Sofía Rodríguez Fernández

De La Siega, la enciclopedia libre.



Nombrar al tiempo


Escribo sobre ti
sobre la tierra que acumulan tus huesos
y el viento que acumulan tus pensamientos,
sobre una brizna de polvo
que se detiene en el tiempo
viaja con los antepasados
y con los que están ahora,
será el tiempo por el que se desliza la conciencia
y la conciencia se atasca en el tiempo
porque el tiempo no es
un campo de hielo nítido.










Es un salto y un hueco,
hoyos profundos y movimientos.
El tiempo se agota a sí mismo
en vanas verdades,
se llena de palabras
de ascos, de inútil.
Se empolva porque se piensa mucho.
No el tiempo de relojes,
que no se parece
en nada al tiempo.










Pero tiempo no es una buena palabra,
la cambiaremos,
será nube, viento,
torbellino,
corriente alterna, le llamaremos
aura, amanecer, soplo, aparición,
premonición garabato,
sortilegio
plegaria, ablución
prisma nocturno, ave de día
viento de la oscuridad, coraje,
silencio de la tarde,
imagen detenida.
Brisa.










El tiempo se detiene
nosotros seguimos.
Tiene la forma de todos nuestros temores,
y toma la forma de nuestros tumores.
El tiempo se hace
cerca de nosotros
a un lado de la respiración,
crece dentro de una sombra
y se va dentro de una luz.
El tiempo no come
habita en la oscuridad de las entrañas interiores
y las exteriores.
Late a su propio ritmo
o deja de latir.
El tiempo es lo único que aun cuando muere
sigue siendo tiempo,
su felicidad es tal
que no necesita ser feliz,
y cambia sus hábitos
para no sentirse solo.










El tiempo se encuentra al final de todo,
por eso, a veces parece el principio.
Cuando el tiempo está muerto
uno puede sufrir en silencio
y no darse cuenta.
Ese tiempo muerto, te pertenecerá
más que los otros.
También te hará sufrir más.










El tiempo tiene forma de nube
en forma
de cordero.
El tiempo tiene forma de carne
en descomposición.
El tiempo no infringe las leyes del tiempo
ni corre,
tampoco se hace lento,
sólo se mantiene al margen.
El tiempo sabe a bolsa de papel
inflada con el aire de una exhalación.
El tiempo no se aleja ni se acerca
porque no se mueve por sí mismo
lo mueve el viento
o el vapor
o una noche de mucho calor.










El tiempo puede ponerse duro
como una pelota de ligamentos.
Entonces nos golpea
la comisura de los labios
y nos hace escupir.
El viento recoge los huesos
que el tiempo dejó regados.
Los junta, los sopla
y los vuelve a vivir.
El tiempo gotea siempre
horadando el cielo,
a pesar de la capa de ozono.
Nos hurta la risa
y la aplasta con su vientre gordo.










Agua sólida del cauce interior
llega a mí como una figura
que da forma al tiempo
al que se va por dentro acumulando tierra.
Quisiera
poder escribir algo más grato,
abrir las alas del alba
y narrar el vuelo de las cosas que vuelan.
En vez de eso, debo quedarme
y contar del tiempo que corroe la materia interior
como si fuera un mal duende
un mal presagio
una aventura,
un golpe que aglutina las letras de otro modo
que hace saltar las sílabas en descontrol
y nos deja abiertos al dolor.
Diría desnudos
pero eso podría ser bello.
Diré más bien torrente,
pies que sienten el viento en las plantas
como una cosquilla del universo.










Y volvemos a la naturaleza
que nos arranca las uñas para molerlas
y acumula gritos como monedas.

Mas no debemos culparla
ya que es el tiempo,
verdaderamente,
el que da forma a todas esas cosas.










Entonces llegaste,
y el tiempo se formó de deseos
varios
que a un tiempo
luchaban por ver cuál era su orden.
Pero fueron todos a la vez
y derribé tu cuerpo
como si fuera alimento,
mi última esperanza.
Y yo fui la tuya,
me encontré detrás de ti esperando,
y la espera no fue grata porque tuvieron que morir varias cosas
también mis padres.










Me senté adentro
mientras afuera el tiempo acumuló
mucho viento para revolver las cosas
y las revolvió.
Nuevas formas besaron mis labios
para poder encontrarte.
Y si no se entiende
no es verdaderamente importante.
Todas las vidas están hechas de retazos,
armados como si se pertenecieran
amarrados y cocidos unos con otros
trozos (ya sabemos) de tiempo.
Del tiempo que tomó forma de mirada ausente
de nariz descompuesta
de mano anudada
de hombro tenso
de figura de tiempo recipiente de esperanzas.










El tiempo se resbala para presentarse
como algo sin importancia
ensaya distintos caminos
hacia la degradación.
Cierta presencia del caos en primer plano,
recuerdos de sentimientos vividos
entre figuras que son de provecho.
Retrata una iglesia escalonada
un ferrocarril y un castillo.
Serenidad de los objetos,
junto a lo que parece disolver los huesos
como ramas lavadas en el mar.
El fuego,
desconcertado por el tiempo
acercó de prisa sus colores
a la tarde incomprensible.




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