Taxi

De La Siega, la enciclopedia libre.

Por Miguel Ángel Torres Vitolas



Brenda se llamaba. Así, en serio, como gringa. Alucina, hermano. Brenda. Conchita rica entonces, carajo. Ya cuánto será que no me como una así. Antes a cada rato. También que estoy gordo, mira. Mira conchesumadre, así gordo se caga uno. No engordes cuñao, no te engordes, te lo hablo en serio. A las hembritas no les gusta, asco les da. Se engorda uno y se caga. Yo aquí que me ves y no lo puedes creer, pero yo era flaco, con mis músculos y todo. Un huevo de plata también que tenía. Ahora mira, mira esto. El carro también, todo el día aquí, cómo no me iba a engordar.

Pero te hablaba de la Brenda, ¿no? ¿Sabes lo que pasa? Que me acuerdo y ya me olvido de lo que decía. Así la vida supongo, uno lo va perdiendo todo de a pocos, y uno y dos y a pedacitos, caracho, que se le acaba todo a uno. Carajo. Yo antes cada fin de semana. Te lo juro, hermano, acá se la ponía a todos, acá. Cerveza, cebiche, pollo a la brasa a las costillas. La discoteca, el telo luego. Saca tu cuenta nomás cuánto gastaba. Alucina, sesenta, ochenta lucas. Calor, ¿no? De noche será, pero aquí en Lima así el calor feo que jode todo el tiempo. ¿Qué te decía? Ah, se va la plata pues, se va y tus patas conchesumare, y las costillas igual. No te creas, así es siempre.

Pero te hablaba de la Brenda. Chinita, chola rica, flaquita así pero buen culo ¿me entiendes, no? Yo la hice mujer. Suavecita se dejó hacer, no hacía sino mirarme. Ahí te pescas a una virgen, hermano, se están asustadas, no se mueven. Si se mueven es otra cosa, putas son. Ella, la Brenda, sólo me miraba y me miraba así, que hasta miedo daba, carajo. Quietita se estaba. Así pues, virgen ¿pescas? Bueno, pero eso fue después. Yo a la Brenda la conocía de la casa de la mamama, mi tía, su mamá de ella. La mamama me quería un culo. Sabe uno por qué se le pega eso a unas mujeres, pero a todas las mujeres viejas se les pega. Yo creo que es porque tienen más sentimiento que nosotros, ¿no? Lloran más, se ríen distinto, menos arrechura también. Los hombres, en cambio, la verdad, unos pendejos somos hasta viejos, en hueco nomás pensamos, ¿cierto o no es cierto? Carajo, hueco noche y día, en eso nomás.

A la Brenda pues la vi desde chibola, cuando se hacía heridas en las rodillas y chupaba marcianos. Putamadre, mamona ya, mamonaza. Disculpa que me ría así, si supieras, carajo. Bueno, bueno. De lo que me acuerdo, nunca me fijé en la Brenda cuando pequeña. Antes respeto, respeto te juro. Además estaba bien plana y no sé qué, pero yo estaba con otras costillas y la verdad que la Brenda ni aquí ni allá, no me había fijado ni así en ella.

Yo iba todas las tardes a la casa de la mamama, después del trabajo. Iba a tomar el lonche y ella me invitaba pan con hotdog, mortadela. La Brenda la ayudaba y se venía a la mesa calladita con el café pasado y más agua caliente. Fue a sus quince que la visité a su cumpleaños. Le regalé un diarito de esos que le gustan a las chibolas, y cuando la miraba, no me creerás, pero ya la empezaba a ver algo, y su cuerpecito mejor, que más forma tenía.

