Verónica Jiménez

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De País de Hojarasca (inédito).


Este País

En medio del campo está el círculo
donde tarde por la noche
te tiendes a sopesar
los hechos del día:
la turgencia del trigo
esparcido como el fruto
de una granizada
sobre esta pequeña porción
del valle y sus entradas
en el sueño de la tierra.


Granizada de estrellas
las mismas
que ahora miras
en el cielo sembrado
de grano candeal.


(Las mieses de la Mistral)
Las mieses del señor Curipán
con el rostro enharinado
de tierra y de polvillo
llevando un cinto de villela
por cinturón.


Es una era, sí, y parece
que estuviéramos
en el siglo diecinueve
en pleno verano del 2000.


Este país se ufana
y tú en medio del campo
resarcido pero a medias
del dolor y la prisa
matutina de la trilla
(todavía se te debe
la paga de este mes).
Porque así es como
se afana y qué sería
de ellos
si no amaras cada cuadra
de la tierra
que te espera bajo los pies.


Tarde por la noche
te tiendes a repasar
los hechos del día:
la presteza del señor Curipán
que no habla en la faena
pero sueña recostado
junto al arroyo
a la espera que se seque
el pantalón sin una pizca
de prisa sin un gramo
en sus ojos de maldad.


Miríadas de recónditos
granos en el cielo
abren su cáscara
como rostros
que se parten bajo el sol.
Y el pretendido oro
que es la gracia de la espiga.


Y el mentado círculo
en el más remoto
rincón de la olla
semienterrada que atesora
este país.








Aquí hubo una revolución

La canción comenzaba al amanecer:
tibias tempestades de voz
al interior de una habitación
a oscuras en donde flameaban
las banderas de la conciencia
para decir entonces
ocurra lo que tiene que ocurrir
yo me hago cargo.


Pero luego entró un viento ajeno
y las aves se escaparon del corral.


Se hubiera visto el sol rodar
entre los muslos
como una criatura puesta de cabeza
como si el mundo estuviera del revés.


Descoyuntado amor rodó por los caminos
desenterrando las raíces del parrón.


Aquí hubo cantos y el trazado de una villa
patios de juego con senderos
semiocultos para correr
sobre la suave hojarasca de este país.



Aún llaman “cooperativa” a este
claro del bosque: así es como se traza
con palabras la realidad.








María comentaba las noticias

Que dice Reinaldo Huentequeo
Que corría de boca en boca
Que la harina estaba subiendo
de precio todas las semanas
Que había que reparar el techo
del gallinero
Que unos dirigentes sindicales
campesinos habían
desaparecido de sus casas
Que el techo de la bodeguita
también se goteaba
Que se había visto cadáveres
flotando en el río
Pilmaiquén
Que el cerco de la huerta
se estaba cayendo de podrido
Que el patrón del fundo vecino
aún no ha venido y no había
nadie a quién pedirle un anticipo
Que el serrucho apenas cortaba
Que había que trabarlo y afilarlo
Que los carabineros recorrían
los campos en las camionetas
de los dueños del fundo
Que el astil del hacha estaba
por romperse
Que había que ir al monte
a buscar palo de luma
para repararla
Que no pensaba huir
porque nunca le había hecho
mal a nadie
Que si me fuera que sería de ti
Que estará de dios que sucedan

          estas

                    cosas.








Este país te lo digo bajito

te lo cuento como en sueños
las sombras me parece
que vienen por los surcos
las ratas iban y venían
pusimos sal debajo de la lengua
algunos simplemente
se sentaron a la orilla
sacaron suero de las plantas
comieron pan sembraron
la saliva de la víspera


perdimos prenda


este país no alcanza
no dura el sueño que te cuento
se amarran los muñones
se van de canto los mástiles parados
en medio de la quinta
se pudren las manzanas
derraman lumbre las ollas
comieron pan se estrían
las cebollas con la helada
arden los pies tanto rato
andados sin descanso


son cosas como estas
las que tengo en la cabeza


se deshoja el reino del frutal
se parten las tortillas
se azufra el caldo de la cena
los chicos se demoran en la calle
cantan los grillos los demonios
bullangueros de la noche
rechina el esqueleto a la intemperie
las aves huyeron del corral


este país no te lo canto
he perdido la gracia
de entonar letras livianas
aquí no hay niños no hay
muchachas entornando los ojos
con los pies enterrados
en el berenjenal
vino una sombra y luego
otra y otra
hasta que la tierra comenzó
a desaparecer


hago un huequito con la mano
para entibiar el aire
en él voy a sembrar
voy a pintar una colina
con árboles de sombra
un olivillo un romero un castaño
y voy a dejar
que ocurra lo que tiene que ocurrir.


No habrá abismos entre mis manos
y este país.






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