Sergio Badilla Castillo o La desvirtualización del tiempo

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Por Ignaci Fort



La obra de Sergio Badilla Castillo está entre las realizaciones más relevantes de la poesía latinoamericana actual, cuya edificación y arquetipos poéticos, nacen de una percepción del mundo que está relacionada con los grandes cambios que experimentan las realidades, científica e imaginativas en la historia contemporánea. Es un escritor que trasiega territorios físicos profundos e imaginarios virtuales anchurosos. Así, de esta manera, pone en contacto a su argumentación lírica con el dictamen de la ilustración y de la ciencia para generar una nueva territorialidad poética: El transrealismo poético.

El maderamen de la obra de Badilla se articula con la percepción del trashumante que tiene los sentidos vivificados de erudición, observaciones, preferencias y recordaciones. Sin embargo, sería injusto decir que éste es el elemento primordial de su nutrientes empírica y doctrinaria en poesía porque él es un vástago, también, de la aprehensión concluyente del mundo profético de Neruda, de Huidobro, de Vallejo y de Parra, además de la tradición clásica lírica universal, de poetas contemporáneos tales como Trakl, Kavafis, D’Anunzzio, Pound, Thomas hasta Auden, Ekelöf, Södergran y Diktonius.

Badilla Castillo es, sin lugar a dudas, un poeta sobretodo academicista, lector y mundano a quien no le es indiferente la cotidianidad del lenguaje callejero, ni le es ajeno tampoco esa solemnidad erudita que transcurre y transita en sus poemas.

El minucioso cuidado del lenguaje, es otra de las categorías distintivas de este creador, ya sea, a través de la implementación de un coloquialismo rompiente o de la adecuación del verbo docto en el rastreo de la unidad de la palabra, su imagen y sus derivaciones.

La expresión de sus iconografías líricas, tras conseguir una precisión esencialista, en medio de la perplejidad que constituye cualquiera de sus textos, conduce a la constitución de una poética mayor en nuestro mundo hispanohablante, porque su producto textual, particularizado o total, constituye hoy una raíz necesaria de la poesía de Hispanoamérica.

Badilla Castillo, se mantuvo durante un largo tiempo desconocido y excluido por su tenaz acracia, recién, con su regreso a Chile a finales de 1993, su obra comienza a tener una relativa difusión, en círculos de eruditos o en escenarios cults. Es necesario aclarar que él deja su país natal, Chile, en febrero de 1974, debido a circunstancias políticas contingentes y flagrantes. Como consecuencia, de esta situación vivirá alrededor de 20 años en diversos países de Europa, donde como él mismo señala, en una entrevista, a la revista Parsimonia: “me nutrí de hechuras y torpezas, de imágenes y lenguas”

Sergio Badilla Castillo, nace el 30 de noviembre de 1947, en Valparaíso, de padre marino y madre de origen sefardí. “Tal vez por que mis padres eran personas de viajes y de transtierra, por eso me interesé en el desbarajuste del tiempo” señala Badilla, en otro acápite, de la misma entrevista en Parsimonia, haciendo alusión directa a la paternidad de su transrealismo poético, basado en la corriente fictiva del norteamericano Rudy Rucker.

Sobre este diseño insurrecto de Badilla Castillo, respecto a la tradición poética imperante, el investigador en literatura de la Universidad de Illinois, Felipe Arredondo, manifiesta que los términos o expresiones, en la transrealidad badilleana, no son sólo jerarquías sublimes, sino también escombros del caos en el que él sitúa parte de la realidad y la propia historia de la humanidad y; añade: “Sergio Badilla, genera la transposición del tiempo, es decir, conjunta situaciones del pasado y las entrevera, con el presente o futuro, en la contextura del desarrollo textual del hablante lírico principal y de los hablantes subalternos que conviven en el mismo texto; Así por ejemplo, en unos de sus textos, puede estar refiriéndose a la Comuna de París (de 1871) e incorporar, en tiempo equivalente, allí, en esa contingencia, la muerte de su hermano en 1986, como si fuera parte de un misma singularidad histórica. Incluso puede aparecer su propia subjetividad, como un elemento subordinado, ya sea engarzador, como disruptivo

