Verónica Zondek

De La Siega, la enciclopedia libre.




De Por gracia de hombre (inédito).


PROGRESO

Lo sé sin traición ni documento.
Esta es mi casa y ya no es.
Hierven y suben los recuerdos de escalón en escalón
y altísimos hasta el piso 15 se pierden en la nada del cielo
gris ahora y no azul del no, ya recuerdo.
Tres peldaños con pisadas y barro en la entrada
una herradura quejumbrosa en un clavo de la puerta
y un aura que defiende el hálito familiar.
Sí, un piso cuadriculado en la cocina
un pulcro tablero y una Clorinda para el buen aseo
un pan que presto se amasa en la memoria
un horno que cuece la torta del barro infantil.
Sí, recuerdo la sombra alternada de los postigos
y el eterno recuento de líneas en desvelo
y las voces celestiales
y también las otras
esas
las que amonestan
las que invaden mi cabeza en reposo pretendido
y obligan la lectura a la luz de una linterna
para que Dios mediante no cunda el terror.
Sí, una quejumbrosa escalera recibe mis zapatos colegiales
y destapa y ondea esa independencia de pelo en pecho.
Sí, una entonces bravucona y vociferante
una hinchada en llanto y risa y nervios de principiante
una colgada como todos en el ojo del tiempo propio.

Tantos y tantos días errantes en el desierto del hogar
en ausculto concentrado en el decir de los mayores
llenando el vacío que a ratos hincha
para luego hilvanar una historia en demasía propia
inteligible, por supuesto, en un otrora tan cuerdo
y ese armario con sorpresas en el pasillo
no otra cosa que un mar antañoso con todo su oleaje
encerrado bajo una y siete llaves de cancerbero
silencio y secreto pocas veces entreabierto
baúl de piratas y cueva de duende maldito
deseando la dolencia para violarle el sello
y las albas paredes de adobe
desnudas y sin cáscara en medio de las tembladeras
y los libros que derrumban sobre la cabeza
y la invasión de maestros reparativos
y el polvo y el desorden y el silencio arrinconado
y la tremenda molestia del ajetreo.

Vanidad
sí, vanidad de la materia que acoge el recuerdo
cual cofre silente entregado a la retroexcavadora.

Progreso
frío y bello como el hielo azul de los glaciares
que pudiendo apenas y con la venia de dónde la carretera
tampoco sabe ni pregunta
y toma la sartén por el mango y entierra bajo el trueno del hacer
el bellísimo pensar y encadenado al fuego
que una vez ya nos fue arrebatado.








FUEGO

Toda la carne un fuego.
Fuego el odio y fuego el amor.
Fuego en los hornos y caer en las mientes.
Fuego para el frío, Anguita
en el cocimiento brujeril de medianoche.
¿Cómo salvar del fuego Anguita?
¿Cómo tragar el dolor entre llamas azules
en la infernal hoguera de las Inquisiciones
o en la quema de libros con Torquemada
o en aquella última,
Anguita,
cuando incendiaron libros para sofocar revoluciones?
Y ¿qué de ese otro fuego tan perfecto
ese, el amarillo de Auschwitz,
rasgando carnes tan añejas y tan tiernas
o esas otras llamas
esas, las del crematorio católico ahora a pleno pulmón?
No es por nada Anguita:
el alma, dice el Papa,
salva siempre
Anguita,
aunque tú no lo alcanzases a saber.
Y ¿qué del fuego rojo que calienta la olla común
o del fuego en los ojos de niños con sed
amuñados de tristeza en la costilla falta de terruño
refugiados en los siglos y a la espera de la espera
abandonados en tanto territorio enemigo?
O del fuego fogón sureño
mariscos todos retorciéndose en su jugo
ellos en su salsa, nosotros comiendo
y del fuego que quema la entraña
y del otro, Anguita
ese que persiste negro en la memoria
que como siempre supiste
aplasta y entorpece la vida
o esos otros
los fuegos artificiales que arden el cielo
o misma yo
quemando papeles propios para evitarte
o mi padre
que también ardió en fuego hasta el humo
marchando en huesal anodino
sobre las aguas habitadas y turbias.

¡Qué fuego ni que fuego!, Anguita.
¿Qué fuego es ese que me amaga?
¡Qué fuego Anguita, que no sofoco
ni el ardor
ni la rabia ...!








