía un poco en una cajita metálica azul en mi cuarto.

Llegué a las 5:45 a casa, el tráfico no estuvo tan mal. Sin tráfico se podría llegar de Century City a Hollywood en unos cuantos minutos, pues no están más que a tres millas de distancia. Pero aquí siempre tardas en llegar a todas partes.

Natalia se fumó toda la mota que me quedaba y prefirió quedarse en casa. Yo tenía ganas de salir pues era viernes y estaba Natalia. Pero igual tenía sueño por haberme desvelado. Acordamos no desvelarnos y despertarnos muy temprano y salir a conocer la ciudad. Natalia me dijo que necesitaba más mota y prometí conseguirle más mañana. Le dije que tenía muchas ganas de llevarla a unos jardines bien lindos que están por el freeway 210 y Pasadena.

Me desperté a las 8:21, me bañé y lavé los trastes sucios de anoche. Esperé a que Natalia se despertara para que saliéramos a desayunar juntas. Yo sólo desayuno huevos los fines de semana. Natalia se despertó a las 9:29. Cuando por fin salimos de casa le ofrecí llevarla a mi dinner favorito, en Burbank, pero ella quería ir a conocer Hollywood.

Traté de prevenirle que Hollywood Boulevard no es como la gente lo imagina, pues deja mucho que desear. Aun así, Natalia al verlo se decepcionó. Las dos nos reímos un poco cuando le comenté que era como la Zona Rosa pero hasta más feo. La llevé a Mels dinner a una media cuadra. Yo pedí huevos con tocino y country fríes y ella unos hotcakes. Estaba feliz de desayunar con alguien.

Después de estar esperando al dealer 3 horas en casa, por fin llegó. Me aseguré de comprar bastante mota, pues esta Natalia fuma un chingo. Ella no se ofreció a pagar. Le comenté la gran diferencia de precios entre México y los Estados Unidos cuando de mota se trata y que quizás le convenía hacer churros con tabaco para que le rindiera más la mota, pues además aquí es mucho más potente.

Pedimos una pizza que llegó a las 8:37. Vimos tele un buen rato. A las 9:34, le sugerí a Natalia que teníamos que comenzar a arreglarnos. Le expliqué que aquí los antros cierran a las dos. Ella no podía creerlo. Sin embargo, comenzó a arreglarse. Se bañó y luego me bañé yo. Comenzamos a probarnos distintos atuendos. A ella le encantó una blusa mía que aún no había estrenado. Se le veía muy bien.

Llegamos al antro a las 10:43, me preocupaba que ya no nos fueran a dejar entrar. Yo caminaba un poco rápido. Había leído que a ese antro iban celebridades. Natalia caminaba a paso de rueda pues sus tacones le molestaban.

Entramos al antro a las 11:30, había una cola enorme. Estaba feliz de por fin poder conocer el lugar. Desde hace varios meses quería venir pero no tenía con quién. Quizás desde esos meses el antro bajó de categoría, pues más que celebridades había puros persas y armenios, signo de que ya se anacó el antro.

Bailamos un rato en la pista y luego fuimos a la barra a pedir tragos. Yo sólo tomaba cervezas, pues son más baratas y además tenía que manejar de regreso. Natalia ya se había tomado 4 cosmopolitans. Yo estaba pagando todo. Sentí que dado que era su noche de bienvenida me correspondía. Se veía borracha, y debió de haberlo estado pues ya no se quejaba de sus zapatillas. Ella quería seguir bailando más mientras yo quería sentarme. Ella accedió a sentarse un rato conmigo. Cuando nos sentamos se nos acercaron unos muchachos persas, sólo uno estaba guapo.

Natalia se fue a bailar con el persa guapo y yo bateé a su amigo peludo y chaparro. La esperé por casi una hora sentada sola, nadie más se acercó.

Tal como le advertí a Natalia el bar cerró a las 2. Ella estaba megaborracha y andaba colgada de los brazos del persa. Me preguntó cuál era mi teléfono, pues quería dárselo al tipo ese. Yo le dije que no me sentía cómoda de darle mi número a ese extraño. Se tardó 15 minutos en despedirse de él.

Caminamos de vuelta al coche. Yo me sentía totalmente sobria y un poco decepcionada. Natalia al contrario estaba rehappy. Ella insistía en que se moría de hambre. Paramos en un Drive-thru de un Jack in the box. Natalia manchó mi blusa con Ketchup.