El tiempo adquiere así, un carácter paracrónico que significa borrar o alterar su presencia, para darle mayor importancia a la ficción, a las otras dimensiones de este fenómeno y ucrónico, en el sentido de darle reconocimiento a aquello que pudo ser y que no se gesta o manifiesta, en la textualidad, pero que se exterioriza de modo implícito a través de las imágenes y complementaciones que hace el propio lector

En la poesía transreal, como lo explica Badilla Castillo, el tiempo es un elemento circunstancial, multidimensional que aunque es una representación virtual, ésta se relaciona con la materialidad misma, y de allí su ligazón con la teoría de la relatividad de Einstein y Planck y con lo indeterminable y expansivo de la visión del universo, la manera de Hawkins. El gran universo comienza en la capacidad ficcional del cerebro, ha señalado Badilla Castillo en sus exposiciones públicas, como por ejemplo en una charla dada, en la Universidad de Antioquia, con ocasión del festival de poesía de Medellín, Colombia, el año 2005:

“ En el ámbito cuántico, el mundo concreto de la experiencia aparente se disuelve entre la mezcla de transmutaciones subatómicas. El caos se encuentra en el corazón de la materia; los cambios al azar, comprimidos solamente por códigos probabilísticas, conceden a la construcción del universo una particularidad incierta. El espacio tiempo, en su prodigio, no es tan absoluto o inmutable como se creía tradicionalmente. Tiene también condiciones dinámicas, que admiten su curvatura y poder torcerse, desarrollarse y mutar. Estos cambios en espacio y tiempo ocurren tanto localmente, en la vecindad de la tierra, y de manera cósmica cuando el propio universo se ensancha o se dilata.

La ciencia consiente, desde hace mucho, que las ideas de la teoría del quántum deben emplearse a la dinámica del espacio-tiempo así como a la materia, una asignación que tiene ramificaciones portentosas para cualquier otro saber y en especial para la poesía”. En este contexto, por ejemplo, es que se expresa la construcción alegórica de su poema la Comuna de Paris:

“Una clarinada de alerta con un ritmo estridente suena como cuerno medieval

                                    en alguna parte del fragor de la batalla

Thiers escapa de la turba con sus 12.000 soldados derrotados en Prusia

En las trincheras los andrajosos anhelan un brindis / con sus enflaquecidas cataduras /

                  para celebrar la victoria.

¡Qué victoria! Si tiene la fugacidad de un rayo

Duval, Eudes, Brunel y todos los de Montmartre querían marchar sobre Versalles

(recibo mi primera herida en la Comuna de París)

¿Qué herida!? Si es mi hermano que muere en 1986 lentamente en ese municipio

de peste.

                  También los anarquistas Louise Michel,

                                    los hermanos Reclus,

                                                      y Eugene Varlin que construían sueños

/ el 28 de marzo de 1871 / entre barricadas y descargas.

Bakunin idealiza / al mismo tiempo / una ciudad central que se declare autónoma

en San Petersburgo como si fuera vidente

una comunidad inédita que se funde de abajo hacia arriba

                                                      diría el príncipe Piotr Kropotkin en sus divagaciones

de irreparable insomnio

Los esqueletos del poder se organizan para destripar las utopías

ya no se oye más que el ruido sordo de los adoquines

que caen unos sobre otros en las últimas estampidas.

En las zanjas los harapientos ya no ansían un brindis / con sus macilentas apariencias / ¿Para qué? ¿Para vitorear la ruina?

