Victoria Guerrero

De La Siega, la enciclopedia libre.

1. el azar

Esposo No pude ver la muerte

Un trágico ulular de sirenas
Me llevó a un punto de ceguera ridículo
La ridiculez de mi alma se extendía
                           Como el fango en una larga noche de triste llovizna

¿No es esta música la que esperas?
Estoy espantada de esta fiesta subterránea
                                                      que nos hace poguear a fuerza

Tiro un dado
                           y subvivo
                                                      regateo en el Hymarket
o me escabullo en el Mercado Central

El azar ha quedado abolido entonces
a pesar del trágico ulular de ambulancias inútiles

¿Qué espero de todas estas lecturas
sino es que me hablen de un estúpido amor?
A este punto de ridículo he llegado andando por estas ciudades                                                                               en maniático equilibrio
                                                                                               con un pie
                                                                                               delante de
                                                                                               otro
mirando a todos lados para evitar el hurto
en una ciudad como ésta y su amarga Fundación

                                  15 de enero de 1535

       Ese día empezó toda nuestra tragedia
− repite mi padre
       Mala estrella con la que convivo día a día



(Del libro inédito Lavidanueva, 2006)









                                        Hoy día viajo en los aviones
y ya no me conmueve que la única forma de encontrarme en mí
          sea en ellos

El panorama desde aquí es enternecedor
si te pones a pensar en todas las bombas
que explotan allí abajo
y en los niños salvajes que gritan
su inocencia sin pudor

Hoy este paisaje es mi corazón
y el porvenir es sólo una aventura

Viajo sin dinero
mi salud es precaria
pero mi espíritu es fuerte
como una explosión en la noche
Hoy soy una antorcha
un gran halo de fuego y llanto
No lamento mis lágrimas
porque son hermosas y sacian mi sed que es infinita

Los aviones son estrellas luminosas
esta noche
Torpes pájaros de luces multicolores
Quisiera que el despegue fuese más atrevido
como una sonrisa que te mira a los ojos
sin pestañear

Hoy es uno de esos viajes
en que el cuerpo viaja hecho polvo
y los recuerdos aparecen una y otra vez
a golpearte el rostro
y te vas quedando dormida
porque la nostalgia es grande
y las imágenes de ti centellean detrás de cualquier nube

Y te duermes
y los aviones no existen
sino sólo madres
que te arrullan en una noche de altos fuegos





carta a mi padre

nunca será este un espacio iluminado para nosotros

tu dijiste que nos llevarías lejos donde nadie nos encontrase todo es falso
                    siempre nos encontrarán
no hay forma de volverse invisible
al menos no para el que busca

el gran viaje desde Cajamarca
          (dicen que el Inca tenía harto oro por allá)
ya no queda nada de todo eso
ni el viaje ni la esperanza
hoy me dices que tu vida no es lo que esperabas
hoy yo ni siquiera puedo contrariarte


padre
hoy te he visto en el paradero de autobuses
con el corazón hecho pedazos
y tu terno del trabajo
y he odiado a todos esos burgueses
que te alejan de mí más de cuarenta horas a la
semana

¿qué puedo esperar de la literatura?
la escritura jamás me ha sanado
                              sigo enferma
                                        quizá esté mucho más enferma que antes

papá
toda escritura es inútil como es inútil intentar escapar de los muertos
el mundo pretende que olvidemos todo
hemos de resistir





la línea naranja (city of Boston)

ningún tren tendrá la parada que deseo
todas las estaciones están marcadas por otros
no existen estaciones marcadas por ti

la siguiente estación es chinatown
          (suenan las campanillas del tren y se abren las puertas
la muchedumbre –asiática y negra en su mayoría- ocupa todo el espacio)
yo camino por el mercado central
kik me lleva al restorán La buena muerte allí como hasta hartarme
          -podré entonces morir en paz

barrios altos
mi tía la monjita me lleva donde los padres benedictinos para ver los frescos de la capilla

allí hay un moridero
                                        hiv
                              ese sí es un stop marcado por la vida

el tren es una inmensa naranja posee el color del sol de un sol inmenso en medio del verano cuando se oculta a las 8 de la noche

me estremece vivir por tantas horas

la campanilla sigue sonando
pongo mi pie en la puerta impido que se cierre completamente
el hermoso tren del sol quema sobre nosotros alto alto
ahora es una linda llamarada que alumbra nuestras cabezas
yo estoy parada frente a la puerta con mi uniforme de colegio:
mi blusa blanca y mi falda ploma
voy corriendo por el acantilado de la mano de mi abuelo
para comer un helado contemplando la espuma blanca del mar
esa es mi parada
ese es mi camino
allí no hay jefes de trenes ni vigilantes que me impidan bajar donde yo quiera

cuán alto es el tren del sol

y por la tarde voy a llegar al zoo de la mano de kik
y voy a escribir un poema sobre el leopardo de las nieves
un poema trágico por supuesto
porque todo encierro lo es
                    menos el de regresar a la placenta afiebrada de mi madre

oh cuanto extraño el comienzo de todo
donde los trenes regresan para dormir su viaje
          y yo vuelvo sobre mí para cerrar los ojos un instante

(Inéditos, 2005-2006)









la ciudad del reciclaje
(por estos días)

con el corazón hecho trizas atravieso un puente
una superficie metálica incapaz de corromperse
abajo
se asoma un río inmenso
                                        gélido
un hermoso espejo azul que cobija a sus muertos:
tres punks
un profesor universitario
una mujer desconocida (siempre lo somos)

