Omar Lara

De La Siega, la enciclopedia libre.




Poderío

Atravesamos muros
Y vemos debajo del agua
Hablamos con seres de otras edades
Y adivinamos el provenir
Encontramos una aguja en un pajar
Y la perdemos
                    Oh dios.








Gran Himalaya

Es un hecho que no subiré jamás a las cumbres
   del Gran Himalaya
está escrito que los hombres allí se vuelven dioses
y el poder temible de la naturaleza disminuye a los seres: sus pasiones
a una blanda indolencia.
Pero yo no subiré al Gran Himalaya
tropezaré con las piedras del camino
me embriagaré con deleznables licores
seguiré maldiciéndome con ternura.








Sábado en Portocaliu
A Sola Sierra


La historia se detuvo en la puerta
de las ciudades de miseria
bocas quemadas por el silencio
cuerpos sitiados en el vacío
polvo de huesos en el aire.

Hace frío en Portocaliu
un frío de sábado solo
los jóvenes desesperados
bailan solos y desesperados
una música desesperada.
Hace frío en Portocaliu.

Después de la lluvia las calles
caminan al bosque sagrado
adiós ángeles y milagros
adiós relojes detenidos.

En los relojes detenidos
están los signos de otros sueños
las sombras irrecuperables.








La historia no deja pasar
el suave pelaje de los sueños
los sueños no tienen destino
son como un sábado en el aire.

La historia es todavía ajena
no sabe muertes ni abandonos
no sabe de lúgubres casas
llenas de noches y quejidos.

Son muy extrañas esas cosas
que a veces tomamos por ciertas
y hay verdades aborrecibles
en el pozo de la memoria.

Son como vidrios empañados.

Pero alguien limpia los vidrios
del mirador que da a tus ojos
y atisbamos o quisiéramos.

Y la noche se mira en nosotros
desvergonzadamente desnuda.








Encuentro en Portocaliu

En ese tiempo yo corría detrás de una sombra.
Desde el décimo piso en el barrio de Drumul Taberei
yo miraba a través de una niebla caliente,
a través de una humedad humosa,
a través de las reverberaciones de agosto
una figura venía caminando
desde la parada de autobuses.
Una figura parecía dirigirse hacia mí.
Yo la veía perfectamente desde el décimo piso
en el barrio de Drumul Taberei,
era la odiada figura conocida,
su aborrecible rostro estaba ahí y su pelo
que el sol no incendiaba y con él todo su cuerpo.
Yo miraba petrificado la escena,
los indolentes pasos y su entorno:
árboles, cosas en movimiento, el asfalto que el sol
ondulaba.
Yo miraba esa escena con su centro precioso...

En esos tiempos yo escribía un poema titulado
“Encuentro en Portocaliu”,
era necesario encontrarme rápidamente
porque –pensaba yo- ¿la poesía para qué puede
servir sino para encontrarse?








Eso fue después de escribir muchas cartas
preguntando
¿dónde estoy? Nadie sabía donde estaba
y no podían decírmelo,
de modo que empecé a decir a diestra y siniestra
protégeme con algo el corazón.
Protégeme con algo el corazón
seguía repitiendo
y como no me entendían
comencé a escribir unos poemitas insidiosos
relativos al río Dimbovitza,
relativos a la columna del infinito,
relativos al plan quinquenal.
Hasta que un día en Portocaliu.

Un día en Portocaliu
(en Portocaliu hay un sol amarillo como cáscara de
naranja)
una tarde en Portocaliu
(en Portocaliu hay unos grandes pájaros con
una sola pata y picos en forma de corazón)
una noche en Portocaliu
(estaba escrito que no te encontraría
en Portocaliu
pero guardo el recuerdo de esa espera y huellas
de picotazos en forma de corazón).






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