El domingo por fin fuimos a los jardines cerca de Pasadena. Tomamos té tal como quería. También fumamos un porro que Natalia llevó. Estábamos súper a gusto entre la naturaleza. Natalia de pronto dijo que quería irse. Le pedí que al menos se esperara un poco para que se me bajara la mota antes de tomar el freeway de vuelta a casa. Natalia contestó que ella siempre manejaba pacheca en México y que podía manejar por mí. Tuve que hacerla entender que es muy distinto manejar aquí. Pues aquí la policía te puede agarrar y no te sales del apuro dando una lana. Dijo que dado que nos habíamos fumado la mota no podía pasarnos nada si nos paraban. Le expliqué que no podía prestarle mi nave porque ella no tenía licencia y que si llegara a chocar me metía en un gran problema.

Al sonar el despertador a las 7:30 de la mañana lo apagué de inmediato para no molestar a Natalia. Qué rápido se me fue el fin de semana. Comí un plato de cereal mientras veía las noticias en la tele a un volumen muy bajito. Natalia seguía dormida al lado de mi cama en un colchón inflable que le compré para que no durmiera en el suelo. Cerré la puerta y la dejé durmiendo. Le escribí una nota dándole el teléfono de mi oficina y recordándole dónde guardo mi juego de llaves extra, que ya le había mostrado. Le sugerí que igual podíamos vernos para mi hora de lunch. Firmé la nota con una carita sonriente y se la pegué al refrigerador. Antes de irme limpié la caja donde cagan y mean los gatos y me aseguré de que tuvieran suficiente comida, los acaricié y les dije que no despertaran a Natalia.

Cuando llegué al trabajo ya estaba ahí Marta. Es tan tonta y no sabe nada de leyes. Cree que porque sus abuelos vinieron de mojados, ella sabe todo sobre México y de lo que significa ser mexicano. La idiota ni sabe hablar bien español. Trato de ignorarla porque el jefe la estima, quién sabe por qué.

Miércoles. Por fin se animó Natalia a comer lunch conmigo. Fuimos a un restaurante de comida tailandesa cerca de mi trabajo. Natalia se quejó de que tuvo que tomar dos camiones para llegar y que además la parada de camión está lejos de mi trabajo. Me gustaría que ella comiese lunch conmigo todos los días. Pero no puedo obligarla.

Ayer llegué a casa y había muchos platos sucios. Le pedí a Natalia que cuando tuviera chance los lavara, pues todos eran suyos.

Natalia encontró una página de Internet donde hay una cartelera de fiestas clandestinas. Así es como terminamos en una en el barrio de los artistas cerca de Downtown. A mí, en lo personal, me dan un poco de flojera estas fiestas de artistas. Son unos esnobs, les dices que vives en Hollywood y se ponen como si les dijeras que vives en Satélite. ¿Quién demonios puede ser artista en esta ciudad? Aquí ni hay cultura.

El domingo fuimos a tomar café a Westwood Village. Nos sentamos afuera. Yo pedí mi caramel mochiato y Natalia pidió un frapucciono. Yo quería criticar los atuendos de las chicas que pasaban, pero como la universidad de UCLA está a unos pasos, estábamos rodeadas de chicos más jóvenes que nosotras. Natalia se la pasaba haciéndome señales cuando veíamos a uno particularmente guapo. Aun así me sentía feliz pues siempre quise venir aquí a tomarme un café con una amiga.

Robert y yo comimos lunch juntos y juntos especulamos sobre la tonta de Marta. Robert es homosexual. Todos en la oficina lo sospechábamos. Pero justo la tonta de Marta le preguntó si tenía novia y ahí en ese momento, en frente de todos, confesó que tiene novio. Desde entonces me comencé a llevar más con él. Aún no entiendo por qué se interesa por trabajar con casos legales de hispanos.

Cuando llegué hoy, Natalia no estaba por ninguna parte. Estaba su ropa sucia en mi cama, pero no vi que dejara ninguna nota. Alimenté a mis gatos y me puse a acariciarlos. Apple es muy cariñosa pero Pear es medio miedoso. Poco a poco he logrado que se deje acariciar pero desde que llegó Natalia se ha vuelto más asustadizo que nunca. A Natalia nunca le han gustado los animales, ella dice que le interesan más los humanos.

Son las 9:45 y aún no ha llegado Natalia. Ya me comencé a preocupar.

Natalia llegó a las 10:23. Me explicó que estuvo un buen rato en Amoeba, comprando discos.

El jueves nos decidimos ir a un bar en Hollywood. Yo elegí el Beauty Bar. A Natalia le encantó la idea de que ahí te puedes hacer un manicure mientras te tomas una copa. Mientras yo esperaba que terminara, se me acercó un chavo, no estaba guapo ni feo. Me hizo la plática, no estaba de humor y corté la conversación en cuanto terminaron de hacerle el manicure a Natalia. Ella se molestó conmigo por batear al chavo. Me dijo que si seguía así me iba a quedar sola. Yo me indigné y le dije que puedo obtener algo mejor que un tipo sin ton ni son en un bar. Entonces ella me comenzó a preguntar desde cuándo no tengo sexo. Le dije que si quisiera coger podría hacerlo cuando quisiera pues en esta ciudad, a diferencia de México, a nadie le importa. Ella me preguntó entonces por qué no lo hacía. No le quise decir que en efecto salí con un chico que conocí en una librería y que cogimos dos veces y luego nos dejamos de hablar. Una relación sin sentido que no quiero volver a repetir.

