Pedro Lastra

De La Siega, la enciclopedia libre.





Ya hablaremos de nuestra juventud

Ya hablaremos de nuestra juventud,
ya hablaremos después, muertos o vivos
con tanto tiempo encima,
con años fantasmales que no fueron los
                                        nuestros
y días que vinieron del mar y regresaron
a su profunda permanencia.

Ya hablaremos de nuestra juventud
casi olvidándola,
confundiendo las noches y sus nombres,
lo que nos fue quitado, la presencia
de una turbia batalla con los sueños.

Hablaremos sentados en los parques
como veinte años antes, como treinta años
                                                            antes,
indignados del mundo,
sin recordar palabra, quiénes fuimos,
dónde creció el amor,
en qué vagas ciudades habitamos.










La otra versión

La otra versión es la que escribo en sueños,
una voz que la letra retiene
repitiéndola
como una línea de Robert Desnos:
TANTO SOÑE CONTIGO QUE PIERDES TU
                                                            REALIDAD.

La otra versión eres tú, sigilosa,
cuando tus días pasan de largo a mi lado,
cuando el viento derrama
tu cabellera sobre mi memoria.










Datos personales

Mi patria es un país extranjero, en el Sur,
en el que vive una parte de mí
y sobrevive una imagen.
Hace tiempo, el país fue invadido
por fuerzas extrañas
que aún siento venir en las noches
a poblar otra vez mis pesadillas.
Yo vivo también en un país extranjero
en el cual me dedico
a inocentes e inútiles tareas,
y en el que seguramente moriré
a la hora señalada,
como suele ocurrirle a la gente
en lo que llaman su propio país
o su país ajeno, pues no hay sino distancias
mayores o menores de frontera a frontera,
con líneas divisorias que uno mismo dibuja.
A veces yo recuerdo el país en que nací
y veo como siempre
sucesivos fantasmas
entre los cuales fui uno mås, por un tiempo
que me parece muy largo y muy rápido,
ahora reducido a simples años luz en la
                                                            memoria
de una tarde en un parque,
una conversación en un bar o en la esquina
de una calle cualquiera
por la que pasan sombras de pájaros,
voces indescifrables.

En tales ensoñaciones se van uno a uno mis
                                                                                días,
sin hacer nada que me encomiende a la
                                                            posteridad.










Viola D’Amore

A Irene Mardones Campos


Ella vino y se fue como la juventud,
se la tragó la tierra
o la deshizo el sueño
que arma con una mano y con otra desarma
sus paisajes veloces
llenos de dulce engaño,
de oasis mentirosos donde nadie transcurre
sino la pasajera que se pierde en la niebla
de cada amanecer.
Pero el sueño no duerme
como sueña el durmiente, un ángel traicionado
ya no sabe por quién
y envejecido
por la sombra de días que ha olvidado:
es una eternidad la de ese instante
y un espacio sin término
el lugar en que habita.










Por qué corría Oscar Hahn o Historias vividas

Veo a Oscar Hahn corriendo desalado
por una calle de Madrid.
Se desplaza hacia el sur
en dirección a los rápidos rápidos
en busca de la perdida felicidad.
Antes de ser borrado por la muchedumbre
se detiene un instante y me grita
agitando una mano:
Nadie sabe quién es, nadie sabe quién es,
amigo mío,
desconfía pues de las aguas rumorosas,
desconfía de este viernes
de fuego y ceniza:
sólo eres dueño de tu pasado.










Copla

Dolor de no ver juntos
lo que ves en tus sueños










Mester de Perrería

Asiduo de mí mismo sobrevivo
encerrado con llave y cerradura,
negando como Pedro la figura
que más me abruma cuanto mås la esquivo.

Busco sobrellevarla y hasta escribo
la agilidad del agua que me apura
la vida como el mar (la matadura
de la luna y del sol al rojo vivo).

Escribo los ladridos a la luna
y al mar y al sol y a otros elementos,
o exalto el modo de las perrerías

con que la noche me ha enredado en una
palabrera madeja de lamentos
por ella y mis trabajos y mis días.




© Pedro Lastra (Derechos reservados. Ver Aviso Legal).

Volver a Poesía del fin del mundo: 97 poetas chilenos con vida.