Rodrigo Andrés Morales Salazar

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Vaho (inédito).


Pan de Azúcar

El buzo

Las telas de cristal cuelgan del cielo y es como si no existiera el hambre arriba de este bote      te quedas viéndome como si fuera una luminaria de un cine de provincia      o      un pequeño acordeón abandonado en un pasillo            bien sé que duele lamer el invierno cuando te digo cuídate de mí mirando los junquillos            quemándome los labios partidos con una agüita de boldo            no quiero que renuncies como esas aves que sólo buscan un lugar templado      esas aves esquizofrénicas de canto sicótico en la palabra cielo            me paseo por la pequeña casa de mar haciendo gestos que olvidaré en un par de minutos      tú mientras le haces trenzas a una niña            las nubes nos indican cierto tipo de tragedia            como que se cerrará de golpe una ventana o reventará una ola cerca de esas niñas            en el paraíso navegan lirios de mar            ojos acalambrados que se dibujan descalzos entre las algas mientras bailo en una pequeña balsa que clava su rosario en los mares del aire            pero la vida no es más que una función de títeres que después se dejan abandonados en un cuarto            un amancay adorna la blusa de una niña a punto de hablar mientras se escuchan las cholgas abriéndose en el fuego            alguien se declara a un costado del jardín            aquí no hay jardines pero se escuchan las palabras pasar mudas por el desierto      pienso en cosas simples      una mariposa negra posada sobre una oreja de zorro            mariposas que se dirigen al mar y luego mueren detrás de las olas el sol se desfigura en la boca de un pez morado entre las rocas los cactus            pequeños cristos del lugar            ven pasar a los peces muertos hacia el pueblo            amanezco bajo el agua crucificado en el desierto      cuando      allá en la luz tenue de la lejanía            un hombre como yo clama la derrota y se presenta





Agua

Mis ojos están abiertos detrás de la máscara      delante de la máscara estás tú en el visor todavía en pie      reflejando el alba cayéndose a pedazos            como la mano que divide apenas unos labios            ese pequeño silencio que roza la piel de un ulte            he tenido las peores hemorragias del mundo contigo            descendiendo hasta mi sombra con el cuchillo a punto de extrañar      todo es superficial en tierra firme      nada moja como debiera      nada sube ni acontece      el silencio arrecia contra mí entre desgarrados trumulcos      y      me trae amarrado a la cintura sin saber si el arpón sangrará en mí o en el pez            esto no se parece en nada a un ritual            es como estar tocando los acantilados con las muelas de un enfermo            no es como en verano cuando la playa es un cutre de hambreados veraneantes            estoy envejeciendo mi piel en el agua            las palabras se pudren            los pelícanos se pelean las cabezas entre las rocas            esto es una matanza            aguas divisorias que se encienden en la musicalidad de una fosa pequeñas notas que despavoridas son lanzadas sobre la cal del océano            un color que restriega su memoria sobre un instrumento trasegado            a veces acá abajo se perfora una que otra idea sobre el poema                  sobre el poema un buzo como yo se inunda      y      se desliza contra el nombre de un puñado de labios que las ofician de santos en la penumbra            la simulación del rostro de una ciudad es una alegoría caliente que desciende como pequeños plomos que simulan el tedio de la forma      un círculo de fierro que las hace a veces de ataúd      de cementerio navegante en la pierna crustácea del horizonte            cinco horas es suficiente para ver el cielo      y      la escritura que es similar a ahorcarse con el cordón umbilical en pleno invierno            mis ojos siguen abiertos dentro de ti y no hay má belleza que mirar en los talones el desgarro            el peligro de la muerte a los pies de una muralla engendra pequeños descuidos que van a dar al mar            detrás de las olas construyen sus habitaciones      y      se mueren al amanecer      a los pies            en las uñas del acantilado            imágenes sobrevuelan un frágil instante de felicidad en blanco y negro






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