ABUELA

No erguí mis pies más allá del fantasma de tu cuerpo.
Una carne blanca sobre una blanca cama de colchón inclinado.
Baila la presencia de tu aura sobre un almohadón ajado.
Tu esqueleto es esplendoroso
y tu sonrisa o boca aplastada esconde un castañeteo constante.
Hueso antiguo con hueso antiguo pegados en la articulación.
Pendo
pendes
penderás para siempre de un deseo entero mío
y carne serás en ellos que por fuerza vendrán
en el fragor ay de estas vidas que vuelven a ser aquí y ahora
después de los despueses hambrientos de la lombriz
que huye y sin salida por el angosto túnel que le deparó el destino.

Qué ángel comunicante puedo encontrar
qué saldo a crédito para mí
abuela
abuela tan abuela de carne en mi regazo tibio
tenida por propia en ese cuarto ahora sólo blanco
y las sábanas estiradísimas para evitar la llaga
y la comida mascada mil veces en boca de pajarillo para entrar a la tuya
y la encía roja que impone cautela obligada
en el desierto sin sombras que es el silencio de tu boca
porque aunque las palabras se te escondieron para siempre
sé que gritas
y porque también el ojo te huye como un criminal a la justicia
es que no hay tropiezo que valga ante esa luz que escapa a los otros
y tus oídos dormidos escuchan, por qué no, el zumbido de las moscas
y las palabras solícitas e inútiles con las que te envuelven el día
porque intocable princesa
al fin habitas tu isla querida
y eres
la más importante.

Carcasa y capullo vacío
a la deriva sobre un tablón que te sostiene el aire
que aquí en tu cuerpo ya no estás ni volverás,
ni tus hombros serán bajo la mañanita vaporosa y tejida
y aunque ausente y capitana en desuso
veo en tu puño derecho y apretado
la rabia latiendo por derrumbar al primer impertinente
y nada en el aire
y nada en la nada
y locuras de pequeñas vueltas
porque bien viviste desencajada
en otro lado
con el pie en el silencio y presto en el vano de tu puerta
por si imperioso fuese armar una maleta.

Y escucho tu palabra silente:
aunque me nieguen las veces que me nieguen
hablo la lengua
soy la lengua
y me orgullo del culto
porque hice a una que hizo a dos que hicieron a siete
y a todos conocí.








MARINA T.

Ese tu ronco que pensé para mí
bosque y verdejo
se me huye espléndido entrando en la incógnita
y conozco en el pozo azulado de tu boca
al rosado brote que te puja por nacer.
Es tan tu tan cansada piel, Marina T.
que si abro la palabra al alarido de tu duenda salvaje
no soy sino enjambre atrapado
entre la tiritera de fríos sudorosos que teje el aire.
Marina T., te marino yo en tu calvario
y te limpio del moquillo la tristeza de los barrancos
que cual collar de perlas sin cultivo
cuelga lo tuyo una vez y antaño
en un hilado de cuentas también rosario de tu historia.
Cada horror una chispa que hiere el ojo
un lamento
un verso con sangre en la pluma
por si acaso
por si alguien no cree en tu delicado trazo
como si feliz no pudiese ser la desgracia
como si escrito no estuviese que el camino no se elige
aunque se vea
ya sabes
con hueso y mano
y abisal en suspiros y temblor.
¿Qué sé yo de ese vasto paular que te embadurna
de tu libreta de sombras para ser leídas
y de tu Rilke y tu Pasternak y tu Ajmatova
y de la traición de tus hombres
y de la marea de hijos en el horizonte trisado
navegando tú y sin fin la tormenta de las apariciones?
Fantasmas, Marina T., fantasmas
entre tanta rama torcida y tronco milenario.
Tú, que sólo quisiste enterrar los pies en fértil limo
volar lejos y a horcajadas sobre algún verso predilecto
ayer del aire desciendes una y otra vez
y bebes los jugos infestos del bicherío
que hoy sorbo de tus manos para mi sacio.
Grito y sepultura por siempre
cristalina impertérrita entre las aguas
dulce hora dulce, húmeda y salada
austero cántico y penetrante
hielos aguijonados del recuerdo.
Recojo tu misterio y voy por la lectura de tus páginas
porque en ellas veo a tu cuerpo amortajado en vida
y al muñón de tu aire en pena agazapado en los rincones.

Letra tu patria
Marina T.
y una dulzura de infancia
en tus ojos entierrados en abismo.








