Raúl Zurita

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Anteparaíso (1982).



    LAS PLAYAS DE CHILE V

Chile no encontró un solo justo en
sus playas apedreados nadie pudo
lavarse las manos de estas heridas

Porque apedreados nadie encontró un solo justo en
esas playas sino las heridas de la patria abiertas
llagadas como si ellas mismas le cerraran con sus sombras
los ojos

        I. Aferrado a las cuadernas se vio besándose a sí
           mismo

       II. Nunca nadie escuchó ruego más ardiente que el de
           sus labios estrujándose contra sus brazos

      III. Nunca alguien vio abismos más profundos que las
           marcas de sus propios dientes en los brazos
           convulso como si quisiera devorarse a sí mismo
           en esa desesperada

Porque apedreado Chile no encontró un solo justo en
sus playas sino las sombras de ellos mismos flotando
sobre el aire de muerte como si en este mundo no
hubiera nadie que los pudiera revivir ante sus ojos

      IV. Pero sus heridas podrían ser el justo de las playas
           de Chile

       V. Nosotros seríamos entonces la playa que les alzó
           un justo desde sus heridas

      VI. Sólo allí todos los habitantes de Chile se habrían
           hecho uno hasta ser ellos el justo que golpearon
           tumefactos esperándose en la playa

Donde apedreado Chile se vio a sí mismo recibirse
como un justo en sus playas para que nosotros
fuésemos allí las piedras que al aire lanzamos
enfermos   yacentes   limpiándonos las manos de las
heridas abiertas de mi patria









              LAS CORDILLERAS DEL DUCE

        I. No son blancas las cordilleras del Duce

       II. La nieve no alcanza a cubrir esas montañas
           del oeste

Detenidas ante la cordillera de los Andes como un
cordón negro que esperara la subida final de todas
ellas    allá en el oeste    solas    agrupándose tras la
noche

      III. Porque frente a los Andes se iban agrupando
           como la noche del oeste

      IV. Por eso la nieve no cubre las cordilleras del
           Duce: sus cumbres son la noche de las
           montañas

Ciñéndose de negro frente a las nieves de Chile
como si los nevados no fueran sino espinas
hiriendo la noche y ellas pusieran entonces la corona
sangrante de los Andes

       V. Por eso de sangre fue la nieve que coronó las
           cumbres andinas

      VI. Porque sólo la muerte fue la corona que ciñó
           de sangre el horizonte

     VII. Y entonces ya coronados todos vieron las
          cordilleras del Duce ceñirse sobre Chile
           sangrantes    despejadas    como una bandrea
           negra envolviéndonos desde el poniente








De INRI (2003).


El MAR

Sorprendentes carnadas llueven del cielo.
Sorprendentes carnadas sobre el mar. Abajo
el océano, arriba las inusitadas nubes de un
día claro. Sorprendentes carnadas llueven
sobre el mar. Hubo un amor que llueve, hubo
un día claro que llueve ahora sobre el mar.

Son sombras, carnadas para peces. Llueve un
día claro, un amor que no alcanzó a decirse.
El amor ah sí el amor, llueven desde el cielo
asombrosas carnadas sobre la sombra de los
peces en el mar.

Caen días claros. Extrañas carnadas pegadas
de días claros, de amores que no alcanzaron a
decirles.

El mar, se dice del mar. Se dice de carnadas
que llueven y de días claros pegados a ellas,
se dice de amores inconclusos, de días claros e
inconclusos que llueven para los peces en el mar.








De Zurita (inédito).



MI DIOS NO LLEGA      MI DIOS NO VIENE
                  MI DIOS NO VUELVE

Empapado     chorreante de agua     el Estadio Nacional
iba emergiendo en la resaca

Con la voz de Los Prisioneros cantando Por qué no se
van del país y chicos amarrados en los camarines     con
las manos en la nuca     coreando de lejos esas canciones

Mientras el amanecer se alzaba mostrando las graderías
y en el fondo la cancha de fútbol entera cubierta de mar
y era como un cielo de púas las olas     albas      cubriendo
de espumas los roqueríos

Cuando tirados desde los estadios chilenos alcanzamos
a ver los roqueríos y luego el vacío infinito del mar     Es
que los chicos nunca regresaron: tocan Los Prisioneros
y es el dios que no llega     el dios que no viene     el dios
que no vuelve soplándonos como sopla el alba muerta
como sopla el amor muerto     como sopla la mañana
muerta frente a los despojos todavía azules de la noche









MI DIOS NO AMA      MI DIOS NO AMANECE
                  MI DIOS NO ES

Entonces se vieron las flotas norteamericana y japonesa
torpedeadas     emerger entre las nubes

Regresando juntas de las últimas batallas del Pacífico
con las derruidas insignias del sol naciente y estrellas
USA aún grabados en los desvencijados cascos

Con muchachos con pecas y nipones congelados en las
cubiertas y adelante los largos murallones de la costa
Chile 1973 completamente cubiertas con retratos de
Pinochet     inmensos     colgando frente al mar

¿Pero quién mierda es? se preguntan ahora portaviones
y ángeles pasando frente a esas gigantescas fotografías
y es sólo un largo sueño donde sabes 1: que te mataron
2: que te levantas     3: que acabas de mirar las últimas
flotas estriadas de nubes y de cielo cruzarse frente a la
mazmorra chilena     brumosas nevadas     ilusorias
hundiéndose tras las infinitas rompientes de la mañana






© Raúl Zurita (Derechos reservados. Ver Aviso Legal).

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