Soledad Fariña

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Donde comienza el aire (2006).


troquel
         de un cisne blanco

al poeta chileno Juan Luis Martínez



más allá del (autor)
más allá de la página en blanco
de la casa inclinada
y sin puertas


                  ¿qué nos dice
                           el silencio?











¿quién?

a Blanca Wiethüchter, poeta boliviana.


no la loba la zorra se alza
entre sus sombras alta la lengua
negra veo cómo corrompe el
verbo arranca las raíces del
mundo que la cifra la seda de
unos labios hilando entre las
llamas cercena la palabra de la
cosa sumisa la sombra rencorosa
sin leyenda sin nombre ¿qué
hacer? este terco fulgor
ambiciona un sentido un fuego
no el instante ni la trampa del
cuerpo unir los hilos, dice, con
aullido de hiena de visión en
visión (ninguna es verdadera)
templar, templar el hilo la piedra
que te mira -todo confluye en ella
la loba que protege la zorra que
me incita- templar hasta saltar
libre como una nuez aguzar el
oído palpar tocar la piedra
desconocida y verbal la llama y su
fulgor largamente añorado











frente al espejo

a Blanca Varela, poeta peruana.



ahueca el pelo lentamente
y se dice palabras al oído

(ácidas     rojas)

deslumbrante   se viste de jirones
el ojo fijo en la otra
del espejo

se raspa el corazón con un rastrillo
que robó del jardín de su Edén
y recuerda el vals     de su Edén

engulle
las palabras que le sobran

su vacío permite un gemido
al animal     paralizado
ante el rencor del enjambre

detención     para tomar resuello
lucidez          que sube de la sombra
a tajear lo indecible:

el horror     el temor          el lienzo blanco
a horcajadas

en el canto sagrado











los recuerdos
                     son frágiles


a la poeta chilena Malú Urriola,
desde su libro Dame tu sucio amor


estrecha su mano contra el pecho no recuerda que amó ¿cuándo amó? ¿cuánto amó? acaricia su pecho toca su pecho abierto sus heridas una a una las besa las escribe las recorre silbando bajito los recuerdos son frágiles canta saca de los labios piedras arenilla que rueda De su ojo saca una niebla opaca tiene los ojos secos raspa la hoja el sonido agudo de su trazo desespera ante esta línea frágil que impide al recuerdo aglutinarse sonidos de mis trazos canta luz metálica cortada al sesgo en mi ojo Apoyada en la pared vacía alguien mira por detrás de su ojo su pelo negro teje una alfombra húmeda en el piso prefiero las noches y sus luces canta y estrecha su mano contra el pecho.











a la más bella piel

a Claudio Bertoni, poeta chileno


sagrado territorio que te aparta del aire
apartas de mi boca las bocas
nombrando lo lamido;   piernas brazos
por gemido disperso vientre pubis
humus blanquísimo
hojarasca
escapada a la noche en la piel de su piel
escroto dices perdón     sobre todo perdón
glande sagrado
mínimo en umbral de la luz
ata y desata   secreto manantial
de leche agria
dulce
en su estertor de miedo





fue así,


a Raúl Zurita, poeta chileno


     duro, el amor: blandas y blancas fosas, negras, tormento y golpe somos, caemos, arrastramos. Tu sueño se hace día, se hace noche tu sueño, luego con él golpeas. Sangras. Hay grandes cavidades que se acercan. De la ausencia –dirás- también puede vivirse, letras y resta y queda, amén de la piel blanca como nicho de luz en un halo de luz, epitafio de letras, ojos, herida larga abierta sin poder suturar, hubo tantos, tanta montaña como ahora son nubes, tanto, y el cielo va escalando y se levanta para luego caer, caer, como cae mi día, como cae tu noche, blanda, blanca









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