Un trompetazo de atención con una cadencia discordante retumba como cuerno gótico

                                    (en algún sitio) en la quietud de la derrota”


Los inicios

Como respuesta a la generación de esta nueva forma de entender el fenómeno poético y su lenguaje, es que Badilla Castillo, se ha transformado hoy en uno de los poetas más interesantes de Hispanoamérica, teniendo, a estas alturas, de su perspectiva creativa, seguidores en todas partes del mundo. La travesía poética de Badilla Castillo empieza en su natal Valparaíso en su relación creativa con el poeta, ya fallecido, Juan Luis Martínez, renovador del discurso de la poesía contemporánea,. Badilla Castillo recibirá el influjo experimental de Martínez en su visión lírica y articulará, la primera parte de su obra en los años setenta. Los desajustes políticos en el Chile de la década posterior lo transforman en habitante circunstancial de Argentina, Rumania, España y finalmente Suecia. Es en este último lugar donde se nutre de las sagas nórdicas y sus versos se pueblan de elfos, duendes y habitantes mágicos de las noches y de los días eternos. "Fueron estas vivencias, diversas, distintas, pero que al mismo tiempo son partes irrenunciables de mi yo existencial las que alimentaron mi yo lírico."

Como antes enunciado, la mutación de la realidad o el husmeo reincidido de las pródigas dimensiones de la realidad ("la realidad es aparente o está sujeta a una multiplicidad de contextos que se cruzan, entrelazan, se relativizan o son producto de la mente") conforma la originaria imagen de las peculiaridades específicas del Transrealismo poético. A ello se agrega, entre otras cosas, el manejo de una lengua profética, iluminada, donde el autor y su yo lírico se fusionan; los lenguajes se entreveran, tanto con un carácter místicos, como en la dicotomía urbana-gobal; la "desrealización" de la ordenación logicista y racional del concepto de realidad material ante la invasión dominante de los nuevos medios digitales.

Esta corriente "transrealista", definida por Elena Klein, investigadora en literatura de la Universidad de Sussex, como la de "aquel que se ubica al otro lado de la materialidad, más allá de la realidad, pero siempre en ella, para a partir de allí constituir y fundar su propio lenguaje poético", tiene sus adeptos más allá de las fronteras. "No es mi angustia ni mi fin el tener adeptos. Para mí lo importante es que los elementos incorporados en mi propuesta sean parte de una visión lírica gnóstica, es decir, una mirada fractal que me acerque al conocimiento absoluto e intuitivo y que éste se proyecte en una poética.

Vuelvo a citar a Badilla Castillo en otra exposición que hizo de su propuesta transreal en la Universidad de la República, de Santiago de Chile, en 2004. donde señaló:

“La ciencia entera está, en este instante, rivalizando y aventurando fórmulas para dilucidar una manera de revelar las ordenaciones perceptibles y las inmateriales, con que se relaciona nuestra intimidad con el cosmos y, en fin, con todo aquello que cabe dentro del vacío cuántico y su relación de simulacro que son nuestras reflexiones y nuestro propio cerebro, es decir, desde la actividad indeterminada y teórica de los quarks, pasando por los hoyos negros al modo en que se desarrollan los vegetales, todo esto que señalo, son los fractales.

¿Cómo calificar entonces el morar dentro de un instante fractal y tener conciencia de ello, o mejor dicho, qué importa todo aquello si lo que veo es lo que es? como lo dijo Jean Baudrillard: "lo que vemos es lo que es", en su libro La procesión de los simulacros."

Las propiedades básicas de una relación fractal son: longitud infinita, dimensión fraccional o fragmento a todo nivel, se conectan a significaciones espaciales que de manera muy individual podemos concebir o ver.

Por ejemplo, si la estructura fractal determinara todo proceso de circunstancias en el tiempo, nuestra existencia ordinaria adquiriría una adherencia transrreal. Cada segundo de nuestra vida incluiría y refundiría el pasado, el presente y el futuro, por lo que nos enfrentaríamos constantemente a nuestro nacimiento, a la habitual, siendo insólito, o sea, el ahora y a nuestra muerte, porque la geometría fractal, establece que la materia en el espacio está en todas partes y de esta forma no sólo conformaríamos el cosmos, sino que nosotros seríamos el universo mismo.

Con la transrealidad podemos figurarnos una manifestación donde los sucesos que la comprenden no se sucedieran en lapsos separados de tiempo, más bien, nos imaginaremos, por baúles, en el interior de ellos hallaríamos sucesos análogos comprendidos también en baúles, y en el interior de cada uno de estos baúles, otros baúles,y así hasta el infinito”




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