                                        flotan sobre sus aguas
yo les llamo mis ofelias postmodernas en la ciudad del reciclaje
(do not recycling is illegal –dijo la dueña de casa
y enseguida me puse a separar las astillas de mi corazón)

nadie diría que esos cuerpos me atraen
y sin embargo
una parte de mí se inclina hacia ese lado
desde donde se mira el vacío como recuerdo de una infancia feliz
                    las aguas me esperan
                         y me acobardo

tiro del otro lado
no menos incierto
por donde las luces de los autos se devoran
                    unas tras otras
                    unas tras otras
y mi cuerpo quedaría engullido tragado por ellas
          una desnudez de espanto
―me digo
y otra vez
              me acobardo

al otro lado del puente (el principio o el fin poco importa)
un río menos brillante cruza bajo mis pies
el rímac se eleva sobre mi memoria como lo que es:
un lecho oscuro que opaca nuestra miseria
y sin embargo
ese lecho de barro hostil tal vez alguna vez fue bueno
y meció entre sus garras tiernas
a mis abuelos
a mi padre
a mi madre
a mi hermana
a la pequeña luz maría
                              o a mí
sudaca cuya sombra se refleja en un hermoso río pálido
dispuesto a quebrarse a la primera bocanada de luz
o al chillido de otro cuerpo (el splash de la muerte)
─como todos estos─
heridos de inocencia
                    en la ciudad del reciclaje
cuyos puentes jamás se quiebran





continua escasez de agua en todo el territorio nacional
1980-2004

a través de una vela observo mi cuerpo
todavía soy demasiado joven
ignoro si mi cuerpo está completo pero sé que es incapaz
de expulsar sangre negruzca y maloliente todos los meses

el primer doctor avanza sobre mí
se ha cubierto la mano derecha con un guante de goma
lo veo venir hacia mí con su sonrisa despreciable
hunde sus dedos poco a poco y luego toda su mano
su gran mano de acero
ante los ojos de mi madre

¿es este un espacio sólo posible para la medicina?
el amor esta prohibido por el momento

el segundo toma un artefacto pequeño entre sus dedos
no dolerá no dolerá
tendida en una camilla entreabro mis piernas
algo raspa en un segundo
la desvergüenza me acompaña
pero otra vez no hay menstruación
                                        sino solo pestilencia

bendito carnicero heme aquí otra vez
imaginando el adentro totalmente abatido y ronco
atravesando mi propia oquedad
HE CRECIDO SABIENDO LO QUE SE PUDRE
pero he cerrado mis ojos he apagado el fuego entre mis dedos
                                                  con mi baba pegajosa
para que doliese menos

bendito carnicero
mi ombligo no conduce a ningún lugar luminoso y risueño
sino a un espacio árido inconcluso
a un lugar de fusilamientos
sobre el que me doblo algunas noches atrapada
                                                  por el dolor

¿podré quemarlo todo con esta vela
incluso el amor
soplar sus cenizas?

los intestinos son dos serpientes tornasoladas
que se enroscan sobre sí mismas
y no saben nada de lo de fuera
no conocen la crueldad del espejo ni la luz del día
ni la falta de agua ni la continua explosión callejera
pero la mano del carnicero la presienten
y el cuchillo que levemente se agita al lado para rasgar
lo interior

carniceros doctores héroes nuestros
EL AMOR SE HA PERDIDO
y ya no hay tiempo
─digo
no hay tiempo
para refregarse las patas o las manos
bajo el agua turbia

          SIN ENFERMAR


(De Ya nadie incendia el mundo. Estruendo mudo, 2005)









contemplación

el ojo de una rata me observa
su único ojo rojo me mira
y yo miro la oquedad de su ojo izquierdo
por ese hoyo tal vez se pudiesen entrever
otros mares de arena otras orillas
como la primera orilla de la que partí:
en el ojo de fuego de mi madre
entonces todo volvería a arder
el agua el ojo el fuego
y mi cuerpo se diluiría en arroyuelos y ríos sin fin
pero esa oquedad no existe
sólo mi miedo y el ojo solitario de la rata
que ejerce su dominio sobre mis ojos
que son dos ojos pequeños y miopes
por los cuales ella me observa:
ahogar los abrazos en una parada de autobús
reposar la cabeza sobre el ombligo de mi esposo

ahora el viento es suave
y las hojas suben al cielo
desde donde una pequeña ave de rapiña
desafía al sol
y nos contempla





porvenir

he viajado toda la noche
hacia un país cuya lengua desconozco
y se han abierto profundas heridas en el seno de mi madre

estoy amargada
contrita rezo en el pabellón de los condenados
mientras el invierno me envuelve

esposo mira
la oscura edad de dios se ha abierto ante mis ojos
he puesto sal en mis párpados
porque la luz del futuro me cegaba

la sangre que ha caído de mis ojos
ha quebrado el invierno
la he saboreado con el filo de mi lengua
y he temblado al sentir mi propio ardor
como en otro tiempo el ardor de la palabra
que se astillaba en nuestros labios

amor mío
hunde tus dedos torcidos en mis ojos de cera
recuesta mi rostro ensangrentado
bajo la lengua de un animal sediento

quiebra tu también el invierno
pues sobre mi cuerpo
he dejado hartas huellas
de este inmenso dolor


(De El mar ese oscuro porvenir. Santo oficio editores, 2002)

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