Yo te digo, ¿sabes? Que las mujeres saben bien en lo que se meten y todas, todas toditas cuñao, disculpa que lo diga así, si tienes flaca, pero todas son bien putas. Porque lo que me miró la Brenda cuando me decía gracias y me besó la frente, la frente fíjate, lo que hizo, digo, no fue sólo mirar, fue ya sabes, con su ruqueada y todo. Ella me miraba de abajito así, con la puntita de la lengua entre los dientes, y mirándome de abajo, moviendo así los hombros sin moverse. Yo le era respeto hasta ahí cuñao, te juro. Solo no fui, ella me hizo así y me estampó su boca acá y ya yo sabía lo que quería. Bien pendejo que era también yo, algo habré hecho. Pero fíjate, fue ahí que recién la vi, que la vi por mi madre, como abrirse los ojos. Tenía ya sus tetitas y un buen culo. Me da pena ahora que lo pienso algo. La mamama había pagado para que el chino Óscar, un huevonazo de la esquina, para que animara la fiesta, y el chino tocaba el órgano y llamaba a la gente a bailar. Y la mamama nos juntó a la Brenda y a mí, bailen nos dijo. Y la bailé entonces a la Brenda, y le toqué su culito así como sin querer. No me dijo nada, ¿ves? Sólo me veía, hacía esa boquita que te dije y miraba abajo.

Hijo de puta, ¿viste eso? Así el tráfico a esta hora. Lo peor son los que manejan borrachos. Yo nunca, cuñado, nunca, te lo juro. Por mi madre. Unos asesinos son. Voy a coger aquí Arenales; a esta hora la Arequipa es una cagada.

Te sigo contando, pues. La Brenda, como digo, sabía. Todas las mujeres saben, hermano. Chucha caliente. Son los hombres dicen, como si peor fuésemos, pero no es así, no es así. Mira, un hombre qué es al final. Trabajo, trabajo, ¿no es cierto? Chamba todo el mierda día, buscar la plata. Y lo de desear también, pero malo no es eso. Uno es hombre y así es. Cómo decirte. ¿Cuántas te has comido tú, hermano? ¿Cuántas dices? ¿Tres? Tres, caracho, es poquito. Chucha, yo a tu edad me había comido unas treinta o más. Pinga en todo hueco, hueco que veía, y pinga. Lo que es a todas las natachas del barrio, por donde pasaba, fácil nomás me las comía. Mujeres casadas también, mejor todavía. Sabes por qué, porque tienen ya experiencia, ya saben mejor todo y se cuidan. Chinas también, pero ya otra vaina es. Tú estás chibolo, deberías aprovechar. Una vez, carajo, puta que me da risa de acordarme, me comí un negra grande. Cocinera era. Gorda, gorda era, que tenía la chucha hecha una cosa así, conchetumadre que ni la sentías dentro. Puta que casi me muero con tremenda ballena, conchesumadre.

¿Cómo? Así, de la Brenda te estaba hablando. Cómo decirte. A ver, luego de su quinceañero, la fui a ver una vez a lo que salía a comprar el pan. Chinita, culona, ya otros le habían echado el ojo. Había ya al menos dos que vivos querían hacerse. Pero ahí estaba yo, que le iba a hablarla y le acariciaba el pelo. Su morisqueta hacía todavía. No, me decía, mi mamá se va a molestar. Pero yo la paraba y le explicaba no Brendita, yo te quiero ¿sabes? Te quiero de veras. Y eso entra, hermano, de a pocos les entra. Te oyen, te creen y al final te creen lo que sea. Ahora que no sólo es eso, en ese tiempo yo trabajaba en un taller en San Borja, tenía billete y estaba flaco. La Brenda me miraba y me miraba, la sonreía así, ¿no?, ya sabes. Brenda, yo no quiero que pienses otra cosa que no es, yo te voy a esperar porque te quiero, le decía, y a veces le regalaba su gaseosa de litro, o le compraba jamonada para que le llevara a la mamama. La Brenda se reía de ladito y me decía que no hablara así, que gracias por la gaseosa o lo otro. Una vez me la tuve hasta tarde, hable que hable. Ella me contaba que quería que la mamama la deje postular a la universidad, que ya estaban ahorrando para eso, y quería ser profesora. Yo le decía sí a todo lo que dijera, y le prometí ayudarla. Y así, ves, que me la llevé a un ladito y que me la empecé a agarrar suavecito, así, así y la tocaba. Y chucha que se dejó, que se dejó todo. Me la besé, empecé a paletearla, me dijo que no quiero, que no así, no, no, me dijo, pero al final bien que dejaba. Y yo te quiero, Brendita, le decía, te quiero un montón.

