Sofía Ortega

De La Siega, la enciclopedia libre.

Por Sofía Ortega


Demasiado in of-f

En la calle los verbos se empujan entre pisadas, las sonrisas se cansan entre aparadores, me distraigo, escucho el idilio de la banqueta con el poste empapelado, mi ombligo se declara en huelga, la próxima vez que quiera saber del nubes debo ver hacia arriba y ser blanca.
¡Desvanecerme!
                          ¡Precipitarme!





Deshoras

El vapor de la madrugada suele succionarme, las cuatro cincuenta y ocho sólo es eso, un gotero que me aproxima a la regadera, una cucharada de azúcar, y el primer sorbo de realidades, las tres veinticinco es una mordida de ganso en el teclado, y las doce una prolongación de etcéteras ¿Cuál es la diferencia? Ninguna, todas esas horas se padecen y dilatan una a otra. Para qué abreviarlas, mi cama no me echara de menos.




Ser Libélula o Luciérnaga

Siempre he sido libélula sin dueño,
Luciérnaga al éxodos,
maravillándome del tintinear
De cada piedra en el río.

Y puedo perderme en los pañuelos,
brindar en cada duda sin mis alas,
cubrirme después entre hojas,
esperar a que arribe la mañana.

¡Pero eso! ¡Precisamente eso!
De andar zumbándole
la cabeza a sapos y ranas,
simplemente, no se me da.





Silo de Huesos

Voy de rodillas, crédula…
sin lugar en la ermita de la madre.
Tiro el discurso, mi novena risa,
y ese primer escándalo magenta
que fue celebración, anuncio cálido.
Exhorto en la búsqueda del silencio.

Pero ahora vengó a expiar la culpa,
a maullar en algún tejado amigo,
porque si, ya deje las marquesinas,
a la piadosa fábula de ajuste
social, que convoca aquella apatía
de te dices, me digo, te digo, resentimiento.





Inmigrante

Me cubro el silencio con el cigarro,
que le duela al pulmón el bye gringo,
Si, el adiós mexicano
                          quema la boca pintada de Frida.

Lo confieso...

A mis trenzas ya no las amarra el yute,
ni las peina el bolero de Agustín Lara.

Quizá me acostumbré al olor del free way,
                                                    a la resaca del whisky,
                                                    al coffe late.

Porque aquí la nostalgia engorda
                                                    de tanto light
entonces y por eso, es mejor olvidar
                                                                 la dignidad del mole.




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