El sábado me invitó Amanda, una amiga que hice en unas clases de yoga. Casi no nos vemos, pues ella tiene novio y se la pasa con él. Su novio y ella se acaban de mudar a una casa chica en Little Armenia, muy cerca de Hollywood. Quisieron inaugurar haciendo un bar-b-q en su minúsculo jardín. Natalia y yo fuimos al poco rato. A Natalia le dio flojera porque no habla casi nada de inglés.

Esa noche Natalia quería ir a otra fiesta que anunciaba su página de Internet. Ésta era en una bodega en Culver City. Yo traté de animarla a mejor ir a un antro en West Hollywood. Pero ella insistía en ir a la fiesta.

La fiesta estaba peor que la otra a la que fuimos. Ojalá nunca hubiera encontrado esa tonta página. Nos cobraron 10 dólares para entrar y el lugar estaba medio vacío. El dj tocaba trance. Hasta Natalia reconoció que la fiesta no era buena. Los que estaban no tenían más de veinte años. Natalia trató de entretenerse platicando un rato con un grupo de casi adolescentes. Yo entré a su plática sólo por no quedarme fuera. Estaban hablando sobre drogas. Qué flojera. Natalia sacó un porro y se los ofreció a todos, yo no quise fumar. Nos fuimos antes de la una. Pasamos un rato a otro bar pero nos aburrimos al poco rato.

Llegamos a casa cansadas y sin ánimo de nada, vimos una peli. Yo acaricié a mis gatos y nos fuimos a dormir.

El domingo fuimos de shopping. Fuimos al Beverly Center. No habíamos dado ni un paso y Natalia se compró unos zapatos. Cuando entramos en Urban Outfiters Natalia se puso necia en que debía comprarme una falda que según ella se me veía bien. Me la probé y Natalia insistió en que se me veía increíble. Tenía cierta razón pues el corte me favorecía, mas no me gustaba que tuviera estampada la cara del Che Guevara. La terminé comprando sólo para que Natalia me dejara en paz. Ya no le permití a Natalia entrar a más tiendas y la llevé derechito a Lohemas, donde de verdad que es el mejor lugar para comprar. A Natalia no le gustó casi nada ahí y sólo se compró una blusa. Yo en cambio me compré 3 pantalones que estaban en descuento. Traté de explicarle a Natalia que la ropa era la misma que en las otras tiendas y que sólo cambiaba la presentación de la tienda.

El martes me habló Natalia y me dijo que estaba perdida y que había tomado un camión para llegar a Downtown, pero que se bajó muy tarde y que terminó entre puros indigentes. Le dije que caminara hacia los edificios altos y que se largara de ahí lo más rápido posible. Al poco rato me habló para decirme que estaba cerca del Moca. Me relajé. La pobre ha de haber terminado en Skid Row, donde están todos los homeless.

Robert me dijo que le ofrecieron otro trabajo en otra agencia. Me puse un poco triste pues ya me había acostumbrado a comer lunch con él casi todos los días.

Hoy llegué y Natalia estaba en casa viendo tele. Cuando alimenté a los gatos sólo apareció Apple pero no Pear. Le pregunté a Natalia si lo había visto y ella me dijo que en la tarde lo vio correr abajo del sillón. Lo busqué debajo del sillón pero no lo encontré.

El jueves invité a Natalia a cenar a un restaurante nuevo que abrieron en Sunset. Leí sobre el lugar en la revista Los Angeles e hice una reservación hace dos días. El lugar estaba hermoso. Al ver el menú, Natalia se ofreció a pagar su cena pero insistí en pagar. Pedí pollo y Natalia pidió pescado del día, también un martini. Yo sólo pedí una coca. La cuenta salió en más de lo que esperaba gastar. Me hubiese gustado que Natalia se hubiera medido un poco. Mi pollo estuvo bastante rico, pero cuando Natalia me dio a probar de su pescado, me pareció exquisito.

El viernes volvimos a ir al Beauty Bar y luego fuimos a Star Shoes. La pasamos muy bien. Una tipa borracha trató de ponerse al brinco conmigo en el baño porque no la dejé cortar en la fila. Cuando vio la estúpida esa que no estaba sola le bajó a su escándalo.

El sábado llevé a Natalia a Beverly Hills. Se decepcionó mucho cuando vio Rodeo Drive. Yo concordé con ella que Masarik es mucho más bonito.

Desde el día que encontré a Pear hecho bolita en mi closet, después de todo un día sin verlo, lo noté aún más asustadizo que nunca y mucho más flaco. No sé por qué huyen de Natalia, digo, ella ni los pela.