Como sea, tú sabes cómo es. Toda mujer igual, igual te juro, todas las que me he comido. O sea, dirán lo que quieran, pero igual que nosotros pensamos sólo en chucha, ellas pinga. Pinga, hermano, al menos cuando están jóvenes. No quiero que suene así, feo, lo digo más bien como realidad, fuerza de realidad, que al final hombres y mujeres igual, en sexo andamos, enchuchados. Así es. Cuando a la Brenda la recosté en mi auto, esa vez, ella cerró los ojos. Le subí el polo, le metí la mano. Caliente su piel, calladita se estuvo. Sólo lloro apenas, después, pero yo la abracé y le dije que nos casaríamos, que la amaba y que le ayudaría para que entre en la universidad. Ella me miraba y me abrazaba, y me decía que lo quería es que yo fuera feliz. Y fue ahí que le dije que ahora que nos queríamos. Ya sabes. Esa misma tarde fue, en un telito que conozco en San Juan. ¿Sabes lo que me acuerdo más? Me acuerdo que al final de todo, se estaba sentada así en la cama, con su sostén negro, después de todo ya, y me dijo que me quería mucho, mirándome en el espejo, con toda esa mueca de niñería que te conté.

La mamama no se enteró sino mucho luego, y porque una vecina hija de puta le contó. Esa gente que no tiene qué hacer y jode. Por entonces yo le daba a la Brenda casi todos los días, y cuando la dejaba tenía una blanquita, impulsadora, a la que también me veía, y las natachas a veces, cuando me picaba. Y es que pinga nada más era yo, ¿ves?, no pensaba mucho, y se me iba en eso toda la plata. Discoteca, chela, telo. Todo se me iba. Ahora que recuerdo, esos mis días eran así, volando. Desaparecían las cosas, las germas. Y a la Brenda, me dije, que peligroso era, porque tampoco soy idiota. Y ya pues iba a decirle que hasta aquí Brendita, cuando la vecina conchesumadre que le cuenta a la mamama. Vez de la conchesumadre esa. La tía me recibió bien, no se notaba nada, y una vez me senté, se llamó a la Brenda y nos preguntó ahí, qué cosas eran ésas que le habían dicho. Los dos nos mirábamos y le decíamos que no, tía, no se crea esas cosas. Sí, mamá, decía Brenda, chismes de envidia de la gente. Pero qué vería la mamama, qué le habrían enseñado, que no se creyó nada. Se le agarró la locura y me empezó a arrojar de todo, de todo te digo, que la Brenda trataba de pararla, mamacita, basta, le decía, falsedades, mentiras. Y la mamama que no dejaba de tirarme tazas, floreros, jarras. Me salí a la calle, y me seguía ella detrás. No te quiero ver más, largo, largo, abusivo, y la Brenda atrás, asustada. Que más que llorar estaba asustada y le decía a la mamama que ya basta.

Esa vez me dolió, ¿sabes? Yo la quería a la mamama, la quería mucho. Desde niño la había visitado y me regalaba chocolates Sublime, y hasta me tuvo un año que mi mamá viajó. Y verla ahí, mirándome con odio y botándome de la casa. De veras que es algo que afecta a uno acá. Se lo contaron además a mi vieja, y quedé mal, mal carajo, cagado para todos. Pendejo, me decía cualquiera, y me sentía mal yo porque no era así cierto. Decidí ni buscarla a la Brenda, que se acabara así, definitiva, de todo, porque había estado de verdad mal y había sido enchuchada mía. Yo no la busque, te lo juro. Dejé que pasara tiempo, y recién volví a salir a las noches. A una vendedora Unique me la estaba levantando entonces. Y rica era esa germa, en serio, casada, se movía fuerte, para qué iba yo a buscarme líos con una chibola, difícil además por todo el lío cagón con la Brenda. Por eso, lo que yo me digo es por qué no pensó ella igual.

