Pablo Maire

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Escribí estos versos en la espalda (2007).



Lo nuevo en raiz,
con agua turbia o cierta,
abraza los lentes que nos separan.

Aquellos lápices ebrios
escriben mal el género de éste, su varón,
en un mundo de peajes
donde el antihéroe no puede entrar a vestirse.

Hemos dicen
y tapan la cara esas antiguas con sangre muerta.

Al menos son valientes las lunas,
que van contra la pared
hacia el lado de la mano alzheimer,
que mete su llave en el espejo
y adivina la edad de la edad.










Una carta cosió mi nombre a pie de página
Y notado en los superiores la fecha de vencimiento, Me visitó cierta sequedad.
Remitían los desadaptos y apalabras delincuenciales.

Llantié, llantié, llantié,
pero como lo accidental se ampara en el minutaje,
fiel al régimen de turno,
calé papeletas para rastrear
el tiempo prestado por nuestras cábalas, probablemente.

Tras el gabinete de los perros
mastiqué los días cuando la elipsis me hizo saber
que entre clandestinos desaparecían las frases del puño.
costumbre de fundir pasado y futuro en el tilde,
mezclando la mecánica de los saludos
en versos versus o en la chatarra de las preposiciones.

¿por qué en las estaciones del año que son tres: otoño e invierno,
hablan las cortezas que responden al seseo de las hojas?

Muere en todos los úteros,
en cada dentadura carismática frente a nasales que te leen
para que los pulmones refluyan sus durantes.

Unido a la batalla de o contra,
vencedor o vencido, algo soy.

Siempre hay ventanas mayúsculas
que permiten al hombre fraguar sus propios concilios
y pensar al mundo como seudónimo.










En un grupo de hojas quemadas
el largo no término,
y en partida lanzaron los cuerpos a mediados,
sobre la virgen de los calendarios.

Nada es cuestión,
hecho el verso para cierta humanidad,
arrugamos la frente al último,
y en cada uno la muerte pronunciada.
El ni ella, elu.

La lucha se grita cobarde y ronca.
Ha caído un niño,
súbanlo sin luz para no agredir.

Un chuzo nos aloja el pecho,
será la madre que aún pide no parir.
me lavo en su boca comunitaria,
sin calor, sin frío.

Quemo nubes desde el ala de mi vereda.
Al no haber las invento.
Se miran un sepelio,
son cada tiempo que se agrupan
como hojas quemadas.




© Pablo Maire (Derechos reservados. Ver Aviso Legal).

Volver a Poesía del fin del mundo: 97 poetas chilenos con vida.