Víctor Coral, "Antebellum."

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Por Víctor Coral


Crujir de maderas y gordas chispas;
el alma de la gente crepita entre llamas;
el pavor local, el enemigo airado;
sí, todo lo vi como bello desde una cumbre:
“Ah la belleza de los pueblos
devastados por el fuego” –dije.
O algo parecido.

Hoy regreso malherido:
la guerra del alma, la iniquidad
me hicieron pedazos

(Céline declina)










Y la tierra reposó de guerra
para que podamos escuchar el silbo de los vientos
sobre lo estéril, sentir la sorda influencia de la luna
acariciar con dedos de plata las aguas semimuertas,
madre que acaricia a su hija peorherida
en la soledad de un camino esquilmado...
Volutas de humo negro, fierros esperpénticos,
ayes sin esperanza ni vida. A lo lejos,
nubes brunas acurrucadas con susto sobre el horizonte;
para qué esta cruel tregua:
los vivos tienen el fragor en sus mentes,
el pavor en sus sobresaltados corazones;
los muertos, la plegaria en sus ojos desmesurados,
el error computado de toda nuestra vanidad

(guerra interna)










Desde el fondo del valle de la matanza,
una vez idos los turbios invasores,
mi padre recuerda en voz alta: “Hace
muy poco aquí florecían la retama
y la rosa; la cantuta y el amaranto
se peleaban nuestras miradas.
Hace apenas un año en este valle
abrevaban los gamos en el puquio
y los halcones buscaban huevos tiernos
entre los pinos y robles del bosquecillo.”

Pero a mí me parece todo eso locura.
Nunca existió tal valle de la vida.
Esto es polvo muerto y desolación;
chirriar de vientos moribundos, heder
de carnes despavoridas. Misterio:
lo oscuro nos marca más fuerte que la vida

(uchuraccay, un sobreviviente)










En mí y para mí yo vengo
cuando lo real se muestra irreal
-una vez más-
y mis ojos se caen al fondo
de ellos mismos
nace la conciencia de sí
toda loca
débil como el hombre
al momento de re
velar su amor.

¡Vivan las antinomias del corazón!
¡La paralógica sea primaria y pura!
¡Apuestos los opuestos, por lo menos!

En mí y para mí yo me voy,
pues esto parece un trozo de Hegel
-mal traducido además-
y no tengo otra cosa
para el Espíritu que habla, para
el que pertenece a la horda de los fuertes
y pensando se pasa la vida,
lejos del deseo y de la muerte

(pequeño y necio homenaje a hegel)










A oscuras en la habitación
miro hacia fuera:
un ropavejero pasa
con su carreta inclinada.

Puedo ver
de este lado
una rueda sucia, parchada
a punto de reventar.

del otro
una reluciente, nueva
pero desinflada.

Cuánto ahí;
y solo importa esto:

Gira limpio, indolente
el eje

(canciones de la tregua I)










La madre
cose una pieza de lino
a la luz de un candil.

De rato en rato
levanta la aguja
y tensa la costura.

La aguja,
perpendicular a la tierra.

El ojo
destella veloz
con el sol que declina.

La madre tensa.

Por el ojo
-con el hilo-
pasan al otro lado
nuestras vidas

(canciones de la tregua III)










                                        A José Watanabe

Oscura perra:

¿Estos deshechos humanos,
desechos del río parco de la vida
tragas aun sin hambre, solo
por el gusto de cumplir con el dolor?
¿O más bien los vomitas a la tierra,
para espanto y pensar
de los tristes y mudos testigos
que de pie quedan todavía?
Solo existes para la imagen.
Y te piensas vínculo de ambos mundos,
fétido túnel entre luz y tinieblas

       Fiero monstruo. Serie Los desastres de la guerra.










Antes solitario que inmune a los designios de mi pueblo. Nave feroz hincando el universo de estrellas. Con los ojos brillantes, digno, viajando a lo más oscuro firmes las manos al timón. Y ello porque odiaba nuestra época: una vez ida la oscura, pensaba, cuando el tiempo de guerra y engaño se haya acabado, no encontraremos nada más que el vacío. Tenía por seguro que íbamos al tiempo más negro de este mundo. ¡Sancta simplicitas! Mañana es el desierto del hombre, el imperio del olvido, la era de la nada sin poesía, sin color y sin amor. Me hundo en la noche; antes ido que ver mis sueños cenizados

       Antoine de Saint-Exupery. “Lettre no envoyée, destinée au general X”




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