Porque se apareció a buscarme al taller, carajo, un día así como así, que te busca una chica me dicen, y yo salgo y la Brenda. Hola, me dice, hola sí, quietita, parada, de falda larga iba y se había pintado. Qué quieres, le dije. No me has buscado, me dice, y no, cómo, le expliqué, no quiero nada más que ver contigo. Yo todavía te quiero, que me habla y se me acerca. Deja Brenda, le dije, carajo huevona, porque ya le empecé a hablar fuerte, no te das cuenta de nada tú. Te quiero mucho, me decía, no sé qué voy a hacer si me dejas, y se empezó a llorar, a llorar que no sabes, que los del taller se me quedaban allí viendo. La llevé aparte. No quiero que vuelvas, le dije, no me busques más Brenda, se acabó. Lo que es ella seguía igual y me jalaba los brazos y me decía no me hagas esto, me voy a volver loca, no me humilles así. Yo la llevé jalando hasta la calle y la largué, no me vuelvas a buscar, le dije. Lo que es esa vez se fue, cansada y quietecita. Niña era, y así se fue esa vez.

Ahora, con todo el problema que me había hecho, con todo lo que te he dicho con la mamama, con mis viejos, la familia, con eso y más que son cosas acá de la sangre y el orgullo de uno, me está difícil decirte por qué la acepté otra vuelta. Sí, ella me buscó, me lloró más, me rogó que no la deje, pero eso no fue. Lo que pasa, me creo ahora, es que uno oye tanto lo que le dicen, te repiten tanto te amo y esas vainas, que le cala uno aquí, te entra digo y te sientes como la putamadre, que si fueras actor de película, galán de televisión con su gringa rica. Es que también contarlo no es igual. Allí es que tú la ves, y es chibolita, rica, llorándote, con sus ojos encima de ti, y es más que que te llore, más que eso, es que la tienes aquí, aquí ¿ves?, que hará lo que quieras. Que una persona, digo, una mujer, así toda, con su pelo, sus ojos, está ahí toda de ti y para ti, y uno piensa, hermano, si eso es amor. A lo serio te lo digo, ahora sí firme te digo, si era amor. Porque de chibolo mucho dice uno eso, pero no creo yo que sea amor. Cuando me estaba en el cole, me acuerdo que una chibola me juró que se mataba si la dejaba. Chibolada todo eso. Lo decía por decir. La Brenda sí lo hubiera hecho.

Con la Brenda volví así, pues, a las secretas. Telo, cine la llevaba, cuidando que no nos vieran. También cuando no andaba con ella, la Clara y Lola me levantaba, que hombre es uno, al final de cuentas. Yo creo que la Brenda estaba feliz, se reía, me abrazaba, su cuerpo calatito y sus tetitas de pera. A veces yo también me dejaba llevar y planeábamos dónde íbamos a vivir y los dos quedábamos que sólo un hijo sería mejor, porque caro es. La Brenda lloraba a veces de feliz, y me besaba la barriga y me decía estás engordando, chancho. De cariño me decía chancho.

Carajo, ojalá terminara ahí lo que te cuento. Ojalá digo, pudiese uno cortar así su vida, que se acabara exacta ahí ¿no?, con la Brenda en mi barriga besándome ahí y diciéndome lo que te dije. Sin después, sin todo eso que acabó pasando. Yo la quise a la Brenda, ¿sabes? Al final es la verdad. De repente no así como ella, entonces, pero la quise un culo, aunque me haya comido tanta mujer como te he dicho, hombre soy pues, pero la Brenda era otra cosa. Al final, como todo supongo.

Pero mejor ahí nomás, qué tal la dejo ahí y para ti aquí termina. Estamos cerca además. Qué tal para ti, para alguien la cosa queda con la Brenda prendida de mí, quietitos allí, los dos, hablando y hablando mentiras, mirando el techo, el espejo donde estamos calatos y Brenda se ríe y no se quiere ver. Me dijiste Arenales con Cuba, ¿no? Dejémoslo ahí, ¿está bien? Ocho luquitas. Ya vamos a llegar, dos cuadritas nomás. Así está mejor, no quiero hablar más. La Brenda dice que siempre hablo demás.




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