DESPUÉS DE LA DESTRUCCION (oración sin salida)
                                                  a la lucidez de Sebald y Carl Amery

Usted el encamisado de plancha y colleras en el puño
¿escuchó del miedo el gorjeo?
¿Palpó su garra en la cicatriz hundida del origen?
Sí, usted
el complaciente y bonito para comer
¿escuchó el llanto del misterioso violín
el grito de la sirena en el sótano blindado
el claror repentino de la noche
y a la nombrada u omitida multitud
que se clava y jadea en la modernidad post que todo lo traga?
¿Vio el portento de los avisos publicitarios
y las plazas y los monumentos y los niños al desfile
y los humanos de ojo díscolo que pululan desquiciados?
Y a los otros, esos que se parecen tanto a Ud.
que fetales dan diente contra diente
e imposibles moquean la pérdida cierta
sujetos con uñas al ido gesto de la voz
en quizás qué refugio anti-aéreo a la buena de Dios
o ya en la común fosa de los obedientes con afiliación, ¿vio?
Sí, usted
que se supo el más mejor de todos los ‘bárbaros’ invasores
sin omisión excepto la necesaria para la máquina
y con derechos sobre cualquier ‘humanoide’ no inscrito
digamos sin olvido que eres el mismo embadurnado
el que sin querer queriendo y a manos llenas
encuentra por fin la Fuente del Dorado en el continente ‘culto’
en las pilas de zapatos y cordones y botas variopintas
en los pelos por montón y de todos los colores
en la humana grasa para la industria del jabón perfumado
y en las tersas pieles para la confección de pantallas
y en las tantas y áureas tapaduras dentales
y en los cuerpos aún vivos para la ciencia
y la re-venta de europea ropa usada
no americana todavía
y en la carne en descomposición para el abono
y en la alcalina ceniza
y para qué
para qué sigo con este inventario retorcido
ahora que él vaga por la ciudad suya descalzo
y patea escombros en Hamburgo
porque los aliados también nacen ‘bárbaros’
y se vengan poderosos sobre los poblados
sobre los por venir que nunca sabrán por qué
Hiroshima en la retina
Nagazaqui
Irán
Africa entera
y los campamentos palestinos
y las fabelas y Chiapas y Haití y la ex-Yugoslavia
y posible es comer de los pudrideros arrebatados a las ratas
y de los descompuestos que hacen cantar azul al moscardón.

¿Existe otra cosa entre nosotros?

Nada.
Usted dirá nada.

Borrón y cuenta nueva.

Imposibilidad del habla tras el acatamiento de órdenes a destajo
de tanto monosílabo desperdigado en el aire e incrustado en los hombres
y siglas
y certezas en lenguas que perdieron hondura y pliegues
tras obedecer al mando unívoco y altisonante.
Es por eso que múltiple el balbuceo de las escorias que salvaron dientes
y que sin patria ahora ni polvo de muertos en la tierra
rastrean sin tregua el refugio en el vientre de la puta lengua que los parió
madre y padre, libros, guerras e himno nacional
todos
una lengua a secas
un destino inevitable
un lugar sin lugar conocido
dicen
porque el habla es aire
escriben
y aúllan decir en medio de la selva brillante hoy en venta
vagando entre esos cuerpos perfectos y obedientes al mercadeo
solos o en masa
en suspicacia uno del otro
que vuelven a ostentar el báculo en la mano del ególatra
que en silencio dice
quién muere y quien vive
quién es el miserable y quién el perfecto
quién el bueno y quién el malo
cuál ADN salvamos esta vez y cual tiramos a la cloaca
y así
muchos tiempos despueses de entonces
hoy
es posible verte y palpar tu genio
escuchar solapada tu risa desde la ultratumba
Big Brother, Fûhrer, Gran Dictador
que lenta
como la niebla sobre el agua
esparce su vaho a ras de tierra y avanza sobre lo inmenso.

Así
es una ausencia la que se impone.
Un habla que da pasos sin rumbo por la bruma
viejos con sacos a la espalda y niños desquiciados sin rumbo
y memorias grabadas en cabezas locas de atar.
Así el asunto Señor
dígame
cuál
qué ...

a no ser que a esos el recuerdo los ponga de pie
mientras otros arrullan sus rosadas carnes en ungûentos de olvido
y se construyen a mera punta de esplendor y espejismo
y se calcan y vuelven a calcar autistas
tan ciertos de su perfección y verdad
asidos para siempre a su cara de cordero degollado
no yo, no yo, no yo ....


¿Quién es hoy el mastín superior?
¿Cómo hacemos para no obedecer?
¿Amén o amen?
¿Hablar o morder?
Respiración.
Sístole y diástole
y entintemos la pluma salvaje.






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