En la noche Natalia y yo no nos poníamos de acuerdo en dónde ir, así que decidimos quedarnos a ver otra película. Como a la mitad sonó el teléfono y fui a contestarlo pero me colgaron. Natalia me preguntó quién era y yo le dije que era un número equivocado.

Natalia se acabó toda la mota. Ya casi ni fumé nada porque de hecho ni me gusta fumar. Ahora me está insistiendo en que compre más. Yo ni quiero, la verdad, tener mota en casa. Pero sé que si no compro pronto Natalia se va poner insoportable.

El domingo pasó el dealer hasta las 12. Estuvimos esperando sin hacer nada en casa, yo aproveché para poner en orden la casa y le eché una indirecta a Natalia para ver si se paraba del sillón para ayudarme. No sirvió de nada.

Más tarde salimos a Griffin Park para hacer hiking. Llevé a Natalia al observatorio donde filmaron esa escena famosa de Rebelde sin causa. A Natalia le encantó y me agradeció mucho el que se lo mostrara. En ese instante estuve a punto de preguntarle por Víctor, pero me abstuve a tiempo.


El miércoles Robert le dio su renuncia a mi jefe.

Mi jefe me dijo que quería hablar conmigo. Me comentó que estaba muy contento con mi trabajo y me preguntó si estaba contenta en el bufete. Sabía que lo hacía porque Robert se iba y tenía miedo de perderme a mí también. Yo le dije que estaba contenta pero que me gustaría que me diera más responsabilidades. Me dijo que acababa de tomar una decisión y que quería oír mi opinión. Yo pensaba que por fin me iba ascender o subir el sueldo, pero no. Su gran noticia era que acababa de darle a Marta el trabajo de Robert.

Esa noche me peleé con Natalia. Todo empezó porque le pedí por enésima vez que lavara sus trastes y que ya no dejara su ropa sucia por todas partes. Ella me dijo que era una apretada y comenzó a criticarme. Me dijo que no hacía más que trabajar y que no tenía vida propia. Le dije que al menos hacía algo de mi vida en vez de andar viviendo del dinero de mis padres. Ella se indignó y se largó un buen rato. Me quedé preocupada viendo tele. Cuando por fin regresó, dos horas más tarde, no me dirigió la palabra y se fue derecho al cuarto a dormir.

El jueves comí mi lunch de despedida con Robert.

Esa noche cuando llegué a casa ahí estaba Natalia y aún no me dirigía la palabra. Eso sí había recogido la mayor parte de su ropa.

El viernes fui a trabajar y Natalia aún estaba dormida.

Llegué a casa y ahí estaba Natalia fumándose un porro. Apenas me dijo hola. Me sentía intranquila en mi propia casa. Ya comenzaba a desear que se largara pronto. Su presencia me incomodaba. Su mirada me hacía sentir mal. ¿Quién era ella para juzgarme? Yo no la criticaba por ser como era, sucia, irresponsable y egoísta. Así era ella y yo lo aceptaba. Me fui a mi cuarto y la dejé ahí en la sala. Ahí traté de entretenerme con algo. Encontré una revista In Style de hace 9 meses. Me dije que no saldría a la sala hasta que la ojeara de principio a fin.

Me desperté como a las 7:21 de la mañana, estaba vestida sobre mi cama, con la revista aún en mis manos. Me dolía el cuello horrible. Me paré y me di cuenta de que Natalia no estaba en el cuarto, ni tampoco estaba su cobija o sábanas. Salí al baño a pishar. Natalia se había dormido en el sillón, no sé a qué hora sacó la ropa de cama. Estaba despierta, pero se estaba haciendo la dormida. Me bañé y me vestí en menos de 20 minutos. Estaba a punto de salir de casa, pues no quería echar a perder mi sábado. En eso me habló Natalia, me dijo que debíamos hablar. Había cambiado su boleto para regresarse al día siguiente a México y que quería que la llevara al aeropuerto. Me dolió mucho que hiciera eso. Yo no quería que se fuera, quería que hiciéramos las paces. Le dije que al menos deberíamos pasarla bien antes de que se fuera.

Esa noche fuimos a cenar sushi. Casi no hablamos hasta que rompí el silencio al preguntarle por fin sobre Víctor. Me moría de ganas por saber algo de él. Si andaba con otra y si alguna vez preguntó por mí o dio algún tipo de señal de recordarme. Natalia secamente me dijo que no sabía nada de él y siguió comiendo como si nada.

El domingo nos despertamos muy temprano y la llevé al aeropuerto. Al dejarla en su Terminal, Natalia sólo me dijo adiós secamente.

Cuando llegué a casa salieron de su escondite Apple y Pear y los acaricié un buen rato.




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